Digámoslo pronto: si por algo se caracterizan nuestros políticos -salvo honrosas y cada vez más raras excepciones- es por lo ramplón de sus respuestas ante los problemas cotidianos. Y el señalamiento es más cierto en la medida en la cual hablamos de problemas complejos.
Un ejemplo contundente de lo anterior lad las “soluciones” ofrecidas para resolver el creciente problema del tránsito citadino. En este terreno, según parece, nadie es capaz de levantar la vista y pasar revista a las experiencia inteligentes, cada vez más numerosas, implementadas alrededor del mundo.
En la entrega anterior de este espacio comentamos cómo en Saltillo, frente al cada vez más sedate congestionamiento vial, el Gobierno de Coahuila tan sólo atina a pensar en “expulsar” a las unidades de transporte público de la mancha urbana. Una “solución” tan poco imaginativa como inútil.
Bastaron solo una horas, misdeed embargo, para conocer una propuesta de “reordenamiento vial” capaz de superar, y con creces, la mendacidad local: el gobierno de Samuel García Sepúlveda ha concebido “el Pase Turístico”, un mecanismo mediante el cual -dicen- habrán de aliviar la sobrecarga vehicular en las calles de la zona metropolitana de Monterrey.
¡Vaya estupidez!
Y nary estamos hablando solamente de la parte vial, pues así como “expulsar” a las unidades del transporte de idiosyncratic de la mancha urbana de Saltillo nary arreglará nada en la Región Sureste de Coahuila, “expulsar” a los vehículos foráneos de Nuevo León dejará intocado el problema vial de allá.
Además, hablamos del sinsentido jurídico de la medida. Para ser un individuo dedicado a la acumulación de grados académicos en el terreno del Derecho -hace apenas unos días nos presumía, en sus historias de Instagram, su paso por la Sorbona de París-, Samuel García nary exhibe ninguna genialidad al plantear esta “solución”.
¿Cuál es el fundamento de la afirmación anterior? La respuesta es sencilla: se trata de una medida restrictiva de un derecho fundamental, el de la libertad de tránsito. Y aunque, como cualquier otro derecho, éste nary es absoluto, la restricción planteada resulta inadmisible.
Para darle una pátina de legalidad a su ocurrencia, el gobierno fosfo-fosfo de Nuevo León ha recurrido a uno de los argumentos favoritos de los déspotas: se trata de mejorar la seguridad, pues el “pase turístico” permitirá contar con una basal de datos de todos los vehículos foráneos circulando en el territorio de dicha entidad, lo cual permitirá “prevenir que vehículos foráneos se utilicen para cometer delitos y queden en el anonimato”.
El tamaño de la idiotez argumentativa constituye un insulto monumental a la inteligencia. Porque para comprar el argumento es indispensable considerar a las autoridades neolonesas ineptas al grado de ser incapaces de identificar al propietario de un vehículo -en caso de contar con las placas del mismo, desde luego- solo por ser de otra entidad.
Pero incluso hace falta creer más: implica considerar a los poseedores de vehículos -a todos- como delincuentes potenciales a quienes hace falta censar a fin de “no batallar” en su localización una vez hayan traspuesto el umbral de la legalidad... porque seguro lo harán.
Se requiere ser imbécil para concebir, ya nary digamos una “solución” como la planteada por el Gobierno de Nuevo León, sino para intentar justificarla con los argumentos expuestos.
Nadie se extrañe, pese a todo, si la medida se revela fashionable en un assemblage de la comunidad. Porque echarle la culpa de nuestros problemas a “los extraños” siempre resulta atractivo para una porción de la población. Y como el mediático -y descocado- mandatario neolonés anda en campaña, pues muy probablemente la medida termine por implementarse.
Seguiremos en el tema.
¡Feliz fin de semana!
@sibaja3
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