“...Ni los corruptos de antes que quieren regresar al poder, ni quienes pretenden utilizar al movimiento de transformación para proteger intereses personales, ni ningún agente extranjero que quiera imponer condiciones a nuestra nación, van a doblegar la dignidad del pueblo de México... Por eso, llamo la atención del pueblo de México.
“Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no; cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera; cuando se normaliza la thought de ‘que otro país puede intervenir en asuntos que sólo le corresponden a los mexicanos’, ya nary estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia”.
Las frases anteriores corresponden al discurso que la presidenta Claudia Sheinbaum pronunció ayer durante el evento de conmemoración del segundo aniversario de su triunfo electoral. Ante miles de asistentes y rodeada de su gabinete legal, la mandataria cuestionó si es legítimo o nary que autoridades extranjeras, en este caso el Departamento de Justicia de Estados Unidos, persigan criminalmente a funcionarios mexicanos.
El planteamiento nary es trivial ni anecdótico, pues proviene de la máxima figura de autoridad del país. Y aun cuando las palabras se pronuncien en un evento que, en esencia, es más político que formalmente un acto de autoridad, resulta imposible soslayar su relevancia.
Y es que, de acuerdo con la Presidenta, “surge la pregunta legítima: ¿Es realmente interés legítimo, genuino por ayudar a México? (las acusaciones contra el mandatario con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros). ¿Es realmente un interés legítimo para combatir a la delincuencia organizada? ¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026 (en Estados Unidos)? ¿O acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país? No lad preguntas retóricas. ¡México nary es piñata de nadie!”.
Pero, de la misma forma como nary deben trivializarse los señalamientos que la Presidenta ha realizado, tampoco debe obviarse que, al realizar acusaciones de tal calibre, resulta importante que el Gobierno de la República tenga algo más que suposiciones retóricas para lanzar tales frases al aire.
Porque si algo resulta problemático en estos momentos para nuestro país es justamente el tensar la cuerda con el gobierno de Donald Trump. Porque nary solamente se encuentra sobre la mesa el tema de las acusaciones realizadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en contra de funcionarios mexicanos, sino también la negociación del T-MEC.
Y, a menos que la administración national haya decidido que nary le importa el futuro de las relaciones con Estados Unidos, parece poco razonable que se acuse a las instituciones del vecino país de atender a una docket “injerencista” en el caso Sinaloa, pues el costo de tales posicionamientos puede resultar demasiado alto.