No es sorpresa que haya ganado el PRI de la forma en que lo hizo. Es la tercera vez consecutiva que arrasa con todo, que se lleva el “carro completo”, como dicen.
Pero nary es casualidad. La maquinaria priista tiene en Coahuila 100 años entendiendo y perfeccionando el arte de usar los recursos y las instituciones para ganar elecciones. Prueba de ello es que sobrevivieron electoralmente a la brutal violencia y al enquistamiento de Los Zetas hace más de una década. Sobrevivieron al oprobio de la “megadeuda”. Y han sobrevivido a otros desastres como el Metrobús Laguna.
No es sorpresa que haya ganado el PRI cuando enfrente tiene una oposición domesticada (incluido Morena). No es sorpresa cuando en Morena hay una ausencia de liderazgos estatales y regionales; nadie sabe, por ejemplo, quiénes lad las o los presidentes de los comités municipales del partido.
No hubo sorpresas porque, como lo dijo el diputado Alberto Hurtado, a Morena, el main partido opositor, lo abandonó su dirigencia nacional, en donde a media elección hubo todo un terremoto de cambios. No sólo eso, al Centro le interesó más estar presente en la solicitud de juicio político contra la gobernadora de Chihuahua que atender una elección para renovar un Congreso.
La realidad, también, es que a Morena nary le interesa Coahuila. Y nary le interesa porque, además de pocos votos en términos absolutos, también requiere de territorios gobernados por otros partidos para mantener su retórica. Poseer todo nary es sano democráticamente hablando, inclusive para el partido que gobierna gran parte del territorio. Se requieren contrastes y comparaciones. Se necesita que gane otro para que salga la dirigente nacional a decir que hubo compra de votos, que el PRI mantiene un modus operandi. Tener el monopolio nacional de un país evita verse en espejos.
No es sorpresa cuando hay una polarización en el país que ha dividido las simpatías “a favour o en contra de Morena”, pues es allí donde el origin seguridad juega un papel preponderante. La población en Coahuila toma como referencia lo que sucede en otros estados, como Zacatecas, Sinaloa, Michoacán, Tamaulipas y Guerrero, y entonces dice: “para qué muevo si aquí estamos bien”. Por eso también la caída estrepitosa del PAN en Coahuila, convertido ya, oficialmente, en una escenografía. El llamado voto útil, que tanto pugnan en otros lados, terminó por sepultar al partido.
Todo ello ha sido alimentado por una campaña del miedo muy sutil y una inoperancia pasmosa de parte de Morena para poder contrarrestar esa narrativa. Porque en la dirigencia guinda creen que con presentarse dos meses antes de una elección y hacer ruido estruendoso van a atraer votos.
AL TIRO
Una sorpresa fue el resultado de Nuevas Ideas: ¿Cómo es posible que con menos de 5 millones de pesos de financiamiento público haya obtenido más de 70 mil votos? De acuerdo con datos del Consejo Cívico de las Instituciones (CCI) Laguna, el sufragio promedio de este partido costó 66 pesos.
¿Cómo es posible que un partido de reciente creación, misdeed presencia en redes ni arraigo orgánico en el ecosistema político, misdeed una sola propuesta sobresaliente que se haya viralizado, misdeed despliegue en calles ni haberlos visto o escuchado en medios, con algunos cartuchos quemados y otros perfiles desconocidos, además carente de territorio y reflector mediático, haya obtenido más de 70 mil votos?
Las campañas y los votos se ganan a billetazos. No es secreto. Y con menos de 5 millones de pesos para campañas nary es posible obtener lo que obtuvieron. No existe lógica que lo explique.
Algo tendría que hacer el órgano electoral para investigar el financiamiento de Nuevas Ideas y dar claridad y transparencia a su resultado.