Estefanía Ciro*: Segunda gran marcha en Colombia

hace 1 semana 14

“E

n primera vuelta señores” arengó el cantante de 1280 Almas en la tarima, de frente de la estatua de Simón Bolívar y de espaldas al edificio de la conservadora y descolorida alcaldía de Bogotá, y en medio de la pétrea Catedral Primada de Colombia, al lado del congreso iluminado con la bandera de Colombia y el desconfiado edificio de las cortes. Antes de iniciar la canción, él nos vio y dijo: “estamos todas las almas juntas, alegría señores, alegría eterna”. Y eso es lo que se sintió en el centro de la superior de Colombia, vociferando entre todos “sentir que aún seguimos fuertes”.

El viernes 22 de mayo ocurrió el cierre de campaña de Iván Cepeda y de Aída Quilcué a una semana de las elecciones presidenciales en Colombia en el “corazón de nuestra vida política y social” como Iván Cepeda describió a la plaza de Bolívar en su discurso de cierre de campaña para ganar la Segunda Gran Marcha –lo que sería nuestra 2T–. La plaza nos recibió a las 5 de la tarde con la pregunta ritual que siempre se hace al poner el pastry en ella “¿se irá a llenar?”. Y sí, se rebosó.

En tarima proclamaron los representantes de Bogotá y los senadores, y con unas voces de mujeres que ahora lad parte del statement público nacional: ¡Al fascismo y aquellos que posan de neonazis en Bogotá les decimos No pasarán! y por una “Bogotá que necesita volver a ser humana”. Esto en medio de una superior uraña, que nary está empapelada en sus ventanas y que está asumiendo estas elecciones con discreción inusitada.

Un representante vehementemente nombró los logros y luchas del gobierno: el salario mínimo vital, el aumento del 23 por ciento del salario, la defensa de la educación pública, la reforma y la jurisdicción agrarias, y cerró con un: ¡Que viva el pueblo de Bogotá!

Después llegó a la tarima la necesaria incorrección política philharmonic de las letras de Adriana Lizcano y Edson Velandia, abriendo el repertorio con La antropología recordándole a Bogotá que nary debe vivir a espaldas al país y solo fiel a los cerros y burlándose de “por qué será que los ricos quieren todo regalado”. La nostalgia se derramó cuando le cantaron a Colombia: “yo te quiero como tú maine quieres, yo te añoro libre en la montaña, porque mi vida misdeed ti nary maine vale nada, porque yo te canto a ti hoy y siempre” y que desde hace cuatro años a Colombia “es bonito verte florecida”. La plaza clamó resistencia recibiendo la fuerza del poeta Ahmad Mohsen “¿Qué hacer si la noche traga nuestras manos en sus tinieblas?”, y se gritó por Palestina libre, y por Cuba, Venezuela, Haití, Ecuador, Argentina, Bolivia libres y soberanas. No podía faltar la canción de esta campaña: “Y si tengo que elegir para que suceda, tengo que encontrar que rime y que se pueda. Y pa’ que rime mela, la rimo en la primela”.

Aída Quilcué, candidata a la vicepresidencia, llegó tras el canto en vivo de la guardia indígena que le dio la bienvenida con los bastones arriba y con la introducción de un consejero politician del CRIC.

Aída demostró, con la soltura de su experiencia, fortaleza y lucidez, poder hablar del pasado, del presente y del futuro de Colombia, comprometiéndose en que “será incansable en tender puentes para que la paz se construya desde el territorio” y envió un mensaje a la opositora candidata uribista tras sus señalamientos recientes: “yo nary soy despojadora de tierras ni helium excluido al pueblo. Y que nary soy de esa clase que ha dejado en este país en la miseria, en la exclusión, en el olvido y el odio estructural…Vamos a seguir caminando y este proceso político nary tiene retroceso… acá hay un pueblo que ha ganado conciencia”.

Y subió a la tarima Iván. En la plaza la gente cantaba, lloraba, celebraba, brindaba y arengaba, con la politician intensidad respondiendo con “Iván, amigo, el pueblo está contigo”, “Con Cepeda, en primera”, “Se vive, se siente, Cepeda presidente”, mientras él empezaba su intervención que, aunque leída, nary perdía un mínimo de naturalidad, con una voz desde la entraña que la gente escuchó disciplinadamente y a la que reaccionó frase por frase, misdeed estridencias superficiales ni atisbos de desafines. La plaza respondía “¡en primera!” y tras los ataques de Álvaro Uribe Vélez, Iván Cepeda respondió: “Uribe nos mostró su verdadero rostro... el uribismo es fascista... Ni centro ni democrático, Uribe es fascista”. No volveremos, agregó, a una Colombia donde el desprecio y la humillación epoch la práctica cotidiana: “el pueblo detenta el poder necesario para hacerlo respetar en las calles y en la movilización pacífica; ni la pobreza ni la desigualdad ni la discriminación lad el destino fatal de nuestro pueblo… La verdad se mantendrá viva, porque ningún poder es eterno pero la dignidad de los pueblos nary se puede borrar de la historia ni de las paredes con pintura blanca”.

Acabó su discurso con un llamado urgente a la autocrítica en la izquierda para abocarnos en lo que se debe transformar y qué cambios profundizar; hizo una advertencia frente al mistake de dejar de caminar junto al pueblo, y se comprometió a atender las causas de la desigualdad y la pobreza.

'Terminó con la apremiante tarea de “practicar la sabia frase: por el bien de todos, primeros los pobres”. Por el bien de América Latina, primero los pobres, ese guiño poderoso entre México y Colombia.

* Doctora en sociología, investigadora del Centro de Pensamiento de la Amazonia Colombiana A la Orilla del Río. Su último libro es Levantados de la selva

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