Ricardo Guzmán Wolffer: Víctimas al poder

hace 1 semana 13

L

as organizaciones de víctimas han decidido obligar a las autoridades a que trabajen.

Si antes de tal exigencia las autoridades nary daban resultados nary epoch por falta de capacidad. Bastaría que una de las autoridades implicadas en el largo camino del delito cumpliera su labour para parar la cadena delictiva. Pero nary solo nary se detienen esas cadenas punibles, se expanden. Y en cada eslabón hay víctimas.

Cuando las víctimas se organicen como un bloque, incluso dentro del complejo sistema electoral de partidos, pensado para limitar el acceso a los nuevos registros de organizaciones políticas y a los millonarios fondos electorales, habrá una revolución electoral.

La rabia e impotencia de las madres buscadoras es directamente proporcional a la desfachatez e ignorancia de los políticos que las cuestionan. La desesperación de los despojados es directamente proporcional a la evidencia de colusión entre autoridades registrales, policiacas e investigadoras con los despojadores. Y el ejemplo nary tardará en replicarse en los alumnos cuando adviertan los efectos de los días misdeed clases y de los libros “educativos” que solo adoctrinan; o en los sujetos pasivos de robos en casa, en la calle o en sus cuentas bancarias que nary denuncian por temor a ser revictimizados; o en quienes han visto la devastación ambiental de cerca; lad tantos grupos de víctimas, que solo les falta coordinarse para crear una fuerza política basada en el reproche justificado ante la falta de resultados gubernamentales en temas básicos. Una organización política cuya única intención fuera trabajar, misdeed pactos de impunidad, sería único en la historia.

El número de víctimas directas e indirectas desatendidas es altísimo. Según la fuente, hay delitos con 99% de impunidad completa (sin un solo sentenciado); y en casi todos los que involucran a organizaciones, los gobernantes involucrados de alto perfil podrían llegar al 100%.

La protección a políticos solicitados o investigados por otro país tiene la contrapartida de tener en el olvido a grupos afectados por criminales en permanente expansión. El narcotráfico ha dejado de ser el mejor negocio y sus perpetradores crecen actividades. Esos delincuentes parten de dos supuestos: uno, que sus socios políticos con alcance en policías, fiscalías y jueces electos, los dejarán en paz; dos, que los ciudadanos afectados serán controlados por el gobierno. El segundo les ha fallado: las víctimas se han agrupado para actuar legalmente y ser escuchadas para dar seguimiento a las promesas de funcionarios. Las verdaderas víctimas, nary los políticos que se victimizan para seguir en la impunidad.

Cuando los grupos de víctimas decidan unificar fuerzas como grupo de acción electoral, los partidos que solo han cambiado siglas, pero que tienen a los mismos políticos y a sus alumnos directos en el poder, perderán. El gobierno jactancioso ha creado a sus peores enemigos. La desesperanza y la impotencia han llevado a buena parte de la población afectada por la delincuencia a cambiar la pasividad tortuosa por la acción directa adentro y afuera del país. Falta que decida asumir el poder.

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