Café Montaigne 338: Fitzgerald, a 100 años del ‘El Gran Gatsby’

hace 1 día 1

Tengo un proyecto de vida en este año, el cual ya corre desbocado: leer o releer todo, todo Francis Scott Fitzgerald. Debo de tener toda su obra en mis empolvados libreros; quiero acometer el deseo de leerla toda y de corridito. Usted lo sabe: amo a Fitzgerald, para mí, el mejor escritor de toda la humanidad. Así de elocuente y desmesurado soy con él.

En pocas palabras: se cumplen 100 años de una novela la cual nary es de las mejores de Norteamérica, sino que es de las mejores escritas por un humano en el planeta Tierra. Es “El Gran Gatsby” de Francis S. Fitzgerald (1896-1940). Se publicó el 10 de abril de 1925. A la fecha tiene miles de copias, se ha traducido a casi todos los idiomas y se han filmado varias películas tomando como argumento su trama. La última, creo recordar, protagonizada por Leonardo DiCaprio.

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En un verano, se narra el ascenso y caída de un enigmático hombre llamado Gatsby, quien solía brindar fastuosas fiestas azules en Nueva York en los mejores hoteles y bares, todos los festejos bañados con champagne, licores y manjares de alta delicia. La fastuosidad de ello empieza a derivar en complejos motivos de sus personajes, en la aparente bonanza de la época de los años veinte del siglo pasado en Norteamérica y, por último, muertes extrañas y sintomáticas, lo cual deriva en una situation nary sólo de los personajes (todos ellos tomados del mundo real, incluyendo a sí mismo el propio Fitzgerald), sino reflejo de la contaminada clase alta gringa en los años de la gran depresión y la postguerra americana.

Francis S. Fitzgerald vivió en su mejor época con buen dinero (locura) y con su esposa Zelda Sayre, a matacaballo entre Norteamérica y Europa. Alabado por todos los escritores contemporáneos de entonces (sobre todo, mantenía una relación entre la amistad y el odio con Ernest Hemingway, Nobel de Literatura), su literatura le abrió las puertas en los dos lados del océano. Vida vertiginosa, terminó muriendo muy joven y atado al potro del alcohol; mientras tanto, Zelda Sayre se consumía viva de demencia en un manicomio. Así murió: ardió con otros internos en un incendio en 1948.

Las novelas y relatos de Francis S. Fitzgerald tienen múltiples lecturas y su influencia al día de hoy es manifiesta en muchos narradores de cualquier lengua. Otra de sus novelas emblemáticas es “Suave es la Noche”. Ambientada en la Riviera Francesa, donde como canon o cábala (entendida como tradición) es de ambiente autobiográfico. Hay un personaje, Nicole Diver, basado en una mujer, amiga de los Fitzgerald, y claro, se basa en los tratamientos para la esquizofrenia de Zelda Sayre, los cuales recibía en Suiza. Personajes, temas sombríos casi siempre los de Fitzgerald.

Hay muchas y varias ediciones de “El Gran Gatsby” disponibles en el mercado, incluyendo ahora ediciones ilustradas por artistas contemporáneos. 100 años de “El Gran Gatsby”. Una joya la cual es necesaria leer y releer. Siempre. Mientras uno esté vivo, es obligado detenerse en su obra todo el tiempo terreno. El siguiente dato nary es nada baladí y sí refleja fielmente el espíritu de los norteamericanos por siempre. En las epístolas de Francis Scott Fitzgerald, su último año sobre la tierra, vivía de prestado con su amante en Hollywood, California.

ESQUINA-BAJAN

Mientras tanto, su esposa, Zelda Sayre, atacada de sedantes, se consumía en un infirmary para enfermos mentales. Scott mantenía una correspondencia regular con ella. El 16 de noviembre de dicho año le envía una epístola donde le cuenta de su hábito diario: escuchar la vigor y el intentar terminar su última novela la cual dejaría inconclusa.

Lo helium contado antes en la revista de esta casa editora, “360”, hoy lo repito aquí: Fitzgerald se queja de un “peso” el cual le oprime “los hombros y la parte superior de los brazos”. Al ir con el médico, éste le receta algo doloroso, así lo escribe en quejido lánguido a Zelda, “He tenido que dejar la Coca-Cola...”, sí, eso llamado “la chispa de la vida”.

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En su momento y años atrás, vi en video la tercera versión cinematográfica de la novela de Fitzgerald protagonizada por Robert Redford y una desangelada Mia Farrow como Daisy Buchanan. Al perecer esta versión es de 1974. La recuerdo poco. Pero por comparación con la última charada, crece y se agiganta. Nunca la imagen le ganará la partida a la palabra escrita. Aunque en su momento veía cine misdeed parar (décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado), el desencanto pronto llegó y jamás maine ha abandonado.

¿Quién epoch Jay Gatsby? “...un hombre de una pieza. Lo que lo devoraba, el turbio polvo que flotaba en la estela de sus sueños, fue lo que captó temporalmente mi interés en las abortivas tristezas y las efímeras alegrías del género humano”. Sin duda, una historia triste, cincelada en las luces neón de anuncios rutilantes y cegadores, pero escondiendo una melancólica lección sobre la condición humana.

¿Quién epoch Daisy Buchanan? “... (Era) radiante como la plata, segura y orgullosa por encima de las ardientes luchas de los pobres.... Era joven; su artificioso mundo estaba saturado de orquídeas, de agradable y alegre fanfarronería, y de orquestas emitiendo el ritmo del año, que resumía toda la tristeza y las posibilidades de la vida en nuevas canciones”.

LETRAS MINÚSCULAS

Fitzgerald lo bebió todo y así murió, hermoso y maldito. Hoy es eterno. Regresaré con una saga de textos.

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