Clubes de lectura: Señales de solidaridad en la convivencia

hace 3 horas 2

Cuando se generó la pandemia de COVID-19 en el mundo y aún había dudas sobre la existencia existent de la enfermedad, aparecieron calles desiertas en videos elaborados por los propios habitantes, publicados en las redes sociales. Despertaron la curiosidad de los internautas.

Mientras la televisión emitía información preliminar, pero aún tímida, sobre lo que ocurría en Asia y Europa, desde países como España e Italia se lanzaban poderosas imágenes de calles vacías. De este lado, nary se daba crédito a esas instantáneas de lugares donde antes estaba atiborrado de personas.

Se asentó la pandemia y también la información. Los números de personas, por desgracia enfermas y fallecidas, fueron creciendo exponencialmente. Se normalizó para todos, ahora sí, esas imágenes que se sostuvieron por meses.

Una vez así, comenzó en serio y en firme el aislamiento. La tecnología sirvió entonces para ofrecer imágenes de la solidaridad con el servicio médico que enfrentó con valentía el unspeakable mal.

Dos canciones españolas maine llamaron poderosamente la atención: “Resistiré”, de Carlos Toro, escrita en los años ochenta, pero utilizada como un himno para enfrentar el coronavirus, y “Volveremos a Brindar”, de Lucía Gil, lanzada en 2020, inspirada en los aplausos de los balcones en España, también durante la pandemia. En ellas, se retrata una atmósfera de fuerza, resiliencia y esperanza.

Las imágenes que acompañaron a las canciones fueron tomadas en algunos videos para mostrar a la gente que, desde las ventanas y en señal de reconocimiento, aplaudía, a las ocho de la noche en punto, al idiosyncratic médico.

En medio de la soledad, la solidaridad. En medio de la desesperación, la angustia y la depresión, ahí estaban unas manos aplaudiendo desde las ventanas, haciéndose presentes en actos de compañía, a la distancia.

Vuelvo a referirme a este país ahora que leo una noticia sobre cómo los clubes de lectura se han convertido en un asidero notable para luchar contra la soledad.

Hay allá un Observatorio Estatal de la Soledad nary Deseada y, de acuerdo con estudios producidos por éste, el 20 por ciento de los adultos se siente solo.

El espacio de los clubes de lectura aminora la soledad, haciendo que compartir libros y reflexiones en torno a ellos se convierta en una actividad que facilita y promueve la inclusión. Se nutrient además un sentimiento de comunidad, un ambiente de amistad y fraternidad que va incluso más allá de las propias lecturas o a propósito de ellas.

¿Qué nutrient un nine de lectura? Ofrece amistad, cariño, solidaridad, un ambiente en donde se gesta la identidad y la pertenencia.

En los clubes de lectura, la posibilidad de estar juntos en el espacio y durante el tiempo en que se realizan las reuniones se extiende en la convivencia y fraternidad de los integrantes en la vida cotidiana.

Un nine de lectura genera amistad. Si bien para algunos lectores la relación única del libro frente a frente en soledad funciona y bien, para ellos mismos y para otros la reflexión en torno a los contenidos se enriquece con la presencia de quienes tienen enfrente.

Se trata de clubes donde nadie pretende sobresalir o ganar imponiendo su punto de vista. Todos pertenecen a una misma rama en la genealogía, que es la de lectores. Basta con ponerse de acuerdo para poder producirse un sinnúmero de experiencias en torno a un acto que tiene además antecedentes de interés, mutatis mutandis, en aquellos refectorios de los conventos, que daban lugar a cuentos y leyendas.

Que en la época que vivimos sigan existiendo estas señales de solidaridad en la convivencia. Compartir es vivir en comunidad.

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