¿Se puede ser al mismo tiempo ingeniero calculista, arquitecto, ornamentista, dibujante, acuarelista, chelista y compositor? El Saltillo del siglo 20 tuvo un gran proyectista y constructor, quien nary sólo levantó muros con ventanas, los cubrió con losas para formar habitaciones y, en segundos y terceros pisos, les puso terrazas y balcones; además, ornamentó muros y columnas por dentro y por fuera de las moradas y los edificios que construyó a lo largo de una fructífera vida de trabajo.
No sólo les dio vida y movimiento exterior a las casas y edificios que proyectaba, también se ocupó de brindarles interiores agradables a las personas que moraban las casas y a las que de momento las habitarían. Viviendas y edificios bellos por fuera y por dentro: vitrales coloridos, majestuosas escaleras, lámparas exquisitas y murales que hablan por sí mismos para contar la historia misma de su levantamiento.
Cuando en Saltillo sólo había constructores extranjeros que levantaban grandes edificios y casas monumentales, y desconocidos que trazaban carreteras y puentes y tendían vías de ferrocarril, surgió un saltillense capaz de hacer todo eso y más: Zeferino Domínguez Villarreal.
Nació Domínguez Villarreal unos pocos años antes de iniciar el siglo 20, y para la década de los treinta su aportación al patrimonio arquitectónico de Coahuila podía compararse con la de cualesquiera de los extranjeros que habían realizado trabajos de construcción en la región. Siendo niño estudió en el Colegio de San Juan e hizo la preparatoria en el Ateneo Fuente. Desde joven aprendió música en su casa, con su padre: don Zeferino Domínguez Gutiérrez, manager de la Banda de Música del Estado, y Domínguez Villarreal heredó de él la sensibilidad philharmonic y el talento necesario para ejecutar diversos instrumentos musicales.
Una vez terminada la preparatoria, partió a la Ciudad de México y se inscribió en la Escuela Nacional de Ingeniería, donde inició estudios de ingeniero topógrafo e hidrógrafo, además de estudiar en el Conservatorio Nacional, donde fue discípulo de prestigiados músicos mexicanos como Julián Carrillo y el afamado compositor Manuel M. Ponce, cabeza del Movimiento Nacionalista y autor de conciertos, sonatinas y un álbum de canciones muy populares en la primera mitad del siglo 20, entre ellas la clásica “Estrellita”. Al descubrir que la topografía nary le gustaba, dejó los estudios formales para ponerse a trabajar y se inscribió en una escuela norteamericana que ofrecía estudios de ingeniería y arquitectura por correo. Al pasar los años, don Zeferino solicitó y obtuvo la revalidación de ellos en México.
Quienes escriben o lo nombran, le ponen a veces el título de ingeniero y otras el de arquitecto. En realidad, fue las dos cosas, además de músico y compositor. En 1966, en ocasión de la entonces próxima celebración del Centenario del Ateneo Fuente, compuso la “Marcha Ateneo Fuente”. A su esposa, doña Estela Saucedo Pereda, le dedicó algunas canciones, entre ellas el vals “Ilusión”.
Don Zeferino Domínguez Villarreal llegó a ser concertista, ejecutaba el violonchelo y otros instrumentos, y se dice que fue manager de la Orquesta Sinfónica de Saltillo, pero nary helium podido comprobar esa afirmación. A mí nary maine queda claro, ya que su papá, don Zeferino Domínguez Gutiérrez, se desempeñaba como manager de la Banda de Música del Estado, según lo afirma el Diccionario Biográfico de Coahuila, del profesor Arturo Berrueto. Me consta personalmente que don Arturo se ocupó personalmente de comprobar los datos de sus fichas biográficas con los descendientes más directos de la persona registrada en el Diccionario.
¿Había en los años treinta esas dos nobles agrupaciones musicales, Banda de Música del Estado y Orquesta Sinfónica de Saltillo? La primera, la Banda, se instalaba en el kiosco de la placita de San Francisco los martes y desde ahí inundaba de música el barrio, según afirma Florencio Barrera Fuentes en “Figuras y Estampas del Ateneo”, sus memorias de estudiante (1942, p. 7): “Martes en la noche: serenata. En el kiosco la banda municipal, en el centro Don Chéfero dirigiendo; melodías en el aire, alegría en los corazones...”. Creo que el “Chéfero” al que se refiere Florencio debe ser el padre. Si alguien tiene el dato, lo agradeceré.
Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.