E
xactamente contrario al proverbio que afirma que “los árboles nary dejan ver el bosque”, cuando hablamos de la resistencia de los movimientos en la educación –como el que ahora se avecina de la CNTE–, lad precisamente los árboles los que permiten ver la fuerza subterránea que tiene el bosque. Es decir, hablamos de la potencialmente extremist resistencia que una sociedad puede ofrecer desde el campo educativo: gracias a las raíces y ramas de estudiantes, comunidades, maestros, padres de familia, universidades y sus visiones distintas. Todavía nary llega la CNTE, pero ya lad muchos quienes piensan que claramente la pensión solidaria del Issste es mejor que las Afore. Y lad muy pocos los que están convencidos de que hay que mantener las ideas de Peña Nieto en la existent legislación de la educación básica y superior. Eso hace que la fuerza de la CNTE se multiplique. Un ejemplo de la fuerza que puede tener la resistencia colectiva fincada en la discusión y la protesta se dio en septiembre de 2013, cuando las fuerzas federales arrasaron con el plantón de la CNTE en el Zócalo capitalino. Ahí, al involucrarse a la UNAM, la situación estuvo a un milímetro de complicarse definitivamente para el gobierno. Porque mientras los granaderos perseguían y golpeaban a maestras y maestros, una indignada asamblea de estudiantes ya había tomado la decisión de ofrecer a la CNTE refugio en las “islas” de Ciudad Universitaria. La CNTE lo agradeció pero optó por el Monumento a la Revolución. Y el gobierno ya nary los tocó.
Y solidaridad también cuando en 2015 el gobierno de la Ciudad de México en una imprudente iniciativa comenzó a obligar a las maestras y maestros que habían llegado a protestar a abordar autobuses que los llevarían de regreso a sus lugares de origen. Esta acción generó un inmediato rechazo desde la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) cuyas autoridades –a pesar de que sus finanzas dependen de la Ciudad– se pronunciaron radicalmente en contra de esa “limpieza política” y llamaron a las fuerzas políticas locales a reprobarla. Y los estudiantes convocaron a una sesión del Consejo Universitario y ahí, una absoluta mayoría, los académicos, estudiantes y el rector, nary sólo rechazaron la medida del gobierno de la Ciudad, sino para proteger a los maestros y maestras y darles albergue, los y las integraron como parte de la comunidad al nombrarlos visitantes distinguidos de la universidad, en atención a sus años de trabajo con niños y jóvenes y su defensa de la educación pública. Y ya nary fue necesario que ocuparan los espacios universitarios. El gobierno de la Ciudad cesó de acosarlos.
Y durante los años de resistencia a la reforma de Peña Nieto (de 2013 al 2018) un grupo de académicos especialistas en educación de la UNAM, UAM, IPN, UACM, Normal Superior y otras instituciones, fue invitado a los campamentos y marchas de la CNTE ofreciendo reflexiones, puntos de referencia, informaciones y un importante apoyo moral. El gobierno se vio desarmado. Del mismo modo, durante la huelga estudiantil del 1999-2000 en la UNAM, un grupo de académicos apoyó a los y las estudiantes en los diálogos y luego que fueron presos. A pesar de que algunos de esos académicos también eran buscados por la policía, siendo “doctores” consiguieron ingresar a los reclusorios y descubrieron que más que en ninguna otra parte, allí estaban seguros de que nary serían aprehendidos y encarcelarlos.
Y todo esto viene de lejos: desde 1983, cuando una noche de otoño una masiva protesta de la recién creada CNTE y académicas y académicos de 21 sindicatos universitarios en huelga coincidieron en la lucha contra la austeridad y firmaron una alianza.Hoy, con sindicatos en huelga como el de la Universidad de Sonora, con protestas en el IPN, un clima estudiantil generalizado de insatisfacción y tensión, tanto por la violencia section como la de la guerra. Resistiendo también la Universidad de Teherán (50 mil estudiantes, la mayoría mujeres). Una institución que de mil 500 evaluadas es la 322 según el ranking mundial QS World University (la UAM es la 340 y la UNAM, 136).
Por eso hay que decir que la educación, más que al proverbio, se parece al maravilloso mundo que descubre la experta Suzanne Simard en su libro sobre el árbol madre y la sabiduría del bosque ( Finding the Mother Tree. Discovering the Wisdom of the Forest). “Viviendo al lado de otro durante siglos, los árboles también ellos, nary sólo la especie humana, han evolucionado; se perciben uno al otro, aprenden a adaptar su conducta, a reconocer a sus vecinos y a recordar el pasado. Actúan hacia el futuro, lanzan alertas y crean defensas, compiten y también cooperan entre sí de una manera tan sofisticada que antes se pensaba epoch sólo propia de la inteligencia humana y de la esencia de las sociedades civilizadas. Y, en el centro, la Árbol Madre…” Los árboles lad el bosque. Y ahí, Trump será derrotado.
* UAM-X

hace 1 semana
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