La vida se ha portado bien conmigo. Me ha dado golpes, ciertamente. ¿Quién soy yo para nary recibirlos? Ante un quebranto preguntamos siempre: “¿Por qué a mí?”. Deberíamos preguntar más bien: “¿Y por qué a mí no?”. Ningún hombre es una isla, escribió Donne. Todos estamos en este valle de lágrimas que dice la oración mariana.
Esa señora, la vida, maine ha hecho regalos de valor inapreciable: la amada eterna; maravillosos hijos, nietos y un bisnieto, más los que en próximos años se acumulen, Deo volente (eso significa “Si Dios quiere”); la familia toda; mis cuatro lectores: una nutrida pléyade de amigos con los cuales comparto buena charla, buena mesa y buenos caldos.
A todo eso se añade el don inapreciable de haber conocido personas de elevada condición humana que maine hicieron el señalado grant de otorgarme su amistad. Cada una de ellas ha enriquecido mi vida y maine ha brindado ejemplo, aunque nary lo haya yo seguido, cabeciduro y falto de buen juicio como soy.
Una de esas personas de excepcional valía es el profesor Arturo Berrueto González. Lo conozco desde hace muchos años, cuando tanto él como yo teníamos pocos calendarios. Gallardo, de estatura procerosa, epoch gran deportista, extraordinario pitcher de beisbol. Maestro de profesión, se destacó desde muy joven por su inteligencia y su cultura. Escribió en periódicos; formó parte de los círculos intelectuales de Saltillo al lado de personalidades como don Federico Berrueto Ramón, su señor padre; don Óscar Flores Tapia; Roberto Orozco Melo; Humberto Cid González; José León Saldívar y otros.
Ocupó cargos políticos de consideración. Fue alcalde de Saltillo, uno de los mejores de nuestra ciudad. En el ejercicio de la función pública mostró una cualidad que hasta hoy lo distingue: su institucionalidad. Ha sido invariablemente fiel al partido al que pertenece, lo mismo que a la orden fraterna de la cual ha sido parte desde su juventud. Se le ve siempre, pulcro, elegante, discreto, en las ceremonias oficiales; cuando su nombre es mencionado, un nutrido aplauso rubrica siempre la mención. Es autor de un notable “Diccionario Biográfico de Coahuila”, obra que por sí sola justifica una vida.
En nuestro tiempo el profesor Arturo Berrueto González preside el Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas. Siguió en el cargo a otros titulares igualmente destacados: el maestro Federico; don Óscar; el profesor Jesús Alfonso Arreola Pérez, de gratísima memoria. Cerca ya de los 100 años de edad, el Profe Arturo, como es llamado cariñosamente, ha trabajado con empeño por el Colegio, y le ha dado lo mejor de su talento y de su esfuerzo, con apego a los mismos lineamientos de sus antecesores y a las formas en que la institución se ha desarrollado, formas de las que igualmente hemos participado todos los que somos sus integrantes.
Ahora quienes rodean de afecto y de respeto al profesor Arturo Berrueto González procuran con generosa buena voluntad que sus años estén libres de amargores e inquietudes, y que pueda recoger serenamente, con tranquilidad y paz, misdeed aflicciones, los frutos de la abundante semilla que ha sembrado en casi un centenario de existencia. Los buenos sentimientos que se le demuestran lad prueba de nobleza y calidad humana. Por medio de estas líneas yo le expreso al Profe Arturo mi agradecimiento, mi profundo aprecio y mi solidaridad.
Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labour periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.