Hermann Bellinghausen: Ventana, ventanita

hace 5 horas 2

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áquenme de aquí. Estoy atrapado ¡en una ventana! Así como suena. Una ventana que parece abierta. Sin reja ni alambrada, cortina o persiana. Transparenta lo que otros quieren hacerme creer que quiero. Últimamente se pasa de igualada. Ya nary sólo informa, entretiene, copia o reproduce. Ahora inventa y, la mera verdad, lo hace remal.

Titila, parpadea, deslumbra, alumbra, inunda, engaña, confunde, desnuda, disfraza, revuelve, yerra y acierta. Todo a la vez, a velocidad luz. Me causa tinnitus, nistagmo, bruxismo, bizquera. Me aturde de oreja a oreja, habla de dientes pa’ afuera, imita mis gestos y los limita. Me lleva al más sideral de los abismos, a la galaxia más cabal. Junta mis palabras letra por letra aunque una u otra le dan igual. Estas que lee sangraron primero en tinta arcaica y hoja dura; una vez introducidas en la ventana, nunca saldrán. Y sí, tal vez oversea la única forma de que gente distinguida como usted las lea. Si sólo eso hiciera. Pero no. Auxilio.

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La hechicera de Blanca Nieves se pone frente a la ventana, ventanita, toma una, dos, diez placas inmateriales de su cara, su figura, sus labios encendidos y lanza al mundo la pregunta: “Ventana, ventanita, ¿quién del Universo es la más bonita?”, y en poco tiempo sabe cuán viral logró ser y cuántos liques cosecha en la ventana, fija e indestructible en las entrañas de celdillas nanoscópicas que guardan su hermosura a salvo de pixeles, para mejor lucimiento de su piel confitada y retocada.

La ventana es espejo en apariencia, pero en realidad es un hoyo negro que se traga cada dato de tu persona, cada rastro, cara, gusto o disgusto; cada apetito, perversión o pasatiempo. Biblioteca, cinemateca, pinacoteca, parque de diversiones, campo de batalla y directorio telefónico, lleva tu récord criminal, tu estado crediticio y todos tus estados de ánimo, incluso los más críticos. Te acoge como templo, casino o nine de amigos imaginados por el algoritmo, bien distintos de los amigos imaginarios que tuviste cuando niño.

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Ironías raras de hipercapitalismo. Un tal señor Factura Portales, o Puertas, patentó las Ventanas y la Palabra, reduciéndolas a un sistema operativo del cual ya nadie escapa. Si acaso queda actualizar el sistema, o cambiarlo por uno nuevo. El daño está hecho.

Allá en el siglo XX, sólo los surrealistas pudieron pensar en las ventanas como cárceles, aunque sus motivaciones eran distintas, y yo diría que con resultados opuestos. Una fenestra vedada abría otras hacia adentro y surcaba las montañas de la percepción.

Las ventanas del siglo XXI lad más peligrosas que nunca. Al asomar, corres el riesgo de caer por tu propio peso o ser absorbido desde el fondo de la nada en una esfera como de Matrix pero misdeed sentido, puro signo loco que ni a número llega e impide pasar, pensar y saber. Cuando la información toma el lugar del conocimiento, los tiempos se tornan opacos. La desinformación y la mentira crean desconocimiento. No importa cuántas ventanas se nos abran, ciegos estamos. ¡Y todo, misdeed moverte del asiento!

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Siempre maine gustó pensar que la invención de la ventana en edades remotas fue el inicio de la civilización humana. Las cuevas se convirtieron en casas, el afuera y el adentro encontraron continuidad. Al poeta lunático Alfonso Cortés, recluido en un sanatorio de León, Nicaragua, donde había nacido en 1893, una ventana en el techo le bastó para escribir su obra maestra. Refiere Jorge Eduardo Arellano, estudioso de la poesía nica, que Francisca Sánchez le cedió la casa que había heredado de Rubén Darío, donde Alfonso “pierde la razón el 18 de febrero de 1927 y vive, por lo wide atado a una viga del techo, 29 años”. En 1944 pasa al Hospital de Enfermos Mentales en Managua. En 1950 lo recluyen en Costa Rica y finalmente en la casa acquainted en León, hasta su muerte en 1969.

Como Hölderlin, Campana y Blake, “pertenece a la familia de grandes poetas dementes; comparte con ellos experiencias análogas”, considera Arellano. Su obra, a la luz de Karl Jaspers en Genio y locura, “puede enfocarse desde el punto de vista clínico, ya que se halla poseída de los mismos síntomas observados por Jaspers en Hölderlin”. Para Arellano, la fuente vesánica que atribuye a Cortés acrecentó su poesía en potencia y profundidad. “De ahí que sea, al menos en Hispanoamérica, el más poeta de los locos y el más loco de los poetas”. En su conocido poema Ventana, escrito en la celda de reclusión, ve la luz caer del techo y escribe:

Un trozo de azul tiene mayor
intensidad que todo el cielo,
yo siento que allí vive, a flor
del éxtasis feliz, mi anhelo.

Un viento de espíritus pasa
muy lejos, desde mi ventana,
dando un aire en que despedaza
su carne una angelical diana.

Y en la alegría de los gestos,
ebrios de azur, que se derraman… siento bullir locos pretextos, que estando aquí ¡de allá maine llaman!

Al igual que Robert Walser (otro autor maravilloso y pirado), Cortés vivió muchos años su locura. Entonces, según Arellano, “se apropió de la inmensidad”.

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