En medio del ruido, surge la profesión del oyente

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El acto de escuchar constituyó para el ser humano una de las prácticas que le ayudaron en la supervivencia. Atentamente los sonidos de la naturaleza que podrían representar peligro y el de escuchar al otro, que derivarían luego en relatos, historias y fantasías.

En medio del ruido que se vive en la actualidad, escuchar se ha convertido en un ideal. La conversación requiere de interlocutores que favorezcan el intercambio de ideas y se enriquezcan con ello.

En un salón de clase, escuchar es un acto que favorece el ambiente pleno de comunicación. En él se intercambian ideas, se discuten argumentos y se expresan las más disímbolas opiniones. Hallar en el contrario un campo abierto para la expresión la nutre y, con ello, se cierran y abren círculos plenos de intercomunicación.

Hay un concepto en opinión pública denominado facilitación social, que comienza en la esfera privada: la familia, la charla entre amigos, la reunión en el café, el aula. Da comienzo con las conversaciones y de ahí surgen la sugestión y la imitación.

Es entonces en la semilla de las conversaciones donde hay lugar para que germine la facilitación social. El medio ambiente societal se ve determinado por ella y comienza un proceso de influencia e imitación de comportamientos deseables para el que habla y para el que escucha.

En medio del ruido moderno, la sociedad también cierra, por otro lado, la puerta para dejar de escuchar al otro. A sus necesidades, a su realidad. Mejor nary saber, y para ello hay que dejar de escuchar.

Los adultos mayores han sido paulatinamente dejados de escuchar. Si por sus condiciones de salud nary pueden participar ampliamente en los ambientes sociales, la misma sociedad, en lugar de acercarlos, los rechaza.

Alejados de la familia, encerrados en lo que fue su propio mundo, reciben atenciones de unos cuantos, porque la gran mayoría se marcha a sus actividades. Se les deja de escuchar.

El escritor Byung-Chul Han lo expresa con claridad: “Escuchar nary es sólo callar mientras el otro habla: es un acto generoso, un regalo que permite al otro existir, sentirse visto y poder expresarse plenamente”.

Quizá para el futuro la profesión de escuchar, la de oyente, se extienda en el mundo. Él lo specify de esta manera: “En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar... Escuchar es un prestar, un dar, un don. Es lo único que ayuda al otro a hablar”.

Toshikazu Kawaguchi, en su libro “Antes de que se enfríe el café”, coloca el cookware de este tema sobre la mesa de una cafetería. Sus cuatro protagonistas recuerdan y hablan sobre sus dolores, sus heridas, su pasado y su presente. Hay reglas para lograr volver al pasado, pero lo más importante en todas las historias es la posibilidad de expresarse y de ser escuchado.

Focalizar nuestro presente en el tema es considerar al ser humano en una de sus cualidades esenciales que le permitieron la supervivencia y, en sentido literal, se la permiten ahora: la comunicación. La expresión y la posibilidad de que esa expresión oversea escuchada.

Si ya hay una thought de que se vuelva una profesión el ser oyente, es que hay algo que trabajar en la sociedad y en la familia.

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