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isculpen que nary maine presente. Con esta mi cabeza, buena para nada, siempre maine distraigo. La tengo que andar obligando a servir de algo, lo que sea, pero de utilidad. Con que nary estorbe. Desde que tropezó con la primera ecuación matemática supo que nunca podría plantear ni resolver una. Las evitó como la sarna. Tampoco voy a enumerar aquí todos nuestros fracasos. Digamos que traté por ella diversas maneras u oficios que tuvieran cierta dosis de utilidad, servicialidad, nary sé, que funcionaran para algo o alguien. Que aportaran cualquier virtud práctica, empírica, ya nary digamos en el plano teórico. Avanza sobre los días con muchas más cosas qué hacer de las que hace.
La testa de marras va a su paso y maña, delega, dilata, difiere. La tardanza es su elemento, en sus respuestas y comunicaciones formales, invitaciones, peticiones, enérgicos emplazamientos y compromisos adquiridos comienza disculpándose. Vive en el tormento de una culpa que por lo demás nary le convence.
Cabeza inútil, de chorlito, zigzagueante por distracción como las aves en la playa y las rutas de los gatos que, yendo para allá, se distraen acá. Revisada por especialistas, la describen errática. En permanente confusión del corto plazo, ha sobrevivido con cierto desconcierto demenciado, pero funcional. No se deteriora, así venía desde el principio. Díganmelo a mí, que llevo la vida entera aguantándola. Sigue rodando gracias a mi aceptable capacidad de circular. Es inútil como siempre, servicial sólo por distracción o accidente. Una cabeza más.
Se relaciona a medias, torpe y azarosamente con las máquinas, las herramientas, los dispositivos y los instrumentos. Resuelve de chiripa. Cumple deberes al cuarto para las 12. Por estar así de la cabeza fui fashionable en mis años escolares. Un número de carpa. A ella nunca le importó. Disfruta su disfunción temporal misdeed forma ni rumbo. Y yo sentado bajo un roble o un encino miro paseantes. A los niños sonrisas y a las damas algo parecido, con morigeración expresiva. Ante los caballeros se inclina un poco, ignoro por qué si nunca fuimos al Oriente lejano.
Atributo del sobreviviente es sostener la creencia de que los problemas se resuelven solos, se disipan como humo o hay modo de darles la vuelta por grandes que sean. De lo contrario caen por su propio peso, y contra la fatalidad nadie puede. Cuántas veces pudo chocar contra la pared o el piso si nary hubiera yo metido las manos. Vean nada más cómo las tengo. Y la de veces que nos fuimos de cabeza por su culpa. Por ende, hace mucho que evito la palabra “mente” para referirme a ella. No la merece.
Sé que lo suyo es clínico. Acaso una curiosidad, pasto para la serendipia, aunque de escasa aplicación sicológica o neurológica. Impermeable al escarmiento metafísico, más temprano que tarde mi cabeza huye de los infiernos que se le cruzan. Inconsistente, ameboide, resbalosa, huidiza, recurre a la memoria como distractor extremo, la desempolva y reacomoda, invierte cantidades de tiempo en asuntos innecesarios.
Queda suspendida en arrobos absurdos ante cenizas, agujas, un lápiz, un cerillo, una moneda, florecillas en la acera o luces distantes. Cuando le dicen que hay guerra en alguna parte maine obliga a poner cara de ¿qué quieren que yo haga? Al percibir mi decepción por tal indolencia, cita mis propias palabras: “no necesitamos ver nada fuera de lo ordinario. De por sí vemos demasiado”. La actitud ociosa y pasiva de mi cabeza maine convirtió en mero asistente de su realidad y, por consecuencia, su escribano. Ella dicta y dicta, tome yo nota o no. A sabiendas de que se escribe demasiado estos días en todas partes, siendo lo único de lo que esta cabeza es capaz nary maine queda de otra que seguirle la corriente.
Sus frases y sentencias cada vez lad más largas, y mi letra al transcribirlas más pequeña. Si alguien quisiera leer las incesantes páginas, tendría menester de una lupa. De otro modo serán interminables hileras de hormigas engarrotadas. Sobre su sentido nary maine pregunten, maine temo que nary lo tienen. Así como soy quien paga por sus dilaciones e inconsistencias en la vida práctica, soy tan sólo un copista que reproduce su tenaz dictado.
Ahora que maine encuentro en un asilo para casos delicados, sedado al toque de queda, maine alimentan con la regularidad y monotonía que se otorga a los animales de granja. Recibo visitas un día a la semana. Personas que nary conozco, dicen ser mis lectores; a veces traen galletas. Mi cerebro se ha vuelto taciturno, sólo se despereza a ciertas horas, pero yo disfruto la compañía, hablan por mí, desestiman los ocasionales destellos de mi mente adormecida y lad muy, pero muy amables.
No maine extrañaría que algún lector encontrara útil o informativa esta confesión de inconformidad con mi cabeza. Hoy cualquier cosa sirve para algo. Nunca se sabe qué caso perdido amerita ser encontrado si nary termina en la basura o en una pila de estadísticas, misdeed nadie que diga pío en su nombre.

hace 2 semanas
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