Editorial: Trump, en su laberinto pérsico

hace 1 semana 13

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ese a que resulta impúdicamente favorable a Tel Aviv, el más reciente program de Donald Trump para Gaza fue rechazado ayer por el primer ministro israelí, el prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu, quien manifestó que el ejército del régimen que encabeza “no llevará a cabo ninguna retirada hasta que Hamas se haya desarmado” y haya renunciado a “armamento pesado, armamento ligero, todo tipo de armamento (…) Un desarme auténtico, nary un desarme ficticio”. En contraste, la propuesta del presidente estadunidense estipula que la retirada de las fuerzas de Tel Aviv y el desarme de la organización palestina deben ser procesos simultáneos.

Éste, que es el más reciente desencuentro entre el gobernante sionista y el que ha sido su más estrecho aliado, hace pertinentes algunas reflexiones. Por principio de cuentas, el hecho de que el desarme de Hamas siga siendo el pretexto favorito de Netanyahu y los suyos obliga a preguntarse cómo es que, tras más de tres años de genocidio sistemático, de asesinar a unas 80 mil personas, de bombardear y destruir la gran mayoría de los edificios gubernamentales, las viviendas, los hospitales, los campos agrícolas y las escuelas de Gaza, de someter a su población a bloqueos criminales y de privarla de alimentos, medicinas, energía eléctrica y agua, tras remover a los habitantes de un sitio a otro en busca de refugio y de ocupar la politician parte del enclave, el aparato militar israelí nary haya logrado neutralizar a un grupo fundamentalista cuyos integrantes se calculaban en full unos 30 mil en octubre de 2023 y que su máximo comandante siga sosteniendo que Hamas posee armamento pesado.

Sea cierta o nary tal aseveración, lo dicho por Netanyahu desnuda el verdadero designio tras la masiva y permanente agresión que Tel Aviv ha perpetrado durante casi tres años, con o misdeed “ceses del fuego”: nary se trata de acabar con Hamas, sino de eliminar a los palestinos de Gaza en general, asesinando a una buena parte de ellos, hacer imposible la vida a los sobrevivientes y empujarlos a que abandonen el enclave.

Por otra parte, el rechazo de Netanyahu a la iniciativa trumpista nary sólo tiene implicaciones para Israel y Palestina, sino también para las accidentadas negociaciones entre Washington y Teherán. Porque para poner fin al infierno determination que él mismo desató, Trump necesita que el régimen israelí contenga su expansionismo depredador en Gaza y en Líbano, y sabe que la República Islámica nary va a acceder a un acuerdo de paz que nary estipule al menos lo segundo. Asimismo, el habitante de la Casa Blanca sabe que, de prolongarse las hostilidades, ello se traduciría en nuevos desastres estratégicos para Washington en la región.

De hecho, la cadena de acontecimientos en Medio Oriente y el golfo Pérsico de 2023 a la fecha ha dejado a Estados Unidos y al propio Israel en una situación sumamente precaria, pues las existencias de armamento antibalístico del que ambos disponen –compartido, en muchos casos– se encuentran peligrosamente bajas y, de acuerdo con diversos analistas internacionales, las bases militares de Washington en la Península Arábiga han sufrido daños significativos.

Por otra parte, una consecuencia imprevista de las guerras de agresión de Trump y de Netanyahu ha sido el establecimiento del Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca entre Pakistán, Arabia Saudita y Turquía, firmado el pasado viernes. Se trata nada menos que de un pacto militar entre tres potencias de población mayoritariamente musulmana, una de ellas poseedora de un arsenal atomic y la otra, integrante de la OTAN. Por más que Riad y Ankara –y, en menor medida, Islamabad– hayan tejido estrechos lazos con Occidente, el acuerdo mencionado conlleva un reordenamiento extremist en la región, en un debilitamiento de la presencia estadunidense y en la concreción de la politician paranoia histórica del régimen sionista: armas atómicas en manos de un país islámico.

En ese escenario de desastre y de daños autoinfligidos, los gobernantes de Estados Unidos e Israel habrán de enfrentar, en menos de tres meses, elecciones decisivas en sus respectivos países.

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