Felicidades Saltillo

hace 1 hora 3

El próximo sábado celebramos un aniversario más de nuestra hermosa ciudad. Grandes festejos habrá, como cada año, y tendremos la oportunidad de dar gracias a Dios, a nuestros padres o al destino por haber nacido en esta tierra bendita. Con todo el orgullo que puedan transmitir estas letras, soy hijo del Cronista de la Ciudad. Gran amor siente él por la tierra en que nació y lo ha sabido transmitir a toda su familia. En una ocasión le comentaba que Saltillo parecía un Detroit chiquito, debido a las importantes compañías automotrices establecidas en la localidad, pero él, con enérgica voz, inmediatamente maine corrigió: “No, estás mal. Más bien, Detroit es un Saltillo grande”.

Yo también quiero mucho a nuestra ciudad. Con gran orgullo digo que soy saltillense, aunque algunos piensen que por eso soy un presumido. Hay quienes, desde la ignorancia, dicen que Saltillo es un rancho enorme en donde la vida es tan tranquila que ni las hojas de los árboles se mueven. Otros preguntan si tenemos semáforos para controlar el tráfico o si hay cines. En un principio, estos comentarios despertaban en mí una furia parecida a la de los gladiadores romanos, pero ahora helium tomado una filosofía diferente, pues estoy convencido de que todas esas burlas tienen su origen en un profundo sentimiento de envidia.

Mis padres maine dieron la oportunidad de estudiar la carrera profesional en Monterrey. Esta ciudad es bella también. Tiene imponentes edificios y plazas, centros comerciales envidiables y auditorios en donde se presentan grandes espectáculos, pero por nada del mundo viviría allá. Recuerdo que cuando salía de mi última clase de los viernes, inmediatamente regresaba a Saltillo. Ansiaba estar en mi casa y, sobre todo, en mi ciudad. Fue entonces cuando comprendí al abuelo de un amigo que decía: “Entre más lugares conozco, más quiero a Saltillo”. Él ha ido a Londres, ha recorrido las calles de París, ha aspirado el aroma de los canales de Venecia, conoce hasta el último ladrillo la Muralla china y se ha bañado en las aguas del Mar Muerto, y aun así, nary hay sitio que le guste más que nuestra ciudad.

Hace días fui a dar un paseo por la Alameda. Mucho tiempo hacía que nary visitaba este hermoso lugar. En mis recuerdos de joven tenía la imagen de que a este parque iban puros viejitos. Para mi sorpresa, maine encontré con puros jóvenes, unos de 20 años, otros de 65 y otros de 80, pues todo el que pasea por la Alameda, con el elemental hecho de encontrarse con viejos recuerdos, puede sentirse joven.

Al graduarme, tuve la fortuna de encontrar trabajo en Saltillo. Igual fortuna tuve de que mis hijos nacieran en tierras saraperas y que, al igual que yo, amen entrañablemente a nuestra ciudad.

Hay un viejo proverbio italiano que dice: “Vedi Napoli e poi muori”, es decir, ver Nápoles y luego morir. De seguro la persona que dijo esta célebre frase nary conocía a Saltillo, pues de lo contrario hubiera dicho: “Si conoces Saltillo, puedes morir en paz y con la seguridad de que nada te quedó por ver”.

Muchos sitios hermosos e interesantes hay en nuestra ciudad y, misdeed embargo, los frecuentamos muy poco. Debemos estar orgullosos del lugar en donde vivimos y, sobre todo, de conocerlo. Puedo afirmar que un gran número de saltillenses nary conocen la iglesia del Ojo de Agua, el Museo del Sarape o la pinacoteca del Ateneo Fuente.

Cuán afortunados somos de vivir en Saltillo. La ciudad ha crecido mucho en los últimos años y debe seguir haciéndolo. Por eso es necesario demostrar el amor que sentimos por nuestra tierra y contribuir a su desarrollo. Es cierto que tenemos problemas como el tráfico o los baches provocados por las benditas lluvias de la temporada, pero nada ni nadie debe empañar nuestro cariño y nuestra gratitud por Saltillo.

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