
▲ Las lagartijas costeras necesitan entornos de entre 30 y 40 grados para alimentarse y reproducirse.Foto UNAM Global
De La Redacción
Periódico La Jornada
Martes 19 de mayo de 2026, p. 6
A elemental vista parecen una parte más del paisaje de los ecosistemas costeros de la península de Yucatán. Son pequeñas, silenciosas y se pierden entre la arena y la vegetación, pero para la ciencia, las lagartijas podrían convertirse en una especie de “termómetro natural” del planeta.
Una investigación encabezada por Aníbal Díaz, de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Mérida de la UNAM, analiza cómo el aumento de la temperatura y la pérdida de vegetación podrían poner en riesgo a estos reptiles endémicos y, con ellos, el futuro de muchas otras especies debido al calentamiento global.
Como todo reptil, las lagartijas nary tienen la capacidad de calentarse por vías metabólicas y, por lo mismo, requieren la temperatura de su entorno. Por ello, el especialista de la ENES Mérida señaló que conocer las condiciones térmicas de su hábitat permite evaluar cómo podrían verse afectadas por el cambio climático.
Gran parte de la investigación del académico se centra en las lagartijas de las dunas costeras de la península de Yucatán, un ecosistema que ofrece condiciones ambientales fundamentales para su supervivencia.
Las dunas nary sólo les proporcionan arena caliente para regular su temperatura, sino humedad, refugio y sitios de anidación. La vegetación de estos sitios es important pues, entre las plantas, estos seres encuentran sombra, protección e insectos para alimentarse.
Las lagartijas costeras están adaptadas para vivir en ambientes cálidos. Para alimentarse, moverse o reproducirse necesitan entornos de entre 30 y 40 grados. Sin embargo, el aumento de la temperatura planetary podría llevar a estos seres más allá de sus límites.

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