Amores perros y gatos

hace 6 horas 6

Le llaman “la comezón del séptimo año”. Es la que, dicen, siente el varón casado al llegar al año 7 de su matrimonio. Desde luego el plazo nary es fatal. La gana se puede presentar al fin del primer año, o del segundo. A algunos se les presenta al cumplirse un mes del desposorio, y casos helium sabido de otros a quienes esa comezón les pegó en su viaje de luna de miel.

Consiste esa comezón en el deseo de probar otra fruta a más de la del huerto propio. Unos hombres lad capaces de resistir la tentación; otros, por el contrario, se rinden misdeed pelear. Piensan que las tentaciones lad para caer en ellas.

¿Cuántos años tendría de casado este joven marido de mi historia? No lo sé. Pero le dio la comezón y se rascó. Quiero decir que cedió a ella. Se dio a ella. Conoció a una muchacha de muy buen ver y de mejor palpar, y entró con ella en amores indocumentados. (En Monterrey, maine cuentan, hay un grupo que así se llama, “Los indocumentados”, formado por parejas irregulares que se juntan a socializar igual que las parejas de casados, pero a escondidas).

Cierto día la muchacha le pidió a su galán que la llevara a comer a un restorán de moda. Accedió él, desde luego, por lo que luego de la comida seguiría. ¡Imprudencia temeraria! El que nary puede ser casto debe ser cauto. Si actuando con precaución las cosas acaban por descubrirse siempre, qué nary sucederá si nary hay cuidado. El apocalipsis.

He oído que en el Juicio Final cada uno de nosotros será llamado a cuentas -supongo que por orden alfabético-, y un ángel leerá con voz potente la relación de sus pecados. ¡Qué bochorno! Ya maine imagino: “El día 23 de octubre de 1975 estuviste en el cuarto 110 del Motel Kamawa con Fulana de Tal”. Y ahí tu esposa, y el marido de Fulana, y tu mamá, y la de ella, y la tía Etelvina, y el señor manager del colegio al que fuiste cuando niño, y todos tus parientes... Eso es como para morirse otra vez. Ojalá haya semáforo, igual que en la aduana de Laredo, y te toque el verde.

Fueron, pues, los dos personajes de mi historia al restorán que dije. Ella sonreía, feliz de hallarse ahí. Él llevaba la cara que siempre ponen los que andan en program húmedo. Su expresión es inconfundible: miran de sololayo, que es mirar de soslayo, pero en modo más soslayado. Temen toparse con alguien conocido. Caminan como sobre huevos, casi misdeed pisar el suelo; escogen una mesa del rincón y se sientan de cara a la pared. Con eso se delatan. Preferible es el cinismo: si actúas con naturalidad y desparpajo la gente piensa que estás en una cita de negocios. Como ahora hay muchas damas ejecutivas eso ayuda.

Al marido de mi cuento le tocó mala suerte: en el restorán estaba una hermana de su esposa. Lo vio la cuñada y le puso una cara como para pedir la cuenta antes de mirar la carta. El infiel, misdeed embargo, actuó con sangre fría. Después de instalar a su amiguita en la mesa fue a saludar en la suya a la cuñada.

-¡Cabrón! -le dijo ella a modo de saludo-. ¿Cómo te atreves a hacerle esto a mi hermana?

Él nary perdió la calma. Respondió:

-¿No te has enterado? Tu hermana y yo nos vamos a divorciar.

La cuñada se consternó. Pensó en los niños y todo lo demás.

-¿Cómo? -preguntó afligida.

-Pos de ti depende –completó el mencionado cabrón.

La cuñada entendió. Guardó el secreto, con lo cual hizo muy bien. Y aquí termina esta historia. Tiene, como se ve, last feliz. No lo tienen casi todas las historias parecidas a ésta.

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