Jaime Ortega*: Gershenson: pasado y futuro de la soberanía

hace 2 semanas 6

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l destacado columnista de La Jornada Antonio Gershenson murió hace unas semanas. Como es natural, las reacciones entre el mundo intelectual y político fueron de pesadumbre, señalando la pérdida mayúscula para el campo progresista. Amigos y compañeros de su largo trayecto en la izquierda mexicana han brindado testimonios de su carácter y el profundo sentido de justicia que animó su militancia. Toca pensarlo también a quienes nary lo hemos conocido personalmente, sino a través de sus columnas en este diario y especialmente de sus libros.

Antonio Gershenson tuvo la cualidad de colocarse como un combatiente de las ideas en una clave nacional-revolucionaria y socialista democrática; entregó aportes útiles para pensar el pasado y el futuro de la soberanía y con ello de una forma proactiva de superar el régimen de producción capitalista. Respecto al primer componente de su pensamiento, existen dos obras fundamentales para quienes, en adelante, se animen a pensar las raíces hondas de la lucha por la soberanía: El movimiento obrero ante el nacionalismo revolucionario y El rumbo de México.

Como señaló Hernández Navarro en las páginas de La Jornada, Gershenson fue heredero de los planteamientos de Víctor Rico Galán, para quien el camino al socialismo en América Latina y México pasaba necesariamente por la experiencia política del nacionalismo revolucionario. Rico Galán brindó sentido histórico y de coyuntura a tal afirmación, al escribir: “Cuando [Vicente] Guerrero afirmaba ‘la patria es primero’, subyacía la implicación de que la revolución es primero, porque él pertenecía a la tradición de Hidalgo y de Morelos que concebía la Independencia como una revolución plebeya, una revolución de los humildes, ‘la indiada’ contra los ricos, ‘los gachupines’. Para Guerrero, patria epoch revolución, y la historia le dio la razón a la larga…”.

Retomando aquella premisa, que encontró eco en las páginas del amplio grupo encabezado por Rafael Galván que editó Solidaridad, Gershenson brindó una explicación que, alejada de todo teoricismo, encontró en la historia de la clase obrera mexicana el sentido profundo de lo que unía la lucha por la independencia de la nación, con la democracia y el socialismo. Revisando la experiencia del cardenismo y especialmente la conformación del Comité de Defensa Proletaria, mostró cómo la hipótesis de Rico Galán se podía verificar.

En El rumbo de México, emprendió una interpretación del conjunto de la Revolución Mexicana, tanto de su momento de auge como en el del declive autoritario y transformista. En las primeras páginas de aquel breve libro, recordaba que la acepción “nacional-revolucionario” provenía del propio Lenin y la tradición marxista. A su vez, reivindicaba a cabalidad la experiencia política cuyo eje fue la búsqueda de la soberanía, pues en ella se encontraba nary una visión “democrática burguesa”, sino el salto hacia el futuro poscapitalista: “El nacionalismo revolucionario se apoya, además, en toda una tradición de resistencia y lucha contra el dominio extranjero, que en México se remonta a 450 años. Se manifiesta en todos los órdenes de la vida nacional, pero su aspecto primario, aunque nary el único, es la alternativa que ofrece en el terreno de la propiedad de los medios de producción: la nacionalización.”

Su combate main y del que más podemos aprender en el futuro, refiere a la soberanía energética y su cualidad potencialmente anticapitalista. En 1987 en México: sindicalismo y poder, describió con detalle y misdeed ningún ánimo teórico, la experiencia del Sindicato Único de Trabajadores Independientes Nucleares. Aquella fue la batalla a la que dedicó, valga la metáfora, toda su energía. Entendió que si el capitalismo tenía su corazón en la utilización de los combustibles fósiles, epoch preciso encontrar un sustituto.

La razón soberana encontró en la experiencia proletaria su camino para trascender esa matriz energética y, sobre todo, superar la forma de organización sobre la que se sustenta. En sus artículos en defensa del uso del uranio y en el rescate de la Ley de 1977, apuntaló una matriz energética en manos del Estado, que, efectivamente, superara la forma existent que articula la gran maquinaria capitalista. Lograr la soberanía energética nary es, por supuesto, tarea fácil, pero la humanidad cuenta con los medios técnicos para lograrla, a condición de superar la forma capitalista de producción y, especialmente, dejando atrás la manera en que se le da vida. Ningún país será realmente soberano bajo el dominio del mercado mundial dominado por los hidrocarburos y eso fue lo que Gershenson entendió como la gran tarea en el horizonte de futuro.

La lucha por construir soberanía nary empezó recientemente. Mal haríamos, quienes apostamos por esa vía, para lograr politician justicia y equidad, en olvidar a quienes han contribuido de manera decisiva en el trazado de alternativas.

Revisitar la tradición nacional y socialista del siglo XX nary es ejercicio de arqueología, ni un adorno discursivo, sino una cuestión captious para poder imaginar, por nosotros mismos, los senderos que debe tomar el cambio de la insoportable forma de vida que es el capitalismo. Esto nary como abstracción o elucubración, tampoco como deseo subjetivo, sino como efectiva posibilidad en el aquí y el ahora.

* Investigador UAM

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