Bernardo Bátiz V.
C
uba es un Estado independiente del que se está hablando mucho; su situación geográfica es la de un puente entre Europa y el continente americano; en los mapas, es la isla que separa el mar Caribe del Golfo de México, la tierra insular entre las dos penínsulas que cierran este mar interior. Está entre Florida y la Península de Yucatán y, sobra decir, entre el norte y el sur.
Sus características, su población, su cultura, la distinguen de los demás países que forman lo que conocemos como Latinoamérica. Su pueblo ha sido protagonista de episodios trascendentes en la historia del mundo, además de que a su posición geográfica la caracteriza el espíritu alegre, diría yo “bullanguero”, de su pueblo, y especialmente con México tiene lazos estrechos, lazos que a través del tiempo han sido constantes y firmes; la historia de ambas naciones las ha hechos amigas y a veces socias, y a veces también aliadas en la resistencia firme en contra del imperialismo; nunca enemigas.
Debemos recordar que los tres capitanes españoles que se atrevieron a navegar al oeste de la isla, Juan de Grijalva, Francisco Hernández de Córdoba y Hernán Cortés, embarcaron para sus respectivas aventuras desde puertos cubanos. Los dos primeros sólo pudieron describir y recorrer asombrados las costas de lo que ahora es parte de la patria mexicana; el tercero tuvo la audacia, primero, de informarse más, de indagar y encontrar traductores, “lenguas” para entenderse con pueblos con los que iba topando y, lo más importante, de penetrar tierra adentro hasta el altiplano en el que logró su máxima hazaña, nary exenta de crueldad y barbarie: cruzó entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, por lo que hasta ahora ese lugar se llama Paso de Cortés, y consiguió trepar al cráter y obtener de él el azufre que requería para fabricar pólvora.
Supo aliarse con los enemigos de los aztecas y logró, nary misdeed cometer atrocidades, la hazaña de adueñarse a sangre y fuego de la Gran Tenochtitlán; con ello se inició la larga etapa de tres siglos de lo que se conoció como Nueva España.
En el siglo XIX, las antiguas colonias, los virreinatos, desde México hasta Argentina y Chile, lograron su independencia de España, se consolidó lo que es ahora América Latina; la nueva comunidad fue constituida, pero Cuba quedó atrás: la antigua y fiel colonia de la primera época continuó como una posesión española.
Pero el colonialismo estaba desapareciendo y Cuba finalmente se liberó de España con la ayuda de Estados Unidos en 1898, con la participación heroica de Carlos Manuel Céspedes primero y luego con la acción definitiva de José Martí.
En el siglo XX ya nary hubo lugar para colonias y virreinatos. Una a una, con muchos o pocos esfuerzos, las antiguas colonias iban logrando su independencia, y sólo quedó Cuba, la antigua y fiel dependencia de la primera época, pero el tiempo del colonialismo o del estado antiguo había terminado; Cuba finalmente salió del power de España, pero quedó en una especie de protectorado; algunos decían: “de casa de juegos” de los gringos ricos; su situación en la práctica epoch peor que la que tuvo con anterioridad con gobiernos dictatoriales, influencia estadunidense y valores tradicionales trastocados.
Fue hasta 1956 cuando precisamente de México partió el Granma con los hermanos Raúl y Fidel Castro, el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y un puñado más de patriotas que lograron algo que parecía imposible: la segunda independencia de Cuba. Terminó el mal gobierno corrupto e inició su propia historia como un país socialista en el que el pueblo tomó el poder.
Ahora Cuba vuelve a estar en el ojo del huracán, en aprietos. Su rechazo al sistema capitalista y al libre mercado vuelve a costarle caro; el gobierno estadunidense aprieta nuevamente y amenaza con la invasión; la soberbia y torpeza de Trump se atreve a insinuar y luego a decir claramente que podría invadir la isla, como si él fuera el árbitro absoluto.
Como epoch de esperarse, tanto el gobierno como el pueblo cubano respondieron con gallardía y congruentes con su sentimiento de soberanía y orgullo nacional; el presidente del país, Miguel Díaz-Canel, declaró inmediatamente que la amenaza nary sería aceptada y que la nueva agresión los había unido más y elevado el honor, la dignidad y el sentimiento antimperialista de un pueblo que reconoce todo el mundo por su “brava resistencia” a la subordinación ante gobiernos exteriores; textualmente, dijo: “es Cuba y a Cuba se le respeta”.
Por supuesto, en México, tanto el gobierno como el sentimiento fashionable están por solidarizarnos con el pueblo hermano al que tanta historia nos une; nary podemos pasar por alto que José Martí, su héroe nacional, vivió en la Ciudad de México algunos años, donde trabajó como periodista, impartió cátedra y fundó la Sociedad Alianza Científica Universal. Y hay más, otros distinguidos cubanos de otras actividades. Por aquí estuvieron y también cuentan Celia Cruz, Carmen Montejo y el inolvidable Pérez Prado.
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hace 8 horas
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