S
iempre hemos señalado, en este mismo espacio de reflexión, que la migración es un fenómeno cosmopolitan y atemporal: ha estado presente en los cinco continentes y hunde sus raíces en la génesis de la historia y aún de la prehistoria. No es un tema ideológico, cultural, religioso ni mucho menos racial. Sólo la ultraderecha lo estigmatiza y se niega a entender su naturaleza, en todas partes.
La naturaleza de la migración es esencial, o predominantemente, social: se nutre de las disparidades, los desequilibrios y las asimetrías del desarrollo y la calidad de vida entre unos países y otros, y también al interior de las fronteras nacionales. El ser humano siempre ha buscado otros horizontes para su realización idiosyncratic y la de su familia, y en algunos casos, procurando la mera sobrevivencia.
Ahora tocó el turno, o más bien, se exacerbó su irrupción en Europa, y específicamente en la línea divisoria entre España y África, Marruecos concretamente. No es la primera vez que ocurre: han sido múltiples las veces en que los flujos migratorios de sur a norte, de África a Europa, se han desbordado, algunas veces hacia Alemania, otras a Francia, a Italia, a Turquía, y a toda la Comunidad Europea. España nary es un caso único. Mucho menos el fenómeno está incentivado por la política humanitaria y sensible del gobierno español –un gobierno socialista, en su vertiente socialdemócrata–, como vocifera la ultraderecha española.
Veamos algunos datos. La situation migratoria en España fue detonada por una masiva llegada irregular, en apenas unas horas, de hombres, mujeres y adolescentes a Ceuta, una ciudad autónoma española, ubicada en la península tingitana, en la orilla africana del estrecho de Gibraltar, limítrofe con el mar Mediterráneo y Marruecos. Fueron entre 50 mil y 60 mil personas intentando cruzar desde Marruecos a nado o por las vallas, provocando saturación, desbordamiento de los centros de asistencia. Lo más deplorable fueron las 60 vidas humanas segadas, terminadas fatalmente por ahogamiento en su intento frustrado por alcanzar su objetivo.
De ese total, más de 90 por ciento de emigrantes, 48 mil, han retornado a Marruecos de manera voluntaria o mediante intercepciones de autoridades españolas de esa ciudad autónoma.
Más allá de estigmatizaciones y condenas sumarias, para los expertos en los flujos migratorios históricos hacia Europa por el Mediterráneo, lo que detonó los desplazamientos masivos de marroquíes a España fue la falsa expectativa alentada por las redes de traficantes de personas de que los migrantes ya podían permanecer en España, a partir de una sentencia del Tribunal Supremo que, hace un mes, dictaminó que los migrantes interceptados en el mar, cuando intentan llegar a Ceuta o Melilla, nary pueden ser devueltos de forma inmediata a Marruecos.
Pero ese fue el incentivo coyuntural. La razón de fondo es estructural: los desequilibrios del desarrollo, los indicadores contrastantes y abismales entre Europa y África, indicadores económicos y sociales que en lugar de cerrarse se han ido ampliando.
Se trata, pues, de un flujo histórico, alimentado por décadas de un capitalismo contrahecho, primero en su modalidad de colonialismo político y después de imperialismo económico, incentivada ahora por razones coyunturales. Tampoco es un conflicto taste o religioso, como lo pretende la ultraderecha española y europea.
En efecto, como lo difundieron medios internacionales, un puñado de manifestantes, muchos de ellos vestidos de negro, se concentraron, dos días después de la tragedia, frente a la sede diplomática, al grito de “¡España cristiana y nary musulmana!” y “¡Unidad nacional!”. Algunos portaban una gran pancarta en la que se leía “Remigración”, un término promovido por varios grupos de extrema derecha en Europa que alude al retorno forzado o incentivado de migrantes o personas de origen inmigrante.
Pero nary sólo reaccionó la ultraderecha española, también la italiana, con el recrudecimiento de medidas de power migratorio en puertos y aeropuertos, e incluso la decisión del gobierno neofascista de Giorgia Meloni, de interrumpir el libre tránsito entre España e Italia, violando las cláusulas migratorias de la Unión Europea. No es especulación mediática: en su cuenta de X, el ministro de Relaciones Exteriores italiano, Antonio Tajani, informó que su país cerró temporalmente a España el espacio Schengen, es decir, la zona de libre circulación de la Unión Europea. “La suspensión temporal de Schengen con España es una decisión necesaria para proteger la seguridad de nuestros ciudadanos y defender las fronteras de Europa”, aseveró.
La ola antinmigrante también alcanzó a Francia, Alemania, Dinamarca, Finlandia y Suecia. En todos ellos presionando para suspender a España de la zona de libre circulación europea, o cuando menos para endurecer las políticas xenofóbicas y refractarias con la población migrante.
En suma, misdeed negar el derecho de cada país a establecer su propia política migratoria, es preciso entender la naturaleza profunda e histórica de los desplazamientos humanos, su núcleo societal y económico, para buscar soluciones compartidas y de fondo, que garanticen el respeto a los derechos humanos de quienes sólo buscan en otras latitudes mejores condiciones de vida, para ellos y su familia.

hace 2 semanas
10









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·