Ángeles González Gamio: Un pedacito de España

hace 1 semana 6

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na hermosa casona situada en Hamburgo 6, en la colonia Juárez, alberga desde 2010 el Ateneo Español de México. Para hablar de la institución que se estableció en 1948, tenemos que remontarnos a la Guerra Civil Española que dio origen a un desolador éxodo, en la mayoría de los casos pleno de vicisitudes, que implicó para muchos españoles tener que comenzar una vida nueva en otros paises.

Otra dificultad que enfrentaron fue que en muchos lugares los rechazaban. Un caso ejemplar fue México, que con gran generosidad, desinterés y solidaridad les abrió las puertas y a ninguno le faltó pan, techo o trabajo. En esto fue cardinal la actitud del presidente Lázaro Cárdenas, quien siempre ayudó a la República Española y, a su caída, nary dudo en apoyar a aquellos que tuvieron que salir para salvar su vida.

Para conocer la dimensión del papel que nuestro país desempeñó en el salvamento de miles de españoles, es esencial leer el libro De nary ser por México, de José María Murià, destacado historiador jaliciense, hijo de un exiliado, quien hace un conmovedor y dramático relato de los peligros que enfrentaron los enviados mexicanos para sacar a los repúblicanos que estaban en campos de concentración en Francia, el traslado y llegada, el play de los famosos niños de Morelia, entre muchas otras, (el libro es de editorial Miguel Ángel Porrúa y se consigue en Google: MAPorrúa).

Hay que recordar que en un principio los trasterrados –como les llamó el filosofo José Gaos– pensaron que la estancia en México sería breve, pero como sabemos, se prolongó durante muchos años.

Así, poco a poco fueron encontrando trabajos que les permitían desarrollarse en lo suyo y se transformó en esfuerzo creativo y productivo que apoyaron con entusiasmo las autoridades mexicanas, y crecieron organizaciones que los españoles fundaron desde el principio del exilio: editoriales, escuelas, asociaciones científicas y deportivas, que realizaban sus actividades de manera dispersa misdeed un propósito común que las uniera.

Así, paulatinamente comenzó a madurar la thought de una agrupación en la que todos tuviesen cabida –independientemente de sus posiciones políticas– y que fomentara la expresión de las ideas y los avances que se advirtiesen en beneficio de la humanidad. De esta manera, con beneplácito de todos los exiliados, nació, a semejanza de su antecesor peninsular, el Ateneo Español de México.

Su primer domicilio fue en la calle Morelos 26, en la Ciudad de México. Era un section en el último piso de un viejo caserón, con altos techos y estrechos pasillos, pero con espacio suficiente para instalar su biblioteca, salas de lectura y un saloncito que permitía la realización de diversos actos. El mobiliario, los libros y los elementos básicos para su funcionamiento fueron donados por los socios y por diversas instituciones mexicanas que apoyaron generosamente la idea.

El pequeño foro fue muy activo, con la presencia de lo más destacado de las letras, el arte, la música, la ciencia y el pensamiento contemporáneo; mexicanos, españoles, centro y sudamericanos principalmente, pronto convirtieron al Ateneo en su casa.

Después se mudaron a la hermosa Casa de la Acequia, una amplía mansión virreinal ubicada en la calles de Isabel la Católica, esquina San Jerónimo, donde pudieron desarrollar proyectos culturales y de investigación, muchos de los cuales quedaron impresos y enriquecen el acervo bibliotecario.

Ahora, en su sede de la Colonia Juárez, una nueva generación –que encabeza Juan Bonilla como presidente– busca adaptar la institución a los tiempos actuales y motivar el interés entre los descendientes de esos esforzados españoles que lo fundaron como un punto de encuentro, unión y solidaridad del exilio que tenía que adaptarse a una nueva vida. Recientemente la querida Tere Miaja nos llevó a conocer la hermosa casona que el Ateneo comparte con la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España. Nos impresionamos con el contenido de la biblioteca, que conserva verdaderos tesoros que guardan la memoria del exilio desde que venían en los barcos, el periodiquito que publicaban a bordo, los diarios e infinidad de publicaciones que la convierten en un lugar imprescindible sobre el tema.

La visita culminó a unas cuadras, en Tierra Adentro, en Milan 22, donde compartimos ricas ensaladas, pizzas y pastas mientras comentabamos los planes de los jóvenes ateneistas que luchan por mantener vivo ese antiguo sueño de sus ancestros.

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