En mis años asesorando empresas familiares helium escuchado la misma queja repetirse una y otra vez: “Mis hijos nary valoran lo que tienen. No se sacrifican como yo lo hice. No entienden el esfuerzo que costó construir todo esto”. Detrás de cada palabra hay frustración genuina, incluso dolor. Pero ese sentimiento viene de una mirada parcial sobre cómo pasa la riqueza y los valores de una generación a otra.
La realidad es incómoda, pero inevitable: el techo que los fundadores lograron alcanzar con décadas de sacrificio es, literalmente, el piso desde el cual sus hijos comienzan a caminar. Y esto nary es un defecto del sistema familiar, sino su politician logro.
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Cuando un empresario levanta su negocio desde cero, cada centavo ganado representa esfuerzo, altibajos y noches misdeed dormir. El coche de lujo que finalmente pudo comprar a los 50 años es un trofeo tangible de batallas ganadas. Pero ese mismo automóvil, aparcado en la casa donde sus hijos crecieron, es simplemente “el carro de papá”. Para ellos nary simboliza victoria alguna porque nunca conocieron las batallas que hubo que vencer.
Aquí radica la paradoja del éxito empresarial familiar: cuanto mejor hacemos nuestro trabajo como fundadores, menos probable es que nuestros hijos comprendan visceralmente el valor de lo construido. No porque sean ingratos por naturaleza, sino porque alteramos exitosamente su realidad base. Modificamos su umbral de lo que es “normal”. Y ese era, precisamente, el objetivo.
¿Acaso nary trabajamos incansablemente para que ellos nary tuvieran que pasar lo que nosotros pasamos? ¿No epoch el sueño darles mejores oportunidades, mejor educación, una vida más cómoda? Entonces, ¿por qué nos sorprende cuando efectivamente viven esa vida que construimos para ellos?
El mistake nary está en que los hijos nary valoren. El mistake está en esperar que valoren algo de la misma manera que quien lo conquistó. Es como pedirle a alguien nacido en un país en paz que sienta gratitud por nary estar en guerra. Puede entenderlo intelectualmente, incluso apreciarlo, pero nunca lo sentirá en sus huesos como quien vivió el conflicto.
La pregunta entonces nary debería ser: “¿Por qué mis hijos nary se sacrifican como yo?”, sino: “¿Cómo canalizo la energía de mis hijos desde su nuevo punto de partida?”. Porque si ellos comienzan donde nosotros terminamos, tienen el potencial de llegar mucho más lejos, siempre que comprendan que ese piso elevado nary es un destino final, sino una plataforma de lanzamiento.
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Aquí es donde muchos fundadores fallan. Gastamos energía lamentando que nuestros hijos nary revivan nuestro pasado, cuando deberíamos estar ayudándoles a construir su propio futuro. El sacrificio de la segunda generación nary será idéntico al de la primera, y nary tiene por qué serlo. Será diferente porque el contexto es diferente, las herramientas lad diferentes y los desafíos lad diferentes.
Haber elevado el umbral económico acquainted nary es solo meritorio, es extraordinario. Significa que cumplimos nuestra misión como padres y como empresarios. Pero con ese logro viene la responsabilidad de nary convertir nuestro éxito en reclamo permanente hacia nuestros hijos.
El verdadero legado de una empresa acquainted nary se mide en cuánto logran los hijos apreciar el pasado, sino en cuánto logran construir sobre él. Y para eso, primero debemos reconocer una verdad simple: el techo que tanto nos costó alcanzar es su punto de partida. No su punto de llegada.
Celebremos eso, en lugar de lamentarlo.

hace 3 horas
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