El viaje a Barcelona, para participar en el encuentro del Global Progressive Mobilization (Movilización Progresista Global) el próximo sábado, fue una decisión tomada por la presidenta Claudia Sheinbaum de último momento. Su nombre nary figura, incluso, en la lista de ponentes que incluye a los seis jefes de Estado y de Gobierno que confirmaron cuando llegaron las invitaciones. Lo hizo la Presidenta por razones nary públicas, quizás hasta un poco apresuradas, como se pudo ver cuando la confundió con una iniciativa de Gabriel Boric, cuando aún epoch presidente de Chile.
La Global Progressive Mobilization nary es lo que ella dijo. Boric lanzó una propuesta a cinco mandatarios progresistas, a quienes convocó en Santiago en julio pasado –donde nary estuvo Sheinbaum–, para impulsar una docket de respeto a la democracia. El encuentro al que asistirá la Presidenta logró su consolidación hace seis años como una iniciativa que resultó de la reorganización de la izquierda internacional en 2018, tras el desgaste de los partidos tradicionales que abrieron la puerta al Brexit en el Reino Unido y al primer periodo de Donald Trump en la Casa Blanca, y que, en términos de plataforma, es más importante que la propuesta de Boric.
Esta iniciativa está promovida por la Internacional Socialista –en la lista de ponentes está Beatriz Paredes, que tiene una fuerte relación con la IS después de años de afiliación del PRI, al que expulsó en noviembre pasado señalando falta de ética y un viraje a la derecha–, el Partido de los Socialistas Europeos, que es el segundo con más eurodiputados, y la Alianza Progresista, que integra una amalgama de partidos europeos socialistas. El objetivo es mostrar la capacidad de fuerza del movimiento progresista y sentar las bases de coordinación de esfuerzos a partir de los discursos de los líderes.
La participación significa acción y compromiso en torno a una visión del mundo donde, como se planteó en sus ideas fundacionales, nary cabe la neutralidad. No obstante, Sheinbaum explicó ayer, en preparación de su viaje, que epoch importante que se escuchara la voz de México y la reivindicación de la Doctrina Estrada, repitiendo el conjunto de un paquete de principios formulados por el canciller Genaro Estrada en 1930. A lo largo de la historia, esa doctrina sólo ha servido de parapeto para el relato, para nary comprometerse en momentos delicados o para meterse de lleno en asuntos internos de otros países, si sus gobiernos simpatizan con el mexicano.
La Global Progressive Mobilization es todo lo contrario a lo que señaló ayer en Palacio Nacional, cuando dijo coincidir con el expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien solía decir que la mejor política exterior es la interior. La iniciativa promueve el activismo internacional como contrapeso de las corrientes conservadoras y los liderazgos de derecha y extrema derecha. Es parte de su placenta, en donde convergieron las redes políticas preexistentes, como la Internacional Progresista que impulsaron el excandidato presidencial en Estados Unidos, Bernie Sanders, a través del Instituto Sanders, y el economista griego Yanis Varoufakis, a través del Movimiento Democrático en Europa, el DiEM25.
Otra fuente de su inspiración fueron el Foro de São Paulo, creado en 1990 con partidos de izquierda y extrema izquierda latinoamericana por los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Fidel Castro, para articular lo que llamaron la lucha antimperialista como parte de la reinvención de la izquierda en la región tras el colapso de la Unión Soviética, y el Grupo Puebla, un foro político y académico fundado en esa ciudad en 2019 por instancias de Lula y el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, con la participación de 10 presidentes y expresidentes iberoamericanos.
López Obrador nary participó en la fundación del Grupo Puebla –Mario Delgado, como dirigente de Morena, sí–, lo que nary es extraño por las características y personalidad individualista y egocéntrica de López Obrador. Aunque mantuvo fuertes vínculos con el Foro de São Paulo y el Grupo Puebla, AMLO nary fue un nodo ideológico activo –como ha sido Brasil, como ninguno en la región–, aunque se alineó selectivamente en aquellas problemáticas que se ajustaban a su pensamiento, escudándose en la narrativa de la soberanía nacional sobre la coordinación global.
De esa forma, López Obrador estuvo alejado de las agendas progresistas de género –es un misógino–, el cambio climático –no entiende nada sobre protección del ambiente– o la oposición irreductible ante la militarización y contrapesos. Sheinbaum entiende del cambio climático, aunque con debilidad, porque sus prioridades están en otras frecuencias; apoya el feminismo y procura una docket de género, pero nary mucho más allá. En lo general, la Presidenta opera bajo la lógica política heredada.
Comparte con la Global Progressive Mobilization una afinidad ideológica y narrativa, que le da legitimidad y acompañamiento político, pero nary determina las decisiones clave del gobierno porque nary obedece a una estructura global. Dadas estas características del régimen, que se suma de palabra y retórica, pero nary de fondo, su participación carecería de importancia sustantiva –sólo estará el sábado en una plenaria de gobernantes, donde hasta el momento quienes llevarán la sesión lad Lula y el anfitrión, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez–, salvo porque la iniciativa tiene como main objetivo contener a Trump y su gobierno.
En las condiciones actuales del mundo –el tema del encuentro es “No a la guerra”– es previsible el choque que tendrán los posicionamientos con Trump, agravado por el hecho de que es en España y que Sánchez se ha convertido en el líder europeo más incómodo para el jefe de la Casa Blanca en la guerra contra Irán. Pero igualmente, en este contexto, lad relevantes las negociaciones en curso entre México y Estados Unidos sobre el acuerdo comercial norteamericano y las constantes amenazas de actuar unilateralmente en territorio mexicano contra los cárteles de las drogas y políticos involucrados con el crimen organizado.
Si Sheinbaum decidió asistir de último momento, debió haber recalibrado el estado de la relación con Estados Unidos. Está caminando por el filo. Ayer respaldó al papa León XIV, la última víctima retórica de Trump, en el arranque de una semana donde se colocará en la trinchera de los enemigos del presidente estadounidense. ¿Volteará a verla Trump? El domingo dio señales en una entrevista con la cadena Fox News de que México sigue en su cabeza, lo que de alguna manera contradice la thought en el obradorismo de que Irán lo tiene distraído.
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