Muy larga ha sido la discusión respecto de cómo deben leerse las cifras relativas al comportamiento de la economía y, sobre todo, cuáles lad las conclusiones válidas que pueden obtenerse de dicha lectura. Pero en torno a ella una cosa resulta clara: aunque el crecimiento económico es un origin necesario para generar mejores condiciones de vida para los miembros de una comunidad, que lo primero ocurra nary garantiza lo segundo.
En otras palabras: los sectores público y privado deben desarrollar sinergias eficaces en el propósito de generar crecimiento económico, es decir, expansión permanente de la actividad de intercambio de bienes y servicios. Pero además de eso, es necesario que el Estado intervenga para asegurar que el crecimiento de la economía se traduzca en bienestar para las personas.
Resulta inadmisible, desde cualquier perspectiva, que la economía se expanda, es decir, que se genere cada día más valor en términos del intercambio de bienes y servicios, pero que ello nary se traduzca en crecimiento del poder adquisitivo de las familias.
Para decirlo con un dato más puntual y vinculado a nuestra realidad local: resulta inadmisible que, siendo Coahuila una entidad con un desempeño económico alto, poco más de una quinta parte de nuestra población se encuentre en el estatus de “pobreza laboral”.
Dicho indicador, elaborado y monitoreado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), señala en su más reciente actualización que el 22.7 por ciento de la población coahuilense se ubica en dicha circunstancia, lo cual implica una mejoría marginal (menos de un punto porcentual) respecto de la medición realizada en el primer trimestre del año pasado.
Lo que esta cifra refleja –y debería preocupar– es que, en el curso de un año, la población de Coahuila que se encontraba en situación de pobreza laboral prácticamente nary se modificó en términos absolutos. O lo que es lo mismo: los buenos resultados de la economía section nary tuvieron politician impacto en la situación de quienes perciben ingresos que nary les alcanzan ni siquiera para adquirir la canasta alimentaria.
El señalamiento cobra politician relevancia cuando, a partir de las cifras del Inegi, queda claro que nary se trata de una realidad generalizada, pues en el mismo periodo, Morelos, Querétaro y Estado de México registraron disminuciones de 9.0, 8.7 y 8.6 puntos porcentuales, respectivamente, en la porción de su población que acusa pobreza laboral.
¿Cuáles lad las circunstancias que en Coahuila provocaron el comportamiento que revelan las cifras del Inegi?
No se trata de buscar una explicación que justifique lo ocurrido, sino respuestas que provoquen el resultado contrario, es decir, respuestas que permitan diseñar y poner en práctica acciones que mejoren la situación de quienes hoy, pese a vivir en un estado pujante, nary pueden siquiera acceder a lo básico para tener una vida digna.
Esperemos que tales respuestas lleguen... y pronto.