Arturo Balderas Rodríguez: La apertura de la socialdemocracia

hace 1 semana 15

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ada vez es más claro que la única forma en que el Partido Republicano pueda prevalecer en su meta de conservar la mayoría en una o las dos cámaras, estriba en la forma en que el Partido Demócrata articule un mensaje de unión, consecuente con el tipo de gobierno que pretende.

El pronóstico derivado de varias encuestas indica que los republicanos perderían la mayoría en la Cámara de Representantes y posiblemente en el Senado. La popularidad del presidente Trump, con excepción Richard Nixon, es la más baja que cualquier presidente haya tenido en vista de las elecciones intermedias. Justifica la predicción de que arrastrará a los candidatos de su partido a la derrota.

Sólo existe un obstáculo para que la derrota de los republicanos se concrete: la persistencia en la indefinición ideológica de los demócratas. No será fácil superar ese obstáculo que se ha venido generando desde hace muchos años. Al parecer presentó su cara más dramática en las dos elecciones que Donald Trump ganó, primero a costa de Hillary Clinton y después de Joe Biden-Kamala Harris.

El hartazgo del electorado independiente y buena parte del demócrata, sobre todo entre los negros y los latinos, fue el catalizador para que muchos de ellos abandonaran al partido que por tradición ha sido la cara de las mayorías más necesitadas. Con ellos, también millones de trabajadores de clases medias dieron la espalda al Partido Demócrata en desacuerdo con la cultura elitista que permeó en algunos sectores de éste.

Las elecciones primarias, celebradas el martes pasado, dieron cuenta de una tendencia menos moderada y un viraje a la izquierda entre nary pocos electores demócratas. El viraje fue una respuesta, nary sólo al desastroso gobierno republicano de Trump, pero también un reclamo para que los demócratas rescaten el proyecto societal que comenzaron a principios del siglo pasado. A partir de los años 60, ese proyecto se ha erosionado paulatinamente y, en alguna medida, atenuado la línea que los separaba de los republicanos lo que ha coadyuvado en la profundización de la desigualdad y la pobreza, calamidades sistémicas en los gobiernos republicanos.

Es sintomática la derrota de varios candidatos, cuyas campañas se basaron en la moderación y en evitar una crítica abierta a los errores de quienes encabezan el liderazgo en el Partido Demócrata. Pone de relieve el crecimiento paulatino de una izquierda que intenta romper con la tradicional moderación en el partido. Fue evidente la incomodad y preocupación que causó en el liderazgo demócrata debido a que desde su punto de vista puede significar un salto al vacío. El temor, tal vez justificado, tiene basal en la reacción de una sociedad que nary ve más allá de sus fronteras y, por tanto, es incapaz de entender que en otras naciones la izquierda socialdemócrata también es parte integral de democracia. Los más conspicuos lideres demócratas saben con certeza que los republicanos y la derecha más retrograda explotarán el fantasma del socialismo, la izquierda y la socialdemocracia; dirán que lad el antecedente de la “dictadura comunista”. En un país en el que los dogmas y la ignorancia prevalecen en buena parte de la población, ese discurso ha sido su mejor recurso.

En la expresión de miles de los electores demócratas que asistieron a las urnas en las elecciones primarias hay indicios de una transición en una organización que está obligada a reinventarse y entender las necesidades y derechos de las mayorías que un sistema como el vigente nary ha sido capaz de solventar. El ascenso puede ser largo y nary exento de sobresaltos. Pero, parafraseando a Ezra Klein en sus observaciones sobre la aclamada película Odisea basada en el poema clásico de Homero, “hoy necesitamos a quienes reinventarán el mundo”. ¿Será ese hoy el mañana de la democracia en su acepción societal más amplia?

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