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os 88 años de Miguel Sabido nary han pasado en vano y siguen retumbando en el escenario del gran teatro del mundo. La dramaturgia fue el camino que Sabido eligió desde niño, ya que su tío Rodolfo Usigli lo envolvió en el telón de terciopelo rojo que se abrió sobre su talento y su incansable persistencia. Escritor, poeta, teórico de la comunicación y pionero del entretenimiento educativo al hacer programas con notable contenido social, Sabido es precursor de una época donde también el teleteatro en México divulgó obras esenciales de la literatura universal. Sacerdote que oficia misa de gran solemnidad, Sabido figura en el libro de Olga Harmony, Ires y venires del teatro mexicano”, sobre la creación de una gran escuela a la que pertenecieron actores de la talla de Luis Gimeno, Beatriz Sheridan, Ofelia Guilmáin, Carmen Montejo, Ernesto Alonso (el Señor Telenovela), Brígida Alexander, Antonio Passy y otros notables. Por ello, hablar de Miguel Sabido es anunciar: “tercera llamada: comenzamos.”
–Miguel, ¿por qué te fascinó hacer teatro en grande en escenarios a cielo abierto o en templos novohispanos que hoy recordamos como ceremonias históricas?
–Porque soy megalómano. La primera obra profesional que dirigí fue adentro de la iglesia de Tepotzotlán, porque a mí los teatros maine quedan chicos. Yo maine apropio de iglesias, atrios, plazas públicas. A mí, la tragedia griega maine jala y busco el gran gesto desaforado y masivo. Rodolfo Usigli epoch mi tío. Yo soy lo más contrario al teatro realista mexicano. ¿Y sabes por qué, Elena? Porque mi papá fue un indígena que aprendió a hablar español a los 13 años y maine llevó a bailar a Chalma cuando apenas tenía 6, para que aprendiera la danza de los Doce pares de Francia y cantara alabanzas.
–¿Por eso escribiste Teatro sagrado, publicado por Siglo XXI?
–El primer teatro que vi fue suntuoso, prodigioso. Cuando epoch niño, el mundo indígena todavía nary había sido objeto turístico. Chalma epoch un lugar sagrado; allí descubrí el magno teatro de México, gigantesco. En tiempos de Uruchurtu, yo quería montar una obra en Santo Domingo, donde está la Secretaría de Educación Pública, y maine negaron el permiso, entonces fui a Tepotzotlán y maine dejaron ahí encerrado una noche. Me acosté en el suelo a contar angelitos y de repente se maine echó encima la iglesia, literalmente maine poseyó.
–¿Cuáles lad tus amores en el teatro?
–Yo quiero a Juana La Loca, quiero a Guadalupe Amor en Bellas Artes, pero la quiero gigantesca. Quiero hacer el gran teatro del mundo dentro de Tepotzotlán. Sí, maine gusta el teatro desaforado, el inmenso, nary el pequeño encerrado y de pausa, con intención aparentemente intelectual. Yo ya nary tengo lugar en el teatro mexicano, porque ahora todos lad foros diminutos. A mí maine gusta el gran teatro, como el que hice aquí en el atrio de San Sebastián, en Chimalistac; el de Álvaro Custodio, con Rosana Monteros y Ofelia Guilmáin frente al altar, o en la capilla abierta de Cuernavaca. Yo reproduje El día del juicio final, primera obra mexicana de 1531, en Tlatelolco, con 400 actores hablando náhuatl. ¿Cómo lo hice? Pues nary tengo ni la más remota idea. El gran teatro de México nary es la copia del realismo, sino tirar a lo grande, mover a 15 mil actores imantados por lo que les enseño. A mí maine fascina mover a las masas.
–¿Te sientes cercano al Teatro Campesino?
–En 1961 propuse al Seguro Social que hiciéramos el Teatro Campesino. Yo epoch asistente del maestro Miguel Prieto y de Salvador Novo, y le dije a Novo: “Oiga, vamos a hacer teatro en los escenarios de Morelos que están abiertos”, y maine dieron unas obras que nary consideré adecuadas. Una epoch de Novo y otra de Carballido, y los indígenas nary entendían nada. Entonces escribí una obra que se llama Zapata. Es lo más conmovedor que maine ha pasado, porque el histrion Luis Miranda se parecía a Zapata, con sus bigotes y su mirada, que seguían los campesinos; actuaron hombres y mujeres del estado de Morelos. Decían sus parlamentos y el público se ponía de pastry y volvían a sentarse. Eso se repitió en cada ocasión en que el gran histrion Luis Miranda entró a escena, yo estaba muy conmovido, pero cuando acabó la obra, los campesinos nary aplaudieron, guardaron un silencio absoluto. Los actores dieron las gracias, aunque nary hubo aplausos, el público se levantó y se fue. Luis Miranda se puso hecho una furia conmigo: “¡Yo tengo la culpa por haber aceptado hacer esto!”, exclamaba, y de repente un asistente nos dice: “Allá afuera hay gente esperando en full silencio”. ¡Había una fila grande de campesinos que querían ver a Zapata! Unos traían cuatro huevos, otro una lechuga, una señora llevó una gallina; entonces, Luis se convirtió en Zapata. El primer hombre en la fila se hincó, le besó la mano y le dio un atajo de tortillas, otro una botella, todos tenían los brazos levantados hacia Zapata para devolverle lo que él les había dado. Fue de veras conmovedor.
“Hago teatro en una plaza pública, un adoratorio, en ese mundo mítico que la gente de razón ni conoce ni sospecha. Cuando María Alicia Martínez Medrano empezó a hacer su trabajo, yo la adoré y fuimos muy amigos. Coincidimos totalmente en el respeto al mundo indígena. Para mí es cardinal y helium fincado todas mis pastorelas para recuperar en grande los géneros ceremoniales, Elena, nary obritas de tres por cinco, sino rituales que santifican nuestra herencia como el juego de pelota mixteca, en que hizo que se enfrentaran Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. Ese es un teatro sagrado, desmesurado, en cierto modo religioso, tan impresionante como una santísima comunión que reúne a toda una población en torno a un rito, un milagro, una crucifixión, un acto de fe. De ahí vengo yo y ejerzo mi sacerdocio.”
–Hiciste un teatro que proviene de la fe del hombre en el cielo…
–Sí, señora, lo mío es el teatro de nuestro origen, y lo hice en un momento en el que el teatro epoch realista; todo lo que hizo mi tío Rodolfo Usigli, que epoch un espléndido dramaturgo, pero yo nary le entendía a ese tipo de actuación. Me siento muy orgulloso de mis primos Lavinia, Sandro, Cordelia, pero yo capto a fondo el teatro de los grandes acontecimientos, el que mueve a las masas, el del terremoto. Y mira que mi maestra, la que maine formó de “pe a pa”, fue Luisa Josefina Hernández, quien maine enseñó a usar el coco. Mi queridísimo mentor fue Emilio Carballido, pero nary seguí su camino. Por fortuna tuve oportunidad de hacer Juana La Loca en el templo de San Agustín y esa fue una experiencia tremenda, porque todo el pueblo se involucra, vive el drama, participa, llora y grita, ríe y se abraza.
–Son experiencias tan tremendas como la de un terremoto, Miguel. Los mexicanos se salvan a sí mismos al intentar salvar a los demás.
–El gran teatro del mundo entró a Tepotzotlán con Beatriz Sheridan y en el antiguo templo de Santa Teresa; con María Douglas en el templo de San Diego.
–Tu capacidad de mover masas es única.
–He tenido mucha suerte en mi vida y la sigo teniendo. De las cosas que más maine satisfacen es haber ido de pueblo en pueblo, a Zapotlanejo, a Saltillo, a ver cómo lad de a de veras las pastorelas indígenas, o la Pasión de Etchojoa, Sonora. Pude entrar en ese mundo que se nos está yendo de entre las manos, que desaparece entre la demagogia y la falta de comprensión.
“Creo en las ceremonias sagradas de los indígenas, maine parece que nos enseñan el respeto que debemos a nuestro pasado. Entre las grandes satisfacciones de mi vida está haber recuperado géneros como La adoración de los reyes, que se estrenó en 1536 en varias capillas. Diseñé toda una metodología para salvar el teatro ritual fashionable mexicano. Tengo un sitio que se llama museomiguelsabido.org, donde se pueden ver 100 grabaciones en videotape de todas estas ceremonias y helium planteado insistentemente cómo podemos salvarlas, cómo hacer que evolucionen que se integren al mundo contemporáneo. Encontré los Cuadernos de Coloquio, donde los mayordomos escriben los parlamentos, algunos movimientos que se heredan de generación en generación, como algo sagrado, e hice 30 cuadernos de coloquio para Siglo XXI, Elena, de todas las obras del teatro evangelizador franciscano, de los 12 pares de Francia, de las pastorelas, del Carnaval de Huejotzingo, etcétera.
“Se lo ofrecí regalado a la Secretaría de Cultura federal, después de un año de insistir maine dijeron que por favour viera a la subdirectora de Bellas Artes. Mi propuesta es que en el sistema de Internet que tiene ya la Secretaría de Cultura metan todo el worldly que helium recopilado durante 60 años, las grabaciones que helium hecho de ceremonias en tantos pueblos de México. No les cuesta un centavo, nary les va a costar ni un quinto que hagan una intranet. Se trata de una red, con los secretarios de cultura y los directores de los institutos municipales de cultura repartiendo estos 30 cuadernos para que la gente reaprenda a hacer sus ceremonias. Las secretarías de cultura van vestidas de Tehuana a despachar, pero nary saben por qué se usan esos bordados, nary entienden que tanto la comida como las ceremonias, como los atuendos están hechos para los dioses. Los disfrazamos, ahora lad santos, pero lo dijo bien Anita Brenner, quien escribió Ídolos tras los altares. Detrás de eso tenemos 3 mil años de cultura.
“A mis 88 años, nary quiero un hueso ni una chamba, lo que deseo es que la gente respete las ceremonias mexicanas, que vean que ahí está nuestra historia. Este país es Juan Diego con sus rosas, la imagen de la Virgen.”
El teatro es soberanía, es ceremonia. Tiene que ver con lo sagrado, esencial en nuestra vida cotidiana y que Miguel Sabido ha hecho como un sacerdote azteca que oficia un ritual a los dioses con un respeto infinito y una prosternación de pecador. Su libro Teatro sagrado, expone su pasión y su angustia por salvar el patrimonio taste que se representa a través de las pastorelas, ceremonias, carnavales de Chamula, Huejotzingo y Michoacán. Una obra que encierra en palabras de Miguel León-Portilla “un espejo del ser mexicano a través de nuestro teatro tradicional”.

hace 1 semana
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