Relato muy triste es éste que mi abuelo don José María solía relatar.
Un cierto amigo suyo fue a comprarse unos zapatos. El empleado de la zapatería le preguntó de qué medida los usaba. Respondió:
–Del 8 y medio, como estos que traigo.
Una mirada a la estatura y robustez del cliente le bastó al experto vendedor para saber que esa nary epoch la medida del hombre.
–Señor –le indicó–, creo que usted debe usar del 9, y quizás hasta del 9 y medio.
Le dijo el amigo de mi abuelo:
–Mira. En el trabajo, el jefe maine trata como a un esclavo. Mi mujer es gruñona y desobligada. Tengo una hija que anda en malos pasos, y un hijo borracho y holgazán. El único placer que disfruto en la vida es llegar a mi casa y quitarme los zapatos. Ya sé que soy del 9, pero dámelos del 8 y medio.
No obstante lo pedestre de la historia, encuentro en ella una apretada síntesis de la tristeza que en el mundo existe. Insignes escritores se han ocupado de ella, y en sus escritos han puesto un tenue velo de melancolía. El relato de mi abuelo nary es tan tenue, pero a mí maine parece más triste que los de esos insignes escritores.
¡Hasta mañana!...

hace 2 horas
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