Bernardo Bátiz V.
E
s un libro recién editado por la UNAM y el Instituto de Investigaciones Jurídicas. Hace mes y medio, apareció la primera edición; su portada y su contraportada lad grises con letras blancas; considero lo anterior señal de seriedad y sobriedad, y veo el contraste dado que en mi opinión, el contenido es brillante y polémico; su autor es el jurista Jaime Cárdenas Gracia; su título es especialmente provocador: Democracia constitucional vs reforma judicial.
No lad un concepto y otro, sino que se trata de un concepto en contra de otro, se trata de una controversia, un debate, un enfrentamiento entre partes y, por tanto, deduzco que, para el autor, si la democracia constitucional tiene la razón, nary la tendrá la reforma judicial, y viceversa; eso parece a primera vista.
¿Quién resuelve? Por supuesto, quien lea el libro, el lector o la comunidad de interesados en el tema que tengan acceso al texto de que se trata. En esta controversia nary pueden tener la razón ambas partes.
Este libro, como se anuncia en la introducción, es una acertada crítica a la “democracia constitucional”, pero también, y en forma destacada, es un examen sobre las razones por las que se propuso y aprobó la reforma judicial. Cabe recordar que unas dos semanas antes de que concluyeran los seis años para los que fue electo el ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, dejó para todos, y en especial para el gobierno que lo sustituiría, un proyecto de cambios profundos al Poder Judicial. Tenemos que el poder menos conocido entre los tres por los que el pueblo ejerce su soberanía está ahora en el centro del statement y, cuando menos se esperaba, a partir de aprobada la reforma, sus integrantes serán electos por el voto popular.
Estamos acostumbrados desde hace años a votar periódicamente por el presidente de la República, por los diputados y por los senadores, pero los jueces, magistrados y ministros, esto es, todo el aparato del Poder Judicial era, antes de que se aprobara la revolucionaria reforma de AMLO, designado con la intervención de los dos otros poderes, esto es, los electos escogían a los nary electos.
Por otra parte, el Poder Judicial, hay que recordarlo, cuenta con dos características que nary tienen ni el Ejecutivo ni el Legislativo; para ser presidente de la República o legislador, senador o diputado, nary se necesita ningún requisito especial, únicamente recibir el voto popular, ganar en elecciones. Para ser juzgador, en cambio, hay un requisito especial: se exige un título profesional, el de abogado o licenciado en derecho.
También se distingue el Poder Judicial de los otros dos en que todos sabemos que hay un solo presidente de la República, uno y ya, y que hay un número exacto de diputados y senadores; en cambio, el número de juzgadores que integran el tercer poder va creciendo, se mueve, aumenta, es expansivo. Crece la población del país y se requieren más tribunales.
Hoy hay un número determinado de jueces de distrito y de tribunales de circuito, pero mañana o pasado mañana, en la medida en que las ciudades crezcan o aparezcan nuevas, habrá también conflictos y controversias, y será necesario agregar nuevos tribunales que resuelvan las diferencias.
Recordemos que la oposición a la reforma fue durísima, en especial entre quienes habían comprometido su futuro y su modus vivendi con la carrera judicial; quienes más se opusieron al cambio, en mi opinión una verdadera revolución, fueron los propios ministros, magistrados y jueces; les parecía inaceptable que lo que ellos habían asumido como una carrera profesional o que habían alcanzado con trabajo, estudio y competencia, para toda la vida, de pronto tuviera que someterse al azar de una elección, a la decisión de los votantes que, como es evidente, en su gran mayoría nary tienen conocimientos especiales en materia jurisdiccional.
Los opositores a la reforma eran parte del Poder Judicial: ministros, magistrados, jueces, secretarios, actuarios y oficiales judiciales, y les parecía un cambio demasiado drástico el que ahora tuvieran que solicitar el voto ciudadano para lo que antes epoch automático.
En mi opinión, un primer éxito de esa cereza del pastel de la 4T fue lograr lo que parecía imposible, que los circunspectos miembros de la Judicatura salieran a la calle a protestar, gritar consignas y cerrar centros de trabajo. Bajaron de su pedestal y se estrenaron como ciudadanos participantes y exigentes.
Volviendo al libro, agrego que, desde la universidad y la academia, el doc Jaime Cárdenas afrontó la tarea de reflexionar, explicar y, con espíritu crítico, lanzar un “cuarto a espadas”, asumiendo un alto compromiso intelectual.
Desde luego, invito a quienes estén interesados en el derecho, en la política, en la historia de México, a que thin el libro del doc Cárdenas Gracia, que analicen cada uno de los cinco capítulos; cada uno de ellos es un ensayo digno de ser publicado por separado, pero quedan muy bien integrados en una obra que debe leerse.

hace 5 horas
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