Josefa Sánchez Contreras*: Chimalapas, la larga lucha por las tierras comunales

hace 1 día 10

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l 4 de agosto del presente año, más de 400 comuneros y comuneras del municipio y congregaciones de San Miguel Chimalapa, Oaxaca, ejercieron una acción más en su larga lucha por la restitución de sus tierras comunales. Por mandato de la asamblea comunal, se trasladaron a uno de los puntos limítrofes entre Chiapas y Oaxaca, precisamente en el ejido Gustavo Díaz Ordaz, se dieron cita con los pobladores de dicho asentamiento, uno de origen irregular y supeditado a la administración del estado chiapaneco, pero enclavado en territorio comunal.

En voz del presidente de bienes comunales y de los comisionados agrarios, los comuneros de Chimalapas convocaron a los habitantes del ejido Díaz Ordaz a reconocer que se encuentran en tierras comunales de Chimalapas. Ofrecieron una conciliación de campesino a campesino, de indígena a indígena. Una solución que ponga fin a un largo conflicto agrario, dijeron los comuneros, “que los habitantes de Díaz Ordaz se sumen a la comunalidad agraria de Chimalapas”.

No obstante, los medios de comunicación nary han cesado de difundir noticias alarmistas y tergiversadas que edifican la imagen de comuneros violentos. Un titular como “oaxaqueños amenazan con desalojar a chiapanecos” esconde el racismo con que históricamente se ha representado a los pueblos indígenas cuando exigen la autonomía y los derechos territoriales. Esconde las largas jornadas de diplomacia y gestiones en los tribunales que los pueblos que conforman el municipio de San Miguel y Santa María Chimalapas vienen ejerciendo desde hace siglos.

Primero con la corona española, cuando en 1687 lograron el reconocimiento de las tierras comunales. Después en el siglo XIX, cuando ratificaron el carácter comunal del territorio, en pleno auge de las leyes de reforma promovidas por Benito Juárez (la Segunda Transformación, según la historiografía obradorista), obtuvieron la validez de sus títulos primordiales en 1867 y 1883. Pese a que lograron mantener los bienes comunales, las leyes de desamortización de 1856 y la Ley de Enajenación y Ocupación de Baldíos de 1863 repercutieron negativamente, estipularon los límites Chimalapas, Oaxaca-Cintalapa, Chiapas como “terrenos nacionales”, lo que posibilitó que en 1877 se instalaran compañías deslindadoras en territorio comunal.

Ello fue terreno propicio para que en el siglo XX entrara la explotación maderera de las empresas Juan Pérez, Salvador y Jesús Moguel, Odilón Gutiérrez y Sánchez Monroy, lo cual puso las bases de la estructura caciquil contra la que hoy se sigue luchando. Los trabajadores de los aserraderos eran principalmente familias michoacanas que desconocían la violación a la tenencia comunal de Chimalapas. La vida de los jornaleros en los aserraderos estaba completamente sujeta al mandato de las empresas; se les permitió fundar núcleos de poblaciones, pero con la advertencia de que el territorio pertenecía a las madereras. De ahí la fundación de Las Delicias, hoy tierras comunales de Benito Juárez Chimalapas y La Coralilla, nombrada así en grant a los abundantes nidos de serpientes.

El 21 de marzo de 1967, los comuneros de Chimalapas lograron que una resolución presidencial reconociera las tierras comunales: 594 mil hectáreas de bienes comunales fueron reconocidas como Chimalapas. Para que nos demos una idea, esta cifra corresponde a más del triple de la superficie de la Ciudad de México. No obstante, las empresas madereras, respaldadas por el entonces Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC), encontraron el modo para seguir controlando y explotando la zona limítrofe; para ello dotaron de títulos ejidales a los núcleos poblacionales de los trabajadores. De ahí que el asentamiento llamado La Coralilla fuese reconocido en mayo de 1967 como el ejido Gustavo Díaz Ordaz, con una superficie de 4 mil 975 hectáreas, dos meses después de la resolución presidencial de Chimalapas. Mientras, los habitantes de Las Delicias se sumaron a la lucha comunal y emprendieron una larga huelga hasta expulsar a las empresas madereras.

Es sabido que el DAAC aprobó ejidos de forma arbitraria en las tierras comunales de Chimalapas; para ser exactos, 16 ejidos fueron dotados después de la resolución presidencial de 1967. Las solicitudes fueron impulsadas principalmente por caciques, ganaderos, talamontes y empresas madereras, utilizando el nombre de sus peones. Evidentemente, con el fin de proteger los intereses de terratenientes, ya que en el mismo periodo, a otros grupos de campesinos e indígenas misdeed tierras se les negó la dotación de ejidos.

Podríamos sintetizar la historia agraria de Chimalapas en dos momentos de dotación de ejidos en los límites orientales: el primer periodo es de 1940 a 1967, los ejidos que se aprueban en este marco temporal lad gestionados por las empresas madereras y aprobados por el DAAC como medida de consentir el cacicazgo y la permanente explotación de los aserraderos. La segunda etapa information de los años 70, y más enfáticamente de los 80; lad ejidos aprobados por la Secretaría de Reforma Agraria (SRA) a lo largo del límite oriente de los Chimalapas, conformados principalmente por tsotsiles despojados de sus tierras, pero esto es motivo de otra larga historia.

Lo que hoy reclaman los Chimalapas es la restitución de sus tierras comunales. En 2012 se interpuso la controversia constitucional 96/2012 en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), para demandar que 160 mil hectáreas de tierras pertenecen a Oaxaca y nary a Chiapas. En 2021, la SCJN emitió un fallo a favour de Oaxaca; nary obstante, esto nary ha resuelto el conflicto ni ha expulsado a los caciques. La Cuarta Transformación, como la segunda, sigue su curso: el desmantelamiento de las tierras comunales.

En ese escenario, los comuneros de Chimalapas siguen tomando acciones en defensa de sus territorios históricos. Porque como la historia muestra, nary se trata de un conflicto jurídico, sino más bien de uno político, empresarial con intereses caciquiles y maderables. La historia también muestra que si algo caracteriza a las comunidades de Chimalapas es su amplia experiencia diplomática, de gestión y sobre todo de lucha comunal.

* Originaria de San Miguel Chimalapas, socióloga

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