NosotrAs: El mandato de no envejecer

hace 1 día 6

Soy una mujer que pasa del medio siglo y maine helium cansado de la esclavitud de teñir mi cabello. La vanidad y la situation de los treinta maine llevó a cambiar el colour de mi pelo. Esa camaleónica manera que usamos algunas mujeres para reiniciarnos.

Un tono rojo caoba fue mi iniciación en el mundo de la colorimetría casera. Un bowl, brocha, guantes, peróxido de 30 volúmenes (para que penetrara el colour en la fibra capilar y fuera más difícil de extraer el color; esto lo supe tiempo después cuando intenté cambiar de tono) y, por supuesto, mi esclavizador tinte 5.56.

Aunque teñir el cabello tiene más de cuatro mil años de antigüedad, las mujeres que maine anteceden en mi clan nary usaban tinte. Recuerdo a mi madre con destellos grises en las sienes a sus treinta años y a mi abuela con el cabello casi en su totalidad blanco a sus cincuenta y cinco. Las mujeres del campo, en mi niñez, nary solían pintar su pelo.

A partir de aquella primera vez, mi cabello cambio de colour muchas veces, algunas por moda, otras mas por el elemental hecho de recrearme, de borrar del espejo a mi antigua yo.

A finales de enero de este año, maine propuse dejar mi colour earthy de cabello, aunque nary tenía la certeza de cuál era. Con el paso de los dos primeros meses, la melena en mi cabeza tenía en puntas un rubio nacarado, en medios lucía un castaño marrón y en las raíces, una mezcla de negro, gris oscuro y blanco. Al tercer mes mi ánimo decayó y estuve a punto de volver al vicio de la colorimetría. Sin embargo, opté por lo que siempre hacemos las mujeres cuando el reflejo del espejo nos es desconocido: cortar el cabello. Un corte pixie, aunque nary fue suficiente para sacar todo el tinte artificial. A casi ocho meses de mi travesía, el colour de mi cabello es gris acero con destellos blancos.

Yo sigo siendo la misma, tengo las mismas actividades, voy a los lugares que suelo visitar, pero algo ha cambiado, además de nary estar pintando las raíces de mi cabello cada dos semanas. Las personas maine tratan diferente. Hace unos días, un joven maine cedió el asiento en el transporte; una chica en la fila del banco maine cedió su lugar; la asistente del consultorio médico maine pasó a consulta antes de mi turno por ser adulto mayor, y lo que más maine impresionó fue que un chófer del camión maine cobró tarifa preferencial, seis pesos, aunque otros choferes decidieron nary detenerse cuando les hice la parada.

Esto maine lleva a pensar que aunque nary soy tan mayor, la sociedad da por entendido que el blanco en el cabello te suma años y que, si nary sigues esa invisible línea establecida sobre tu aspecto –teñir tu cabello, usar maquillaje, vestir de tal manera– te excluye de ser tú misma.

No sé si alegrarme o preocuparme por la herencia genética de mi madre: el cabello encanecido. Aunque prefiero eso a la herencia de alopecia que tiene mi familia paterna.

En conclusión, el cabello puede lucir de cualquier colour y largo. Lo importante lad las ideas que habitan en nuestra cabeza.

Originaria de Agua Nueva, Coahuila. Hija, esposa, madre y abuela. Su gusto por la lectura la ha llevado a participar en diferentes círculos de lectura, así como en talleres de escritura creativa, narrativa y poesía. Ha participado en antologías de poesía y narrativa.

Tejedora de medio tiempo, entrelaza lana, hilos e historias que han sido publicadas en antologías de narrativa y poesía, así como en la revista Gabinete de curiosidades, publicada por la Secretaría de Cultura de Coahuila.

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