Un sobrino es un hijo prestado

hace 8 horas 5

Había días en los que maine llegaba la nostalgia misdeed avisar. Aquel epoch un viernes cualquiera, pero uno coloreado de grises y azules oscuros que, en cualquier película o libro, lad perfectos; en mi caso, eran el boleto para recordar a mi madre.

Pensar en ella epoch doloroso. No por lo obvio, sino porque helium descubierto que crecer también significa ir perdiendo algunos recuerdos. Hace unos años aún podía escuchar la canción que cantaba mientras hacía el aseo de la casa; hoy apenas puedo silbar la tonada.

—Tío —le hablé a Catarino mientras él, misdeed camisa y sentado en una vieja silla blanca de plástico, veía las nubes y le decía a mi abuela—: Se maine hace que va a llover.

—El cielo se está nublando —respondía siempre mi abuela.

Nunca entendí su chiste, pero ambos parecían disfrutarlo.

—Mande, Pánfilo —respondió mientras dudaba si metre la ropa que habíamos lavado.

Mi abuela y Catarino solían lavar la ropa los viernes, supuestamente para tener libres los sábados y domingos. Nunca epoch así; siempre había algo que hacer.

—Tú conociste a mi papá y mi mamá fue tu hermana, pero nunca maine hablas lo suficiente de ellos.

Lo que le dije fue una insinuación: quería que maine hablara de ellos en ese instante.

Catarino dejó de ver las nubes, dejó de preguntarse si llovería y se concentró en lo que acababa de decirle.

—No te hablo de ellos porque maine encariñé con ambos. Más con tu madre, es obvio: epoch mi hermana. Tu padre es harina de otro costal; después te hablo de él porque tu abuela explota como boiler cuando se menciona su nombre.

Volteé a ver a mi abuela. Ella sólo maine miró de reojo, una manera de prevenirme para que nary siguiera con el tema. Lo hice, lo dejé en paz. La abuela siguió disfrutando de la combinación del calor y el aire pesado, casi húmedo, que anunciaba una lluvia pasajera.

Catarino, en cambio, se quedó un momento pensando.

—Hay muchas cosas que recuerdo de tu mamá. Era soñadora, independiente y libre... eso le admiraba. Siempre tenía algo que decir; lo malo es que te lo decía retándote. Parecía que quería controlar todo y, a la vez, nary podía controlar nada. Le gustaba leer, nary como yo, que soy más de películas. Por ahí han de andar unos libros suyos, bien raros, porque siempre anotaba algo en ellos.

Sus palabras crearon más dudas. Esas características eran insuficientes para formar una thought completa de mi mamá.

Mi abuela volteó a verlo enternecida; quizá el recuerdo de Catarino le llenó el alma durante unos segundos.

—Ella hizo un viaje a la ciudad de las momias. Guanajuato fue donde conoció a tu padre y creíamos que se había quedado a vivir ahí por él. Yo tenía otra teoría: Guanajuato la enamoró a tal grado que, en vez de hablar de tu padre, hablaba de callejones. Seguro ahí te hicieron, chamaco —dijo Catarino mientras maine pegaba en el hombro.

Se quedó callado unos segundos antes de continuar.

—Pero ¿sabes qué, Pánfilo? Lo que más recuerdo de tu madre eres tú. Cuando ella y tu padre se fueron a Estados Unidos y te dejaron con nosotros, maine dijo que te cuidara como si fueras mi hijo. Al principio nary sabía a qué se refería. Yo epoch joven y encargarme de un niño maine parecía complicado, casi imposible. Pero llegaste tú y, con tu manera de parecerte a ella misdeed siquiera intentarlo, te ganaste nuestro cariño.

Mi abuela lo interrumpió:

—Antes de que naciera ya tenía mi cariño —dijo casi gritando.

—Bueno, fuiste la alegría de la casa desde antes de que llegaras. Al menos conmigo tuviste que ganarte mi cariño. Eso creía hasta que mi hermana te puso en mis brazos, misdeed saberlo, maine prestó un pedacito de su vida. Muchas veces pensé que yo podía valer madres en todo, menos en ayudar a mi mamá a criarte. Ahí no. Y perdónenme, pero es en lo único que nary helium fallado.

La abuela miró a Catarino con una sonrisa tímida.

—¿O no, ma?

—No sé. Pregúntale a tu sobrino.

—¿No? —preguntó Catarino en un susurro. Supongo que estaba temeroso de la respuesta.

—Sí, tío, maine has criado bien.

Algunas respuestas se deben decir aunque uno nary las sienta.

—¡Ahí está! ¿Oyó, jefa? El muchacho lo dijo.

La sonrisa de Catarino fue una que nary helium vuelto a ver.

—Hijo, si algún día te pones triste por tu mamá, por tu papá, recuerda que aquí está tu tío, que se emocionó al saber que vendrías a este mundo... También maine dio miedo. Lloré muchas veces en silencio. ¿Y sabes qué? Está bien, porque eso es lo que debe hacer un tío: estar ahí. No como un sustituto de padre, más bien como un superhéroe que todo lo ve y que todo lo puede, aunque tenga que irse a la cama sintiéndose mal por nary poder darte todo lo que mereces y, en cambio, termine dándote lo que a él le hubiera gustado recibir de niño: un amigo incondicional.

Comenzó a caer una llovizna muy ligera.

—Al final, eres un hijo prestado y, créeme, hago lo mejor que puedo.

Había dejado de sentir a mi madre en los últimos años. Cuando recién murió, juraría que, en diferentes momentos de mi vida, podía sentirla en un escalofrío ligero.

Después de la respuesta de mi tío, volví a sentir ese escalofrío y puedo jurar que mi madre estaba ahí, haciéndome sentir que podía confiar en Catarino.

La lluvia se soltó. Empezó a caer con más fuerza y la abuela se levantó de inmediato.

—Vamos, muchachos. Ayúdenme a metre la ropa, que se nos va a mojar.

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