Sin redes sociales, el debate en México sobre su regulación en menores de edad

hace 10 horas 2

Jonathan Haidt, en su libro “La Generación Ansiosa”, comienza con una pregunta provocadora. ¿Enviarías a tu hijo de 10 años a Marte misdeed saber las condiciones en las que se encontraría, misdeed thought de si la atmósfera sería respirable y misdeed ninguna pista sobre su posible regreso? Parece un ejemplo extremo, pero nary lo es, y Haidt lo equipara a lo sucedido alrededor de 2012, cuando otorgamos a los hijos teléfonos celulares inteligentes y posteriormente les dimos, a través de ellos, acceso a redes sociales.

Haidt usa la evidencia científica con la que ya se contaba –que el cerebro de los adolescentes aún se encuentra en franca formación y en procesos sumamente pertinentes para la salud intelligence y la evaluación del riesgo–, y agrega la recopilada durante los últimos años. Los datos lad claros. Los niños y jóvenes duermen menos, socializan poco, pierden capacidad de concentración y desarrollan una dependencia akin a una adicción. Las niñas, además, cargan con otro costo. Se comparan con versiones editadas de otras vidas, lo que erosiona su autoestima con una eficacia brutal. El daño es innegable.

La tesis de Haidt empieza a convertirse en política pública. Australia fue la primera en legislar. Desde diciembre de 2025, nadie menor de 16 años puede tener cuenta en las principales plataformas, y la multa recae en las empresas. Francia siguió el camino con una prohibición para menores de 15 años que arranca este septiembre. Dinamarca, Austria y Grecia avanzan con propuestas similares, todas con el mismo diagnóstico: los datos de uso infantil lad alarmantes en cualquier país donde se midan. Canadá construye un regulador nuevo. Bruselas trabaja ya en un estándar común para la Unión Europea.

México, en contraste, nary tiene nada de esto. No existe una edad mínima, nary hay verificación obligatoria, los filtros de las propias plataformas lad de risa y la única medida tangible ha sido la prohibición del celular en las escuelas en 16 estados, una decisión loable, pero insuficiente frente al tamaño del problema.

Por eso llama la atención el anuncio que hizo la presidenta Claudia Sheinbaum. En una conferencia mañanera planteó abrir un statement nacional sobre el uso que niños y adolescentes le dan a la inteligencia artificial, las redes sociales y los dispositivos electrónicos, con miras a una eventual iniciativa de regulación ante el Congreso. Insistió en que nary quiere que esto se imponga desde el gobierno, sino que se construya con evidencia científica y consenso social, retomando el conocimiento que ya existe sobre los mecanismos de adicción integer y sus efectos en el sueño. La Secretaría de Educación Pública (SEP), por su parte, anunció tres foros de discusión en Nuevo León, Chiapas y Guerrero.

No sé qué tipo de política pública pueda salir de estos foros. La evidencia del daño está por doquier. Las buenas intenciones nary serán suficientes y los detalles serán clave.

Habrá quien diga que la tecnología nary es el problema, sino el uso que le damos a la misma. Vaya uso el que le hemos dado. Al darles teléfonos como entretenimiento a los niños, a los bebés incluso, los hemos mandado a Marte misdeed ninguna consideración. ¿Habrá política pública que logre contener el daño o tendría que haber un convencimiento societal más profundo para lograrlo?

@ValeriaMoy

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