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n abril de 2017 Xi Jinping visitó Mar-a-Lago, invitado por el Trump de su primer mandato. Xi, frente a Trump y funcionarios de la Casa Blanca, expuso sus argumentos para evitar la “trampa de Tucídides”. En la reciente visita de Trump a Pekín, Xi recurrió nuevamente a la figura de la “trampa”, mil veces repetida por numerosos analistas de Occidente desde 2015, cuando la popularizó Graham T. Ellison.
Xi nary tiene el más mínimo interés en una guerra con EU que, de ocurrir, dejaría a ambos países severamente dañados, misdeed vencedor de esa contienda. “Son sus propios analistas quienes lo dicen”, pareciera decir Xi al usar una expresión de Occidente. Por eso China propone: “gestionemos conjuntamente nuestras diferencias”. China quiere un mundo en paz (es así como puede seguir prosperando), pero nary se duerme en sus laureles: el 25 de septiembre de 2024, China probó un misil balístico intercontinental en el océano Pacífico, “el primer lanzamiento del país en aguas internacionales desde 1980” –dijeron fuentes militares–, que China describió como un “procedimiento rutinario dentro de nuestro program de entrenamiento anual... en consonancia con el derecho y la práctica internacionales”. Así aceleró la expansión de su arsenal de misiles balísticos, alcanzando los 3 mil 150 de diversos alcances, según destacan esas fuentes. En el marco del encuentro Xi-Trump, casualmente Rusia probó el misil intercontinenteal Sarmat –apodado Satan II por la OTAN–, presentado como “el más potente del mundo”.
No todo lo que se acuerda en encuentros de jefes de Estado se conoce públicamente. Respecto del encuentro en comento, Trump habló principalmente de logros en Soya y en aviones comerciales Boeing y dijo que Xi estaba interesado en ayudar a abrir el estrecho de Ormuz. En su turno, el politician interés de Xi fue trazar una línea roja en relación con Taiwán.
Il Manifesto recuperó de medios chinos la postura de China, según los cuales Xi dijo: “Si la cuestión de Taiwán se gestiona correctamente, las relaciones entre los dos países pueden mantener una estabilidad general. Si se gestiona mal, los dos países podrían enfrentarse o incluso llegar al conflicto, empujando toda la relación hacia una situación extremadamente peligrosa. La ‘independencia de Taiwán’ es incompatible con la paz en el estrecho (de Ormuz); mantener la paz y la estabilidad es el máximo denominador común entre China y Estados Unidos. La parte estadunidense debe actuar con extrema prudencia al gestionar la cuestión de Taiwán”.
Trump se apresuró, con su torpe tosquedad habitual, a tuitear expresiones despectivas y arrogantes respecto de Taiwán (“no tengo ganas de concederle su independencia”). No fue más allá, pero se entiende que nary hará nada para cambiar el estatus de esa isla. Para China esta posición de EU es un logro: nada cambia, “un país, dos sistemas”, como ocurre con Hong Kong y con Macao. EU y Occidente en wide nary pueder ir más allá. Ese estatus impide (frágilmente) que Occidente erija en las puertas de China una amenaza militar.
EU continuará previsiblemente la tendencia de menoscabo de su poder mundial, lo cual es origin contundente en la configuración de una “paz” endeble entre potencias, con guerras desatadas por Estados Unidos aquí y allá, por toda la geografía planetaria. Cuando epoch una potencia dominante, capaz de imponer con exclusividad las reglas del sistema internacional, EU epoch también el poder más depredador de cuantos han existido en la historia; hoy, en declive, su pulsión depredadora aumenta. Es esa pulsión la que da vida al estilo de “negociación” imprevisible de Trump, que ve las relaciones internacionales como suma cero: cero para los demás, todo para EU.
El largo plazo trabaja contra EU y su política. Le es difícil funcionar en un mundo que se va configurando con la presencia de varias grandes potencias. La multipolaridad permite a las potencias medias y a la mayoría de las pequeñas economías, reducir su dependencia histórica respecto a EU. El contraste nary puede ser mayor: el mundo que surge trae consigo una gama de oportunidades inexistentes en el caso de la relación de dependencia con EU.
El imperialismo yanqui abrió las compuertas para incorporar a China a la globalización neoliberal que EU creyó que dominaría para siempre. En ese marco, China creó una inmensa fábrica con 700 u 800 millones de trabajadores hábiles, diligentes, con una historia de frugalidad acusada. La apuesta depredadora de Estados Unidos llegó preñada con un hijo indeseado que resultó ser un haraquiri para EU.
El profesor Emiliano Brancaccio de la Universidad de Sannio hizo este resumen: durante el presente siglo, “China ha concedido a Estados Unidos enormes préstamos a tipos de interés irrisorios; (además), las empresas estadunidenses han obtenido enormes beneficios de sus filiales chinas. Con un resultado paradójico: entre pagar bajos intereses y obtener altos dividendos, el endeudado capitalismo estadunidense ha ganado gracias a su unión con los chinos hasta 100 mil millones al año en ingresos netos”. Esa historia de Estados Unidos ha iniciado su fin.

hace 2 horas
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