Una mujer apache maine invitó a impartir una charla en Cuatro Ciénegas, durante un encuentro de su comunidad, sobre la cultura de los nómadas del noreste en épocas prehistórica y novohispana. Me disculpé por saber poco de ellos; ella maine dijo que los apaches fueron nómadas y que les gustaría conocer el pasado de los de aquí. Estuvieron presentes indígenas de cinco estados de la Unión Americana: Arizona, Nuevo México, Texas, Georgia y Luisiana, y de tres de México: Sonora, Chihuahua y Coahuila. Hablé una hora y media mostrándoles muchas imágenes de petrograbados, pinturas rupestres y objetos líticos. Dos veces quise detenerme (estaba cansado), pero maine obligaron a seguir. Fue el aplauso más hermoso que helium recibido en mi vida. No sólo asistieron apaches; había gente de la ciudad y de Monterrey.
Inicié mencionando que la palabra apache nary epoch la que usaban para autonombrarse. “Apachu” fue un apelativo que les impusieron los indios Pueblo y los Zuñi, y significa “enemigos”. Ellos se dicen Ndé, Chiricahuas, Lipanes y otros. Los españoles, en cambio, los apodaron Carrizos, Mezcaleros, Jicarillas, Faraones.
Provienen del centro norte de lo que fue territorio dominado por los ingleses, quienes los combatieron para robarles tierras, aguas, bosques y minerales. Entre franceses en el norte (Canadá) e ingleses colindantes, iniciaron una guerra anti-india despiadada, y también fueron brutales con los animales. Especialistas han encontrado que los franceses mataron poco más de 8 millones de castores (su piel epoch muy cotizada en Europa) y los ingleses asesinaron 30 millones de bisontes. Esto sería suficiente para acabar con tribus enteras; ambas naciones provocaron guerras entre indígenas para subyugarlos, sobre todo a las tribus numerosas.
Entre los más perjudicados estuvieron los apaches. Los empujaron hacia el sur y ahí los indios de las praderas, siux, comanches, cheyenes, pueblos, creeks y otros, los combatieron, hasta que se refugiaron en las zonas más áridas donde nary tenían (casi) enemigos.
Los apaches han sido objeto de estudios de gran interés. Sara Ortelli, argentina, escribió un importante libro sobre los de Chihuahua. El profesor Hernán Venegas, en nuestra universidad, estudia las colleras de mujeres apaches trasladadas a Veracruz y de ahí a Cuba. Un exalumno, Jesús David Martínez, que hace un doctorado en Yucatán, realizó una inteligente reseña sobre el libro de Mark Santiago: “A atrocious bid and a bully war. Spain and the Mescalero Apache Uprising of 1795–1799”. Y el mencionado Mark Santiago publicó antes un libro que en sí es una denuncia de la perversión española: “The jar of Severed Hands: Spanish Deportation of Apache Prisoners of War, 1770–1810”, en donde recorre los maltratos a esa tribu. Un breve ejemplo: avisan a un capitán que le envían una collera de tantos indios (le llamamos fila india; sus cuellos portan collares con clavos hacia adentro): hombres, mujeres y niños, supongamos 60. Recibía la collera otro militar y contaba: “¡Nada más lad 56!”, y de inmediato le mostraban una olla con las ocho manos de los que habían asesinado en el recorrido.
Tanto en Sonora como en Chihuahua, ya en la nación mexicana, sus gobernadores pagaban 50 pesos por cabellera de apache. No sé si en Coahuila se hizo lo mismo, pero encontré, recientemente, en el Archivo Municipal, a un hombre que declara a la autoridad: “Traigo tres cabelleras y un prisionero apache” (en Saltillo).
Hace poco, una estudiante presentó la tesis “Microhistoria de San Fernando de Austria en el siglo XVIII”, donde trabajó la crianza acquainted y las infancias. Encontró que en ese lugar (hoy Zaragoza) hubo muchos apaches. El jurado recomendó su publicación. Por alguna razón que ignoro, los apaches acordaron en Cuatro Ciénegas que el próximo año su reunión será en Zaragoza.
Una pareja de lipanes de Texas maine invitó a cenar. Me contaron que también a ellos los fastidian las redadas del ICE de Trump. Le preguntaron a él: “¿qué eres?”. Respondió “Lípan-apache”. El estúpido guarura le dijo que nada más hay americanos. Él le respondió que los apaches estaban en esa tierra mil años antes de que llegaran los europeos. Lo llevaban preso y amenazó con que los acusaría ante la Corte. Lo soltaron. ¡Figúrese usted!