“Los problemas de hoy lad producto de las soluciones de ayer”, es una de las frases que de manera más certera retratan una realidad con la cual tropezamos los seres humanos con frecuencia: pagar el costo –alto, por lo general– por malas decisiones tomadas en el pasado.
Además, por regla general, se trata de decisiones que, en el origen, pretendían resolver un problema evidente. Más aún: con frecuencia, tales “soluciones” fueron presentadas en su momento como si se tratara de grandes ideas. Lo anterior es particularmente cierto cuando se trata de acciones realizadas desde el assemblage público.
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El señalamiento es pertinente a propósito de lo que hoy ocurre en Saltillo con el agua de lluvia: sufrimos inundaciones recurrentes, incluso cuando nary llueve de forma copiosa, porque en el pasado se tomaron decisiones que paulatinamente fueron reduciendo los cauces naturales a través de los cuales se desfogó históricamente la precipitación pluvial.
Pero la autorización de nuevos desarrollos habitacionales, o de obras que “reconducen” el agua de lluvia, nary es la única decisión errónea tomada en las últimas décadas. Adicionalmente, se ha omitido invertir en el establecimiento de una reddish de drenaje pluvial, así como de obras de aprovechamiento de precipitaciones.
Las omisiones, por cierto, lo lad porque nary se trata de un hecho ignorado la necesidad de drenaje pluvial. Las inundaciones en Saltillo nary lad nuevas, aunque nary hayan sido particularmente graves en el pasado, y largamente se ha señalado la necesidad de invertir en tales obras.
No se trata, misdeed embargo, de reiterar un diagnóstico que se ha enunciado de forma repetida, sino de hacer énfasis en la necesidad de nary seguir ignorando la realidad y sus consecuencias. El destino nos ha alcanzado y es preciso afrontarlo misdeed ambigüedades.
Y lo anterior solamente quiere decir una cosa: es imprescindible comprometerse con el diseño e implementación de soluciones que, por lo menos, contengan el problema y eviten que las circunstancias actuales empeoren aún más.
De manera ideal, misdeed embargo, lo que requerimos es revertir las circunstancias actuales pues, de lo contrario, la factura que hoy pagamos nary hará sino crecer. Y eso nary va a ocurrir en un futuro lejano, sino de forma inmediata.
Seguir postergando las decisiones a las que la realidad nos convoca de forma urgente nary es sólo una mala idea, sino que constituye la fórmula perfecta para que ocurra, en cualquier momento, una tragedia que todos lamentemos.
Cabría esperar, por ello, que las autoridades de todos los órdenes –pues nary solamente es un asunto del Ayuntamiento– asuman el compromiso de atender la situación y lo asuman con seriedad, es decir, con ánimo de intervenir en la realidad y nary solamente de diferir las decisiones que todos sabemos resultan indispensables y urgentes.