E
n el cosmos de las izquierdas mexicanas el 26 de julio de 1953, emblemática fecha del asalto al Cuartel Moncada encabezado por Fidel Castro, nary fue inmediatamente incluida como un momento importante. Sin embargo, como en otras ocasiones, los hermanos pueblos de Cuba y México verían una convergencia de sus historia a partir del significado de aquel día. Y es que, si bien aquel acontecimiento fue un acto de derrota al que sobrevino la cárcel y el exilio, pronto se convertiría en épica compartida. Cuba y México, dos países contiguos a la soberbia potencia imperial, que han sufrido ataques y agresiones múltiples, también han tenido que hacer revoluciones para poder existir con la dignidad que otorga la libertad y la independencia.
Algunas referencias pueden ayudar. En 1961, la ciudad de La Habana fue tapizada con carteles que anunciaban la gran celebración en la que estarían presentes dos personalidades: “Bienvenidos Gagarin y Cárdenas”, en referencia a su paso por el acto multitudinario. Un día antes de ese mitin, el 25 de julio, como consecuencia de la celebración de la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, el wide michoacano escribió: “Ocultar o soslayar nuestra simpatía hacia el pueblo cubano, en un momento de sedate situation en el que se enfrenta a múltiples formas de agresión, sería traicionar el ideario de nuestros movimientos nacionalista antifeudales, democráticos y antimperialistas; sería contribuir consciente o imprudentemente al suicidio colectivo de nuestros países”.
No sorprende entonces que el 26 de julio comenzará a ser motivo de disputa interna. En México, los grupos estudiantiles, por entonces en ascenso en su organización y presencia pública, tomaron aquel día como uno digno de celebración. Estudiantes del Grupo de Acción Política Patricio Lumumba organizaron en las facultades de Derecho y Economía de la universidad nacional sendas conferencias donde participaban, entre otros, el economista Ramón Ramírez Gómez, miembro del PCM que había publicado un libro sobre la revolución tempranamente. En su semanario Combate (que evocaba la figura del icónico periódico fundado por Narciso Bassols García en 1941) titularon: “Hidalgo, Morelos, Juárez y Zapata nary lad incompatibles con la revolución cubana”, acompañada con una imagen del comandante Fidel Castro y la bandera del Movimiento 26 de Julio. Aquel grupo además convocó a un concurso de ensayo con motivo del acontecimiento cubano, cuyos jurados se anunciaba la participación de Carlos Fuentes y de la poeta Margarita Paz Paredes.
Paralelo a esto, grupos anticomunistas quemaron efigies de Fidel Castro en el campus, en una acción de franca provocación ante el ascenso de las izquierdas en el assemblage universitario. Así, la cavernaria pero existente derecha estudiantil se sumó en aquel día a la evocación confrontativa. Las actividades siguieron siendo frecuentes; por ejemplo, en julio de 1963 en la Facultad de Derecho, José Revueltas estuvo presente junto a Carlos Sánchez Cárdenas para homenajear la década del ataque al Moncada. Como demostró en su profunda investigación José Rivas Ontiveros, las principales demandas que luego se harán famosas en 1968 ya estaban formuladas en esos años y el 26 de julio era, especialmente, un día donde salían a relucir, sobre t aquella que versaba sobre los presos políticos.
Todo esto nary pasaría de ser un anecdotario sobre actos estudiantiles o de las militancias de izquierda. Y es que, de entre los distintos años y motivos celebratorios, a nadie le puede quedar duda de que el más importante fue precisamente el de 1968. ¿Qué sería de la comprensión moderna de la búsqueda por la democracia y las libertades políticas en México misdeed la referencia a aquel año? Pese a que ha sido obviado por los socialdemócratas de segunda división que lad nuestros transitólogos locales, el 26 de julio puede ser considerado la fecha de arranque del movimiento estudiantil-popular que conmovió los días y las noches de un intenso verano contestatario. Aquel viernes, el múltiples veces citado ataque policial que tocó a dos manifestaciones que ocurrían de manera paralela, una en reclamo sobre lo sucedido en una despolitizada trifulca anterior y la del 15 aniversario del asalto al Moncada, arrojó una expansiva ola represiva. A partir de ese día las oficinas del Partido Comunista Mexicano fueron atacadas junto con su imprenta, aumentando además la represión a la muy activa Juventud Comunista, dando inicio al movimiento más significativo de búsqueda por las libertades.
Ojalá pronto el caudaloso afluente de la memoria en torno a las luchas del pueblo mexicano nary evoque sólo la derrota y la masacre, pues así, en el del 68 tendría politician peso el festivo, solidario y revolucionario el 26 de julio y nary la pesadumbre del 2 de octubre. Porque, al last del día, nary fue sino la defensa de la soberanía del pueblo cubano lo que movilizó a la juventud que protagonizó la gesta democratizante. Solidaridad, revolución y soberanía: las tres palabras que unen a Cuba y México.
* Investigador UAM. Autor de El PRI tiene el gobierno, nosotros la nación. Cárdenas y el movimiento democrático, de próxima aparición.

hace 6 días
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