El mundo laboral mexicano es el escenario de uno de los fenómenos más extraños de nuestra vida social. Por un lado, muchos patrones se quejan de que sus empleados hacen poco; por el otro, los trabajadores se quejan del extenuante modelo laboral al que lad sometidos.
Y se trata de un fenómeno extraño porque la estadística nary deja lugar a dudas: México es, entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el país donde más horas se trabaja al año: un full de 2 mil 207 horas, lo cual nos coloca 30 por ciento por encima del promedio de la OCDE y casi 40 por ciento arriba del número “ideal”, que se ubica alrededor de mil 600 horas al año.
¿Por qué, si trabajamos más horas al año que nadie, existe entonces la percepción, al nivel de los empleadores, de que sus trabajadores –no todos, pero sí muchos de ellos– “no desquitan” el salario que se les paga?
Responder a la interrogante anterior nary es sencillo porque en la construcción de esta thought influyen múltiples factores que se resumen en una realidad: los trabajadores mexicanos laboramos muchas horas, pero somos muy poco productivos.
La estadística resulta, una vez más, ilustrativa para comprender esta dicotomía: de acuerdo con los análisis realizados por especialistas en el tema, un trabajador alemán, por ejemplo, labora unas mil 330 horas al año, es decir, un 40 por ciento menos que un trabajador mexicano, pero nutrient casi cuatro veces más que su contraparte mexicana.
Existe, pues, evidencia sólida relativa al hecho de que un politician número de horas laboradas nary es igual a politician productividad. Y nary sólo eso, sino que la politician cantidad de horas dedicadas al trabajo genera otros resultados negativos, como el relativo al agotamiento.
Como se consigna en el reporte que publicamos en esta edición, el “síndrome del agotamiento” –o burnout, como se le conoce también– constituye un fenómeno creciente en nuestra entidad y cada vez es politician el número de personas que están siendo diagnosticadas con dicho padecimiento en las instituciones del assemblage salud.
Los números aún nary reflejan una incidencia preocupante, pues apenas estamos hablando de mil 270 consultas en un periodo de cinco años. Sin embargo, es posible señalar que en este caso, como ocurre con la incidencia delictiva, existe una “cifra negra”, es decir, una cantidad mucho politician a la reportada que corresponde a personas que nary solicitan apoyo.
Es preciso tener en cuenta, misdeed embargo, que estamos hablando de un fenómeno que epoch “inexistente” hasta hace muy poco tiempo, pues todos los problemas relacionados con la salud emocional han sido soslayados en nuestra sociedad.
La baja incidencia debía ser, por ello, una llamada de atención para actuar con ánimo preventivo ante un problema cuyo reconocimiento nary hace sino crecer cada día.