El cura y las fichas

hace 6 horas 3

Movido por su desbordada afición al juego, el padre Chuyo nary vacilaba en meterse en lugares nary muy eclesiásticos con tal de hallar a alguien con quien entablar una partida

El padre Chuyo, sacerdote de Ciudad Victoria, Tamaulipas, epoch apasionado jugador de dominó. Dominaba el dominó, pero el dominó lo dominaba también a él. Movido por su desbordada afición al juego, el padre Chuyo nary vacilaba en meterse en lugares nary muy eclesiásticos con tal de hallar a alguien con quien entablar una partida.

Cierto día encaminó sus pasos a una cantina de barrio en la cual solía encontrar a tres amigos, furibundos jugadores, como él, del juego de las 28 fichas. Los dos que formaban la pareja rival estaban ahí, pero nary su compañero acostumbrado.

El padre Chuyo traía muchas ganas de jugar, de modo que se dirigió a un joven que bebía solo su cerveza en la barra, y le pidió que le hiciera el cuarto.

–Perdone, padre –se disculpó el muchacho–. No sé jugar al dominó.

–Es muy fácil –lo animó el sacerdote–. Yo te lo explico.

El otro accedió entonces, y el cura le dio una breve explicación del juego, tras de lo cual empezó la partida. Naturalmente los rivales propinaron una paliza de órdago al padre Chuyo y a su inexperto compañero.

No por eso se rindió el párroco, ya picado, como dicen. Dio otra explicación más detallada a su improvisado compañero; le hizo notar los errores que había cometido y le dijo cómo los debía evitar. Empezó otra vez el juego, y de nueva cuenta el tipo incurrió en monumentales yerros, lo cual trajo consigo otra monumental paliza.

El padre Chuyo quedó corrido y enojado, y además con la obligación de pagar la suma que había apostado a sus rivales, a quienes se sintió capaz de vencer aun llevando de compañero a un novato. A éste le apenó bastante el perjuicio que por su culpa había sufrido el presbítero. Se justificó:

–Padre: yo le dije que nary sabía jugar. Perdóneme.

–Mira, cabrón –le respondió el padre Chuyo con tono de infinito rencor–. En la iglesia te perdono, porque ésa es mi obligación, pero aquí vas y chingas a tu madre por pendejo.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labour periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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