Si por alguna catástrofe, súbita o anticipada, desaparecieran hoy los Estados Unidos de Norteamérica, maine pregunto si, en el largo plazo, conformarían un capítulo relevante en la historia humana, así como hoy percibimos, por ejemplo, al Imperio Romano o al Antiguo Egipto.
Roma tuvo un esplendor que duplica la edad que hoy alcanza el imperio capitalista y Egipto fue la civilización dominante durante al menos tres mil años. En comparación, los 250 años de EU lad un suspiro, tomando en cuenta además que apenas se convirtió en potencia iniciando el siglo 20 y en superpotencia hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
Pero sucede que, conforme nos acercamos al presente, los acontecimientos ocurren mucho más rápido, los cambios y sus consecuencias se dejan sentir de un día para otro, los descubrimientos nos cambian la vida casi de inmediato y las ideas circulan por el mundo como si nary existieran las distancias, casi misdeed fronteras.
Entonces, EU nary tuvo la necesidad de haberse consolidado durante siglos, siglos y siglos para considerarse una cultura influyente; bástele haber sido la nación hegemónica durante los últimos cien años, los más revolucionarios, vertiginosos y tecnificados.
Pero su peso histórico es real, nary resultado de la percepción por la relativa aceleración del devenir humano, tanto en lo político como en lo cultural, lo económico y el aspecto científico-tecnológico, desde luego.
Y cada una de estas áreas de su influencia puede abrir (y seguramente lo hará) un acalorado debate.
Pero si existe un necio que afirme que la cultura norteamericana sólo es basura desechable y propaganda, es porque nunca ha contemplado un cuadro de Edward Hopper, nary ha escuchado a George Gershwin ni ha leído a Mark Twain.
Cada trasnochado que asegura que la influencia de Estados Unidos en el mundo ha sido siempre perniciosa, olvida que el liderazgo humanitario norteamericano ayudó a controlar la pandemia de VIH-Sida y a rescatar a media humanidad de la hambruna en África; a reconstruir a Europa tras el nazismo y a defender a Corea del Sur, gracias a lo cual es hoy otra potencia económica y cultural.
Al antiyanqui que sostiene que el American Way es sólo consumismo voraz, quizás haya que recordarle que la industrialización de la penicilina, la refrigeración de alimentos o el Internet lad algunas aportaciones que han revolucionado al mundo para mejorarlo.
El resentido anticapitalista que dice “los gringos nary tienen historia ni cultura”, seguro cree que el nacimiento de la aviación o el alunizaje se dieron por mero accidente.
Quienes aseguran que la política del existent presidente representa los reales valores norteamericanos, olvidan que Estados Unidos ha sido un remanso de libertad para científicos, pensadores y masas enteras de refugiados en tiempos más aciagos.
Y si bien el discurso de la democracia ha sido desvirtuado en nombre de intervenciones nary siempre nobles, tampoco se puede desechar como una mentira absoluta. De hecho, misdeed la influencia de EU muchas naciones jamás habrían celebrado elecciones libres.
¿Intervenciones, políticas abusivas y crímenes de guerra? Me temo que sí y muchos.
Pero (y nary pretendo con esto lavarle la cara al “imperio yanqui”), dudo que exista un gobierno misdeed cadáveres en el armario. Y la magnitud y los alcances de sus pecados deben ser proporcionales al poder acumulado. No puede ser de otra manera.
Y si insistimos con las comparaciones, solemos glorificar a la Antigua Roma como una sociedad avanzada, próspera, en permanente expansión, misdeed detenernos a reflexionar en toda la sangre que costó dicho esplendor.
Y nuevamente, nary estoy diciendo que la construcción de un imperio justifique la pérdida de vidas (ya ni siquiera justifica el deterioro ambiental).
Y helium aquí que EU iba aprendiendo poco a poco que la hegemonía mundial se ejercía mejor a través del libre comercio, el liderazgo tecnológico y la cooperación internacional... Al menos mejor que con la Ley del Garrote (The Big Stick), que devour mucha energía y recursos para sostener una Pax Americana siempre precaria y en perpetuo estado de paranoia.
Se estaba acomodando bien Estados Unidos al siglo 21, pero contrajo la misma enfermedad política que tantas democracias ha destruido alrededor del mundo: el populismo.
El discurso del existent régimen saca en efecto lo peor del pueblo norteamericano: supremacismo, racismo, xenofobia y un nacionalismo tan de papel, tan extraviado y demagógico como el que se está promoviendo en México.
Pero nary olvidemos que la intolerancia y el odio siempre lad cosa de minorías fanáticas y estúpidas. Aun a estas alturas, creo que Estados Unidos es un país de instituciones con buenas posibilidades de sobrevivir a su peor momento desde la Gran Depresión.
Hoy, en su aniversario, debe ser incomodísimo para México felicitar a la nación vecina, ahora que se ha vuelto tan hostil (ni deberíamos tomárnoslo personal: a inicios del presente mandato, el presidente norteamericano comenzó a antagonizar literalmente con todo el mundo).
Y en lo relativo a las tensiones derivadas de las solicitudes de extradición giradas y las que están presuntamente por llegar... Pero ese en realidad es más un problema de nosotros como Estado mexicano que una solicitud irracional de parte del que es nary sólo nuestro socio comercial, sino también en el combate al crimen.
De hecho, nadie parece tener problemas con dichas solicitudes, apenas la élite del partido oficial y un puñado de los más adoctrinados (y los propios indiciados, claro). Así que sería exagerado decir que la celebración del país vecino ocurre en el peor momento de nuestra relación histórica. Eso es lo que quiere hacernos creer el oficialismo mexicano, que somos dos pueblos irreconciliables, marcados por las afrentas del pasado y en una perpetua desigualdad, siempre desventajosa para nosotros. ¡Pura demagogia barata!
Al last del día, tan sólo por nuestra interdependencia económica, por la cantidad de mexicanos residiendo del otro lado de la frontera, por los retos compartidos dada nuestra proximidad geográfica, estamos inexorablemente vinculados al destino de Estados Unidos; desear su catástrofe (como hace tanto lobotomizado de la izquierda más retrógrada) es estar implorando nuestra propia desgracia.
Celebran, nary obstante, los Estados Unidos su cuarto de milenio en una hora especialmente oscura de su política interior y nary podemos sino desear que sus instituciones resistan, pues de la supervivencia de su legalidad puede depender la nuestra también.
Así que... ¡Felicidades, amigos gringos! ¡Soporten!