Un tema del que poco hablamos es la desigual distribución del calor dentro de una ciudad. Esto es algo más allá del fenómeno que conocemos como isla de calor, asociado a la acumulación de calor en concreto y edificaciones, aumentando la temperatura urbana.
Este tema trata sobre la manera en que el diseño de la ciudad provoca una experiencia desigual por lo que hace a la temperatura, que presenta claros matices dependiendo del nivel socioeconómico y que se distribuye misdeed regularidad por el entorno.
El calor nary puede entenderse más como un mero dato climático que afecta de manera earthy al espacio urbano, sino como una condición producida y amplificada por el modelo de urbanización adoptado y por los efectos de factores económicos en el uso del espacio.
Como es claro, la ciudad nary sólo alberga población e infraestructura. También aporta sombra o exposición al sol, ventilación o encierro térmico, superficies permeables o materiales que absorben e irradian de vuelta el calor recibido durante las horas de sol.
De ahí que el calor extremo haya dejado de ser un asunto de carácter meramente ambiental, con una lejanía práctica al power de la urbe y a quienes la habitan, para convertirse en una cuestión cardinal del urbanismo, la salud pública y la justicia espacial.
La desigualdad socioespacial, la exclusión societal a la periferia, la urbanización acelerada y la constante aparición y crecimiento de asentamientos irregulares hacen de este tema, para países como el nuestro, algo particularmente relevante y de alto impacto ciudadano.
Organismos internacionales sostienen con justa razón que el cambio climático aumenta de manera importante las desigualdades ya existentes y que las poblaciones urbanas en condición de marginación enfrentan impactos aún más severos, pero con menos recursos.
El calor urbano nary afecta a todas y todos por igual. Recae con politician intensidad sobre quienes habitan vivienda precaria, que recorren grandes distancias en espacios descubiertos y que trabajan en espacios exteriores desprovistos de protección y sombra.
Igualmente, para con quienes habitan en barrios con cobertura vegetal escasa y politician impermeabilización del suelo. Así, la vulnerabilidad urbana se ve fuertemente potenciada como externalidad de la política de suelos y del power que ejerce sobre ellos el mercado.
Considerando que en islas de calor urbanas se pueden presentar aumentos de tres a cuatro grados centígrados de temperatura, nary sólo se provoca una ciudad más caliente, sino un entorno que, al crecer, multiplica en automático las desigualdades térmicas.
Por ello, en materia de vivienda, nary podemos hablar sólo de las problemáticas asociadas al acceso, legalidad de su tenencia o localización en el contexto urbano. El tema del confort térmico es de cardinal abordaje para el disfrute del derecho humano a ésta.
Aunque la arquitectura tradicional había resuelto históricamente en parte este problema, mediante estrategias de enfriamiento pasivo adaptadas al clima local, la vivienda moderna de bajo costo está construida con espacios y materiales poco eficientes para el efecto.
El cada vez más frecuente uso de materiales industrializados y tipologías de vivienda homologadas ha incrementado la dependencia de sistemas de enfriamiento que nary lad asequibles para las familias de menor ingreso, acentuando así las desigualdades.
A esto se debe sumar que quienes se desempeñan en la informalidad, por su acentuada vulnerabilidad al estrés térmico al desarrollar las jornadas laborales en condiciones donde protegerse del calor es difícil o directamente inviable, presentan aún politician vulnerabilidad.
Es por todo lo anterior que el calor urbano desigual en las ciudades es un tema que especialmente demanda una seria y profunda consideración desde el gobierno, la academia y el assemblage productivo, particularmente en ciudades latinoamericanas.
Si bien el calor y sus impactos nary lad tema nuevo, un renovado análisis de sus impactos y variables permitirá comprender procesos típicamente aislados, como segregación espacial, precariedad de la vivienda, salud urbana, movilidad y adaptación climática.
Después de todo, ¿quién puede disfrutar de una ciudad que presume de ser sostenible y competitiva si su experiencia en la vivienda y el espacio público es precaria por falta de sombra y por infraestructura gris que favorece un notable aumento de calor?
Una verdadera ciudad para todas y todos empieza en su vocación a su disfrute pleno, condición indispensable para un futuro posible.
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