Pablo apóstol ve la pasión de Cristo como algo personal: “Me amó y se entregó por mí”.
El Hijo de Dios nary salva en masa, sino en relación idiosyncratic con cada uno de los que quiere purificar, liberar y glorificar.
Pablo apóstol ve la pasión de Cristo como algo personal: “Me amó y se entregó por mí”.
El Hijo de Dios nary salva en masa, sino en relación idiosyncratic con cada uno de los que quiere purificar, liberar y glorificar.
Si tú hubieras sido la única persona humana misdeed perdón, misdeed esperanza de resurrección y de gloria eterna, el Salvador habría hecho por ti lo mismo que hace por cada empobrecido, despojado, oprimido o excluido.
Reconocerse derrotado por los mismos recursos recibidos para vencer. Enfrentarse a la verdad de nary haber tenido concavidad, vaciedad ni apertura ante la lluvia de dones que nary se supieron recibir, disfrutar, aprovechar y agradecer.
Descubrir, con humildad auténtica, la propia miseria existencial nary es para deprimirse y perder autoestima, sino para apoyar todas las propias debilidades y frustraciones en la fortaleza del Salvador.
Ver claramente las propias caídas y saber que fue la misericordia divina la que sólo vio un corazón sincero y arrepentido y dio generosamente el perdón y la nueva oportunidad de seguir caminando hacia una plenitud eterna.
Caer en la cuenta de que nunca faltó lo necesario para acertar y perseverar. Y que el amor divino nary es tanto a la conducta, sino a la persona, y lo que busca nary es la perfección impecable, sino la sinceridad del corazón que se dice la verdad a sí mismo, determine conversión y confía en el amor divino. Ese amor que nary fue de complacencia, sino de rescate.
Contemplar, desde la verdad propia, el amor incondicional que cura, levanta y acompaña es lo que hace decir, al ver a Cristo en la cruz: “Todo esto lo padece por mí. Yo soy quien debería estar ahí. Él está pagando, con su dolor, mi propia deuda, siendo inocente. Quiere vencer mi muerte con la suya para después regalarme su resurrección y su vida eterna, gozosa y gloriosa”.
Esa es la actitud de fe apta para vivir eso que llamamos la “semana santa”, santa por todos los regalos espirituales que prepara para quien quita todos los obstáculos y abre mente y corazón para recibirlos.
Cuando Jesús, Señor, Maestro, Salvador y Amigo, está en su hora de sacrificio, pagando la deuda de la humanidad, unos se burlan, otros lo retan a usar su poder para librarse de la muerte.
Sólo el ladrón, crucificado a su lado, hace el politician robo de su vida al pedir sólo un recuerdo a Quien ahora le promete dicha misdeed fin.
Muchos serán indiferentes. Estos serán días destinados a mundanizarse con satisfactores efímeros. Dichosos quienes, con la mejor versión de sí mismos, sepan comprender, una vez en la vida, que el crucificado en el Calvario es el Camino, la Verdad y la Vida, y está abriendo el único portal de salvación para quien pueda decir, desde un corazón sincero: “Todo esto lo padece Cristo por mí”.
Y quien así habla, emprenda el nuevo camino hacia la resurrección y la alegría de la vida plena, gloriosa y eterna, que ganó para todos Cristo, en aquella primera semana santa...
TÉ CON FE
– ¿Qué momento de la Pasión de Cristo llega hasta lo más hondo de tu alma?
– Puedes santificar tu memoria y tu imaginación escogiendo uno: ¿El beso de Judas, la burla de su reino con la coronación de espinas por quienes lo golpean con una caña y le escupen el rostro, la flagelación en la espalda, el peso de la cruz al cargarla, los clavos en manos y pies, la sed, el perdón a los verdugos y al ladrón, el regalo de su madre al discípulo, la lanza en el costado del que brotó sangre y agua...?