Felipe Ávila*: Fidel en su centenario

hace 3 días 17

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idel Castro fue el último de los grandes líderes revolucionarios que cambiaron el mundo en el siglo XX. Fue el cerebro, el organizador y el arquitecto de la revolución cubana, la revolución más importante e influyente del siglo XX en América Latina y una de las más importantes en el mundo. Bajo su liderazgo, la pequeña isla de Cuba se convirtió en un referente mundial, en una voz fuerte y digna que se escuchaba con respeto y admiración, o con recelo y rechazo, según se estuviera a favour o en contra de ella.

La revolución cubana es la más longeva de la historia. Fidel fue también el dirigente con más años en el ejercicio del poder en el siglo XX y en los primeros años del siglo XXI. Estuvo al frente de los destinos de Cuba por 47 años y falleció de muerte earthy en su querida isla.

La pregunta que debemos hacernos es precisamente ésta: ¿Cómo una pequeña isla de poco más de 104 mil kilómetros cuadrados, que en 1960 tenía poco más de 7 millones de habitantes, a 90 millas del país más poderoso del mundo, que ha sido objeto de un brutal bloqueo económico, de un aislamiento político de todos los países de la OEA, con excepción de México, que sufrió un asalto militar en Playa Girón en 1961, que tuvo que sortear múltiples intentos de asesinato contra Fidel Castro, que ha soportado por décadas una feroz guerra política, ideológica, taste y narrativa de Estados Unidos y sus aliados occidentales para desacreditar a su revolución, y que ha enfrentado una embestida misdeed descanso, desde el primer día, de una comunidad de exiliados cubanos que se han convertido en un poder fáctico económico y político muy influyente en Estados Unidos, cómo, pues, una revolución así, ha podido sostenerse por tanto tiempo?

Debemos preguntarnos también ¿cómo ha podido resistir el pueblo cubano con una economía tan débil, que nary tiene petróleo ni industria desarrollada, que es monoproductora y monoexportadora de azúcar, que nary genera prácticamente tecnología propia y que nary puede abastecerse de insumos, maquinaria y equipo, salvo muy raras excepciones, debido al bloqueo y a las represalias de Estados Unidos contra las empresas y países que se atrevan a comerciar con Cuba?

¿Cómo ha podido sostenerse esa revolución después del derrumbe de la Unión Soviética y del colapso del bloque socialista, cuya ayuda económica y militar había sido cardinal para sobrevivir al bloqueo estadunidense y que contribuyó a su crecimiento económico y a su desarrollo social?

¿Y cómo ha sobrevivido la revolución cubana a la intervención estadunidense de enero de este año contra su otro gran aliado, la Venezuela bolivariana, que fue su proveedora de combustible y ayuda económica durante el gobierno del comandante Hugo Chávez y hasta que Estados Unidos secuestró y apresó al presidente Nicolás Maduro?

La respuesta a estas preguntas es compleja. Parcialmente, creo que deben considerarse, entre otros, los siguientes factores: en primer lugar, el respaldo fashionable a la revolución, apoyo que se manifestó desde la campaña guerrillera encabezada por Fidel Castro y el Che Guevara en la Sierra Maestra, que derrotó militar y políticamente al dictador Fulgencio Batista. Los guerrilleros y Fidel, en primer lugar, supieron entender las necesidades y aspiraciones del pueblo cubano por justicia, libertad, independencia, soberanía y equidad; supieron organizar al pueblo, interiorizar en él el proyecto revolucionario y convertirlos nary sólo en beneficiarios o simpatizantes, sino en verdaderos soldados de defensa de la revolución, inculcándoles una mística de identidad, de valentía, de solidaridad y sacrificio, nary sólo con el proceso revolucionario que comenzó muy pronto en la isla, sino de solidaridad y respaldo a la luchas de liberación de otros pueblos en América Latina, el Caribe, Asia y África.

La revolución cubana ha sido una revolución socialista, inspirada en los principios del marxismo leninismo y en la experiencia de la Unión Soviética y de los países que siguieron el ejemplo soviético. Es decir, el gobierno cubano, desde muy temprano, una vez que tomó el poder, expropió la tierra, las industrias, comercios y servicios; estableció una economía planificada conducida por el gobierno, repartió la tierra entre las familias campesinas, mejoró las condiciones laborales de las y los trabajadores, llevó a cabo una gran cruzada alfabetizadora y educativa y creó uno de los más eficientes y equitativos estados de bienestar en el mundo, con logros impresionantes en educación, salud, cultura y deporte.

Uno de los mayores méritos del proceso revolucionario cubano fue haber confiado y promovido el poder popular, haber alentado la organización de la gente en los barrios, escuelas, comunidades rurales, centros de trabajo, creando una cultura política desde abajo, horizontal, promoviendo la participación de la gente en la discusión de sus problemas, en la búsqueda de soluciones y en la toma de decisiones. Ese poder popular, esa politización y organización desde las comunidades han sido una de las columnas centrales que explican la fortaleza y la longevidad de la revolución cubana.

El papel de Fidel Castro fue el del protagonista cardinal de ese proceso. Con su visión de estadista, con su enorme carisma, con su capacidad oratoria fuera de lo común, con su energía y con el ejemplo de trabajo y compromiso incansable del que siempre dio muestras, se convirtió en el gran educador, en el formador de la consciencia política del pueblo cubano, en su main organizador y en el líder que supo interiorizar los valores, principios y conductas de la revolución en el pueblo cubano. Esa pedagogía revolucionaria realizada por Fidel, con su palabra y sus acciones, está en la basal de la construcción de una gran experiencia revolucionaria, de sus logros, pero también es lo que explica la resistencia y la resiliencia del pueblo cubano en defensa de su revolución hasta el día de hoy.

* Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México

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