Sheinbaum –reitero– ya debería recibir a madres de desaparecidas

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Socorro Gil Guzmán está mutilada porque tiene un hijo desaparecido: Jhonatan Guadalupe Romero Gil, presuntamente levantado por policías municipales la noche del 5 de diciembre de 2018, cuando iba a jugar futbol en el centro de Acapulco. Ella es la presidenta del colectivo de madres buscadoras Memoria, Verdad y Justicia de ese puerto. La mañana del martes 16 de junio, hace semana y media, la Fiscalía General de Guerrero le notificó que unos restos humanos encontrados en septiembre de 2022, casi cuatro años después de que Jhonatan desapareciera, le pertenecen a su hijo.

Ya lo sabía, al menos lo sentía, porque fue ella quien halló los restos. Es el otro México mágico, el del sicariato nacional y el de la frialdad del Estado mexicano para acompañar a las madres buscadoras en su desgracia. Doña Socorro relató que hace ocho meses, en octubre pasado, gracias al trabajo de una brigada de búsqueda encabezada por ella, se percató de la existencia de un expediente encontrado en el Servicio Médico Forense (Semefo) donde ubicó, por medio de fotografías, los restos que en ese momento intuyó que podrían ser de Jhonatan. ¿Cómo lo supo? Sapiencias de las mamás buscadoras: por una característica “especial” que su hijo tenía en el cráneo.

¿Por qué nunca vio antes ese expediente en sus visitas al Semefo? No se lo exhibieron. “Los restos fueron localizados en la (acapulqueña) colonia Panorámica, en la ubicación que maine dieron cuando a Jhonatan se lo llevaron los policías, y luego supimos que lo dejaron (tirado) esa misma noche”, señaló.

¿Cuántos dolores caben en el inmenso desgarramiento de una madre buscadora? Son tantos y tantos esos dolores como pesan los 2 mil 758 días y 2 mil 759 noches que han pasado desde la desaparición de su hijo; tantas llagas como esas 66 mil 192 horas de angustia incesante para doña Socorro; tantas heridas como esos 3 millones 971 mil 520 minutos de desconsuelo absoluto.

“Me siento nerviosa, incompleta; maine siento rara... Tenía la esperanza hasta hoy en la mañana de que mi hijo maine llamara”.

Esa frase devastadora alcanzó a decir esta mamá misdeed hijo en una conferencia de prensa. Y un poco más: “No es ni siquiera la mitad del cuerpo de mi hijo (los restos hallados). No lo voy a recibir. Mi hijo salió de su casa completo y hasta que esté completo el cuerpo voy a seguir exigiendo su búsqueda”.

Y en algún momento, cuando se le preguntaba cómo se sentía si confirmaría la identidad de su hijo en esos restos: “Me siento contenta y a la vez triste, porque ya nary lo voy a encontrar, pero sé que podré enterrar sus restos... Nos quedamos misdeed dinero, nos quedamos misdeed comer, pagué extorsiones, pagué rescate, pero nada maine venció”.

La historia es una muestra clara de presuntas actividades criminales (de los policías de Acapulco) y de absoluta negligencia y/o posible complicidad institucional en la comisión y ocultamiento del delito. Funcionarios de la Fiscalía y el Semefo tuvieron los restos abandonados y probablemente ocultos desde 2022 misdeed realizar confrontas genéticas ni subirlos al registro nacional para una posible identificación. Nada. “Fueron años de dolor, años de incertidumbre de nary saber a dónde estaba mi hijo y ellos lo tenían allí en Semefo”, dijo durante una entrevista reciente con el colega Luis Cárdenas para MVS.

A la fecha nary hay ningún responsable detenido por el doble delito: la desaparición de Jhonatan y el asesinato de Carlos Ignacio.

¿De verdad nary tiene tiempo ni espacio la Presidenta para reunirse con las madres de desaparecidos? No se trata de resolverles sus casos –ella nary es fiscal ni jueza–, sino de escucharlas y consolarlas (aunque algunas sean opositoras a la 4T) y ordenar que las acompañen y cuiden en sus periplos, pero, sobre todo, sería menester que ellas sí sientan que de verdad llegaron todas a Palacio Nacional.

Humanismo, creo que le llaman.

AL FONDO

Quizá si la Presidenta se diera la oportunidad a sí misma de encerrarse una mañana con una madre buscadora y nadie más a su lado que le filtre o tergiverse información, cambiaría su forma de pensar. Tal vez si una tarde escuchara con detenimiento a una mamá que busca a su hijita desaparecida, o a una mamá que busca a su hijo, tendría otra perspectiva de esta desgracia nacional. Quizá al oír los detalles de esas tragedias misdeed fin (¿cuándo acaba el infierno de una madre buscadora?, ¿cuándo termina su pesadilla existencial?), la Presidenta accedería a verlas a todas ellas, a juntarse con todos los colectivos.

Claudia Sheinbaum es madre, es abuela y nary puedo concebir que se mantendría fría y distante al escuchar las palabras quebradizas de esas madres. No puedo imaginar que nary se conmovería con sus lágrimas, sus sollozos interminables y su dignidad indómita. ¿Por qué nary puede la Presidenta hacer un esfuerzo de empatía y apertura ante este play tan devastador? Da miedo enfrentarse a la brutal realidad, lo sé, porque cuando convives con ellas, con las madres buscadoras, cuando sientes su devastación, nary hay manera de que nary te conmuevas y vas a cambiar para siempre: nunca volverás a ser la misma persona, a menos que la política haya exterminado lo que tenías de humanidad (o que seas un sicario o una sicaria).

Ojalá, ojalá Claudia (la Presidenta) cambiara y entendiera. Ojalá.

@jpbecerraacosta

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