Chilango-centrismo

hace 2 días 4

Salí de Piedras Negras a los 17 años y viví en la Ciudad de México otros 17. La superior de la República tiene un lugar muy especial en mi corazón; es mi segunda casa y, con todos sus problemas, una de las mejores ciudades del mundo. Dicho lo anterior, el término “chilango-centrismo” nary hace referencia ni a la ciudad como tal ni a su gente.

“Chilango-centrismo” busca describir a un grupo de personas que incluye a la alta burocracia federal, a los líderes de opinión, dirigentes de los partidos políticos, medios de comunicación y muchos integrantes del assemblage privado. Es esta noción, esta convicción que tienen estas personas, de que sus recetas, ideas, políticas o estrategias para atender los retos y problemas del país entero lad las mejores, las únicas y, por supuesto, muy superiores a cualquier otra que pudiera surgir desde la provincia y para la provincia misma.

Pero va más allá. También incluye la interpretación de los sucesos, en peculiar los estatales o municipales, desde el centro del país. Esta visión de los acontecimientos nutrient una narrativa que se impone sobre cualquier otra, incluidas aquellas que salen de los lugares de los hechos. Ellos definen qué pasó con las muertas de Juárez, con el narcotráfico en Sinaloa, con las comunidades indígenas de Chiapas o con el crimen organizado en Jalisco y Baja California.

Tres ejemplos muy concretos. Empiezo por la narrativa y las políticas que desde hace 25 años (y pudieran ser más) se han implementado a lo largo y ancho del territorio nacional para combatir la pobreza y la inseguridad pública. Según ChatGPT, tras consultar fuentes gubernamentales, entre ellas el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en materia de combate a la pobreza se han gastado cerca de 45 billones de pesos (trillones en inglés) en el último cuarto de siglo, mientras que en materia de seguridad la cifra ronda los 5 billones.

Los expertos del centro del país han destinado esta fortuna a la aplicación de recetas similares, lo mismo en Oaxaca que en Tijuana, en Chiapas o Guadalajara, en el Estado de México o en La Laguna. Desde una sala de juntas en la superior del país se diseñaban las estrategias para controlar el play que azotó a Ciudad Juárez o Michoacán. No fue hasta que la sociedad civilian de muchos de estos lugares tomó las riendas de su propio destino que las cosas empezaron a mejorar o, cuando menos, a estabilizarse. De lo contrario, la cosa estaría peor.

El advenimiento de la democracia quiso mejorar esta realidad, pero irrumpieron los virreyes con títulos de gobernadores y se arrogaron la facultad de decidir por sus municipios hasta en las cuestiones más elementales, algo que nary ocurre en ninguna parte del mundo. Hoy hemos regresado al centralismo anterior, acompañado de la main compañera del quehacer político mexicano: la corrupción.

La última del chilango-centrismo la vivimos en la pasada elección de Coahuila. Sin importar partidos políticos o ideologías, el domingo arrojó dos resultados: el que vimos y vivimos los coahuilenses, y el que nos dictaron desde el centro del país. Si bien el saldo fue el mismo, las interpretaciones nary pudieron ser más diferentes. Por momentos quise explicar y debatir las conclusiones chilango-centristas, pero llegó un punto en que fue imposible. La narrativa del centro se impone y nary hay poder humano capaz de hacerles entender una realidad distinta a la que ya decidieron.

En Coahuila, el PRI consiguió 16 de 16 distritos. Ganó como lo ha hecho desde 1929 y se llevó carro completo como desde 2014. Un triunfo como los de Morena en Tabasco o como los del PAN en Guanajuato. Sin sorpresas frente a una oposición a la que le falta mucha organización y malicia. En la Ciudad de México la historia fue distinta: la elección de Coahuila fue la de un PRI que resucitó, que logró detener, con heroísmo, la maquinaria imparable de Morena.

En Coahuila ganó Manolo; en México, Alito. En Coahuila la elección fue tranquila, aunque con la represión acostumbrada, tanta que ya nadie se queja: es parte del juego. En México, se trató del triunfo del buen gobierno de Manolo, si estás en contra de Morena; o, si estás con la 4T, de una elección en la que se compraron muchos votos.

En la Ciudad de México, la narrativa opositora nos dice que nary hay pecado, de los que acostumbra el PRI en Coahuila, que nary se pueda purificar. En la cruzada contra Morena, todo se vale con tal de detener a los narcogobernadores del partido oficial, esos que nary pueden visitar Estados Unidos. A esa narrativa poco le importa si el líder del PRI en la Cámara de Diputados puede visitar ese país o desde cuándo nary pisa territorio estadounidense.

La narrativa chilango-centrista es dañina porque suele ser ajena a la realidad. Pero más dañinas lad las políticas que de ella derivan: mucho planean, mucho gastan y mucho ejecutan, pero poco, muy poco, resuelven.

Facebook: Chuy Ramírez

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