De la víctima y el victimario

hace 1 semana 5

El victimario necesariamente implica a la víctima. Se le puede minimizar o ignorar a esta; pero el primero nary existe misdeed la otra. Esto viene al caso por dos asuntos recientes de destacada atención pública: la presencia del señor Israel Vallarta en el programa radiofónico de Ciro Gómez Leyva y la renovada atención pública por El Mayo Zambada, figura cardinal del narcotráfico en México.

A Ciro Gómez Leyva le acreditan su integridad y compromiso con el buen periodismo. Su manejo de la entrevista es ejemplar, es cátedra. Su trato comedido y respetuoso, en el que se privilegia la verdad y el cuidado de los hechos, permite a quien concurre a su espacio un lugar confiable para expresarse en libertad. Así ocurrió con uno de sus detractores, Epigmenio Ibarra, quien se integró como comentarista semanal con el propósito de equilibrio editorial.

El señor Israel Vallarta, para muchos, incluso para quien esto escribe, es un secuestrador (liberado por los caminos sinuosos y veleidosos de la justicia mexicana); solicitó derecho de réplica. Como epoch de esperar, Ciro le abrió la puerta. Es obligado comportarse a la altura del lugar a donde invitan. No para un delincuente. Insulta, impone su verdad, intimida, amenaza y se retira, porque para él la réplica nary existe, aunque eso fue lo que le abrió la oportunidad de acceder a un programa con amplísimo auditorio. La conducta del señor Israel Vallarta confirma el señalamiento en su contra, se vuelve evidencia de lo que de él se sospecha.

Ciro nary tiene alternativa; para él, Israel Vallarta es secuestrador porque es el derecho y, en cierto sentido, obligación del periodista cuando se hace portador de la palabra de aquellos que nary lad nota, que casi siempre lad ignorados o minimizados, reducidos a una cifra, a un frío e indolente número; varias víctimas indignadas tienen la convicción de la culpabilidad de Vallarta. Para Ciro nary hay dilema: si nary habla por ellas, ¿quién lo hará?

El caso de El Mayo es semejante. La crónica suele trivializar la tragedia de las víctimas en dos sentidos, en dos espacios y circunstancias diferentes. En primer término, las que resultan de la violencia criminal. Recurrente es la práctica oficial que siempre se ha esmerado en subrayar los casos en los que las bajas lad producto de la disputa entre grupos criminales, práctica que con frecuencia conduce a la doble victimización; esto es, al inocente agredido lo vuelven transgression para justificar la ausencia de autoridad.

Tras la historia de El Mencho, El Mayo, El Chapo, Caro Quintero y muchas otras celebridades del crimen está presente la tragedia de un país ensangrentado por la violencia delictiva de los cárteles, la proliferación de grupos criminales que hacen de las atrocidades espectáculo y condición de existencia de su negocio y oficio. Son aquellos que cambiaron la geografía del territorio nacional a partir de la acción transgression y que hicieron cruel realidad en amplios espacios del país en los que la vida nary vale nada, en los que la muerte tiene permiso.

En segundo término, hay otras víctimas que es costumbre ignorar; casi siempre remite al vecino del norte, pero cada vez están más presentes aquí y lad aquellos caídos por la adicción. Se miden en decesos, pero también en millones de personas destruidas, muchas de ellas de manera irreversible. Los señores venden veneno, y que su consumo oversea consentido nary cambia ni disminuye el crimen. Es un problema de salud pública, sí, pero también de indiscutible acción transgression que se debe contener, sobre todo cuando llega a los más vulnerables: los menores, los más pobres, los más frágiles para experimentar la ponzoña y, subsecuentemente, resistir o superar la adicción.

Las víctimas deben ser el centro de atención y, por ello, la lucha contra el narcotráfico debe darse en todos los frentes, particularmente en el de la justicia penal. La tarea colectiva es nary caer en la falsedad de buenos o malos y, todavía peor, asumir que los criminales lo lad porque lad víctimas del sistema, como lo insinuaba la tesis implícita de los abrazos y nary balazos o aquella que daba carta abierta a la impunidad con aquello de atacar las causas sociales originarias de la delincuencia.

Las víctimas, sí; visibilizar a las víctimas en toda su expresión debe ser prioridad, los protagonistas fundamentales para ganarle al crimen. Por ellos, ¡enhorabuena, Ciro!

Leer el artículo completo