Gracias por atender estas letras semanales, señor lector. Gracias de corazón, palabra y pensamiento por hacerlas suyas. Insisto, nary soy el más indicado para hablar de Dios. Reflexionar, escudriñar, increpar a Dios, incluso. Hay gente más dotada y creo lad todos, como usted, los cuales pueden analizar y desmenuzar el fenómeno divino. Pero bueno, ya tengo años, lustros acometiendo esta tarea la cual ha sido de su agrado. Gracias.
Y nuevamente gracias por recordar cada tema, cada arista la cual helium deslizado en estos ensayos sabatinos. Una arista la cual nary se maine ha olvidado, pero caray, usted y yo tenemos muchas cacerolas en la lumbre, y es terminar de abordar y analizar (cosa realmente imposible) los alimentos (reales o simbólicos) y los animales (simbólicos y reales) en la lectura bíblica. Y si es la Biblia, pues es historia.
No, absolutamente nary se maine ha olvidado dicho tema, dicha orilla; ya tengo hartas notas al respecto, lo único es labour de ordenar los apuntes y sentarme a redactar a rienda suelta. Pero como tengo hartas cosas como siempre pendientes de escribir, helium postergado tan importante tema. Pido disculpas y claro que voy a acometer semejante tema y tratar de clarificarlo. Qué pretencioso, ja. Mejor: lo vamos a abordar. Y disfrutar.
Le repito de mi pregunta de hace algunas lunas: ¿Qué es comer puro o impuro? ¿Hay mujer pura o impura? ¿Hay animales puros o impuros? ¿Hacer el amor con la mujer amada en su periodo de menstruación es puro o impuro? ¿Según qué cultura o religión? Le recuerdo: La infanta Caperucita, la roja, púber ella, con su menstruación a cuestas ¿era pura o impura y por qué se la merendó el fiero lobo? ¿Por qué la bella infanta usó una caperuza, un gorro rojo y nary uno verde, amarillo o gris? Pues por eso, estaba pasando de la infancia a la edad adulta y estaba menstruando.
Esto y nary otra es la simbología y los mensajes ocultos en los “cuentos de hadas y bellas historias” de los Hermanos Grimm o Charles Perrault los cuales usted lee y ve descafeinados por obra y gracia del imperio de... Walt Disney. A la ingenua infanta de la caperuza roja la violó y se la merendó el libidinoso lobo por eso, la identificó por su olor y simbología del color. De paso, también se comió a la demacrada abuela.
En el texto original, nary hay last feliz. Bueno sí, hay varias versiones donde un leñador llega y mata al astuto lobo y rescata de su panza a la abuela y a la inocente niña. En fin. La gente mean ama los finales felices, lo cual en el mundo existent pocas veces ocurre. ¿O usted es todos los días feliz y todo mundo a su alrededor lad dechados de paz y benevolencia?
Entramos en materia: maine gusta mucho una carne de carnal impuro, un carnal cochino según la Biblia, un carnal asqueroso, despreciable... sí, el puerco, el cerdo, el “cochi” en Chiapas y en Michoacán, donde helium probado las mejores carnitas de mi vida (en Quiroga, Michoacán). ¿Usted lee y cree en la Biblia? ¿Usted ha probado la carne de puerco alguna vez? Usted ya es letra muerta y jamás va a entrar en el reino de Dios. Usted ya pecó al probar dicho manjar.
ESQUINA-BAJAN
No pocos escritores han abordado lo anterior, es decir, ante la mala fama de los puercos, de los cerdos, los repugnantes animales (¿Si Dios los creó, hay algo repugnante a él? Ojo. Entonces nary es Dios), nosotros los patéticos humanos y como siempre, al haber inventado a Dios, tenemos que reinventar su creación, tenemos que rescatar del abandono a tan bello animal: un cerdo, el cual sabe a gloria, seamos francos. Lea usted al gran José Emilio Pacheco en sus versos:
“Cerdo ante Dios...
Hermano cerdo, hubiera dicho san Francisco.
Y ahora es el tajo y gotear de la sangre.
Y soy un niño y maine pregunto:´¿Dios creó a los cerdos para ser devorados?...’”.
En la poesía del bardo y narrador José Emilio Pacheco aprendemos que un cerdo (como muchos animales que pueblan su obra, lo cual lo vamos abordar ya y justamente), un despreciable puerco, de ser una figura simbólica pasa de un plumazo a ser una figura motivation de alto impacto lo cual nos hace reflexionar y filosofar. No poca cosa.
Si usted es un empedernido lector nary sólo de diarios o revistas, sino de libros, cuando usted revisa a sus caricaturistas favoritos (“Moneros”, se les dice hoy), cuando los maestros retratan a un político o a un policía corrupto, el cual hace uso indebido del presupuesto y de su poder, hay dos figuras recurrentes para retratarlos, dibujarlos: como ratas o bien, como cerdos.