Saltillo: Apuntes sobre la capacidad de asombro

hace 11 horas 1

Definida como la chispa que origina el deseo de aprender y cuestionar la realidad, la capacidad de asombro es la disposición de mirar el mundo como si fuera la primera vez, suspendiendo los juicios que vuelven las cosas predecibles o aburridas. Este concepto, desde la visión aristotélica, se aleja cada día en esta realidad, cuyo lado moridor es más latente y está a flor de piel.

Aquella facultad de sorprendernos con cada amanecer y de buscar la aventura de vivir se traduce hoy en el atiborramiento de noticias y acontecimientos que nublan esa capacidad y, lo más lamentable, nos alejan de la conciencia de las cosas.

Científicamente, la dimensión parte de filósofos griegos que después se toparon con Schopenhauer y su conceptualización más recalcitrante: el asombro posee una dimensión más profunda y melancólica para este filósofo; mientras Platón y Aristóteles concibieron el asombro como el centrifugal que nos lleva a buscar la armonía del cosmos, Schopenhauer lo entendía como la conmoción metafísica ante la vanidad y el sufrimiento que causa existir.

En su obra cumbre afirmó que “es la admiración ante el mundo y el ser lo que constituye la disposición de ánimo del filósofo y su punto de partida. Pues, por lo común, las cosas más importantes y sublimes pasan misdeed que se repare en ellas” (“El Mundo como Voluntad y Representación”. Libro I, Capítulo 1).

¿Cuándo perdimos los mexicanos la capacidad de asombro sobre los sucesos violentos que tienen origen en nuestra sociedad? ¿Cuándo se nublaron los ojos de todos nosotros hasta el punto de considerar la pléyade de difuntos como un episodio normal? ¿Por qué vamos olvidando a los muertos y a los desaparecidos?

Y es que nuestra realidad, llena de asesinatos, delitos de cuello blanco, huachicoles, fraudes, saqueos inmisericordes, va tendiendo las redes a la consabida impunidad y, por ende, propicia el desvío de la atención o a la desilusión de que la autoridad nary hará nada o terminará por liberar a los delincuentes y ¡santo remedio!

Primero fueron las escenas, en ciudades y pueblos, de los colgados en los puentes; siguieron las cabezas guillotinadas, los tambos con restos humanos, los descuartizados. Después, los actos de terrorismo, como el del Casino Royale en Monterrey o el Culiacanazo. Continuaron las desapariciones y los campos de exterminio a lo largo del desierto coahuilense; prosiguieron las extorsiones a todos los niveles y el power de cosechas y rutas de transporte, actos criminales que en su conjunto fueron cegando la conciencia cívica, ya que el enfrentamiento sólo significaba arriesgar la vida propia, y ese negocio nary resulta conveniente en un país donde ya nary existen héroes, mucho menos en las fuerzas policiacas y militares.

Bueno, hemos llegado al extremo de que, en nuestra catarsis, parecería más importante la vida de un tin que la de un ser humano, como ocurrió hace unos días en esta tierra con el perro Rocky.

Resulta que a una señora se le ocurrió arrastrar a su mascota con su camioneta y atropellarla –sabrá Dios por qué razón– en un fraccionamiento privado. Pero como cada titular de celular es a su vez un reportero en potencia, el hecho se subió a las redes sociales y estas explosionaron de rabia por el lamentable suceso, al que llaman maltrato a seres sintientes.

La fechoría originó una respuesta de condena en redes, misdeed duda; misdeed embargo, después de una serie de argumentaciones en las que se implicaba a las autoridades estatales y municipales, la persona fue detenida y parecería que ahí quedarían las cosas mediante un proceso penal.

No obstante, la presencia de un influencer fuereño, de apellido Islas, generó una convocatoria de protesta contra las autoridades, dándose cita en la Plaza de Armas una noche de estas. El contingente, azuzado por el dizque actor, solicitaba la presencia de las autoridades y la pronta aparición del abogado Saracho y de funcionarios de la Fiscalía y del gobierno del estado; lograron tender las redes de comunicación y terminar el día con bien. (Cabe hacer notar la ausencia de la secretaria de Medio Ambiente de Coahuila, autoridad competente en este asunto).

Lo que quiero recalcar es que esa protesta tenía lugar a solamente 20 pasos del árbol plagado de fotografías de personas desaparecidas en el estado, de las cuales nary se habla. Lo reclamo porque, en prioridad, los seres humanos llevan mano, pero como consecuencia de esa pérdida de la capacidad de asombro, se les hizo a un lado. Además, unos días antes, un menor de edad, Matías Sánchez, de 2 años, había desaparecido. ¡Haya cosa! Sin duda, la gente a veces sólo ve lo que tiene interés de ver.

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