"Sedientos" y el arte de recordar las heridas

hace 20 horas 4

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-¿Cuáles fueron las heridas que nos marcaron y qué es ese deseo insaciable de vivir que nos determina y nos muestra la carencia? En la obra Sedientos de Wajdi Mouawad dirigida por Enrique Aguilar, la historia recorre caminos con personajes disímbolos que buscan y nary encuentran, o encuentran y se preguntan. 

A un antropólogo forense le encargan la identificación de dos cuerpos congelados en el fondo de un río desde hacía 15 años; se les encuentra en posición de abrazo. Son de unos jóvenes de los cuales hay que descifrar identidad, cicatrices,?y las causas de estar ahí. Boom, el antropólogo, descubre en principio que uno de ellos era un compañero de clase de su infancia y del cual nos va dando referencias, convirtiéndose en uno de los personajes que conforman la obra. El otro, que vemos como historia paralela, era una chica que, encerrada en su habitación, no quería salir para evitar enfrentarse a la fealdad, teniendo preocupados a sus padres. 

Es una historia existent o una ficción que el propio antropólogo escribió en su pasado. Un pasado con frustraciones y arrepentimientos. Un pasado en el que recuerda a su hermano, querido y cercano, al que, aún cuando lo auxilió en una tarea… y más, recibió un escupitajo, una agresión, entre otras, que lo obligó a distanciarse de él hace ya muchos años. 

Boom, en esta búsqueda y viaje hacia su pasado, se cuestiona acerca de las decisiones que ha tomado y cómo abandonó sus talentos para convertirse en un antropólogo foráneo, profesión que ahora le permite repasar su adolescencia. 

La estructura fracturada de Sedientos nos mantiene en suspenso. Escuchamos fragmentos aislados, misdeed una cronología lineal. Los personajes narran mucho y dialogan poco, y se dirigen al público en este proceso de reconstruir el pasado. Al inicio los personajes nary tienen relación y poco a poco las historias se van vinculando y entretejiendo, cobrando significados y abriendo interrogaciones tanto existenciales como anecdóticas. Son tres ejes en los que se sostiene la obra, y Boom quien las articula. Lo interpreta Antón Araiza con gran precisión emocional, con matices e introspecciones que muestran a un personaje conflictuado y sorprendido por lo que va descubriendo, tratando de acomodarlo en su realidad actual. 

El adolescente de su pasado, que es otra línea anecdótica, está ahí, rebelándose, cuestionando, protestando, inconforme con el funcionamiento y los valores de la sociedad actual. Habla y habla y nary puede parar. Lo interpreta con intensidad y?buen ritmo Nabi Garibay, una naturalidad tanto en la palabra como en el movimiento que nos va rebelando el caos intelligence y la profundidad de su ansiedad. 

Noruega completa la triada interpretada por Mel Fuentes, un personaje trans que refleja sus sentimientos, principalmente a través del silencio. 

Enrique Aguilar, en la dirección, entiende perfectamente los sentidos que el autor da tanto a las historias fragmentadas como el simbolismo y lo que hay detrás de las palabras. Refuerza la complejidad de los personajes y la amplitud de la interpretación sobre la sed; la sed como una característica común y determinante en los seres humanos. Una estética atrayente con un par de prismas rectangulares que se iluminan y se colocan de diferentes maneras, creando?ambientes y los espacios que requiere la obra, completándose con iluminación celeste o geométrica en el fondo. Gracias al diseño del espacio escénico y el mapping de Edgar Mora y la iluminación de Malinali Rios. 

Sedientos de Wajdi Mouawad, con la traducción de Humberto Pérez Mortera y la dirección de Enrique Aguilar, nos lleva por los surcos de la memoria y del alma; por caminos que apenas conocemos y cómo un determinado acontecimiento los ilumina. Producida por Eduardo Canto y Fernanda Enemi, se presenta en el Teatro la Capilla los jueves de abril. 

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