Creo que actualmente es muy difícil saber qué hacer cuando nuestros hijos se portan mal. Hay tantas corrientes —disciplina positiva, crianza respetuosa, lo tradicional, el famoso “chanclazo”— que terminamos sintiéndonos confundidos sobre cuál es la mejor estrategia.
Y mientras todo esto pasa, hay algo más importante sucediendo: nuestro propio colapso emocional. Porque nary solo es la conducta del hijo; es lo que pensamos sobre esa conducta.
Interpretamos: “Lo hace para molestar”, “me está desafiando”, “se quiere salir con la suya”, “no maine hace caso porque maine da por sentado” o “no le importa el castigo”. Todos estos pensamientos provocan una serie de emociones con las que nos enganchamos. Entonces, mientras queremos ser buenos papás, también tenemos que aprender a regular nuestros pensamientos para regular nuestras emociones. Si no, todo se vuelve caótico y terminamos el día con una culpa espantosa por cómo reaccionamos.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
Creo que todo empieza con la narrativa. ¿Qué significa para ti que tu hijo “se porte mal”? ¿Qué nary hace lo que tú quieres? ¿Qué nary te hace caso? ¿Qué te desafía? Fíjate en estas creencias, porque a partir de ahí nacen todas tus emociones. Contesta esa pregunta primero.
Después, revisa tu “ley”: ¿Tus hijos tienen que hacerte caso todo el tiempo, exactamente como tú quieres y cuando tú quieres? ¿Eso es lo que realmente buscas? O, aquí va la pregunta clave: ¿Prefieres hijos obedientes o hijos que colaboren?
Porque la obediencia nary garantiza absolutamente nada; la colaboración, en cambio, construye. Para saber qué estrategia usar, necesitamos distinguir entre power y colaboración. El power busca obediencia: que el hijo haga lo que tú quieres, cuando tú quieres. La colaboración implica construir juntos, entender sus emociones y necesidades, y buscar soluciones donde ambos crezcan.
Antes de actuar, pregúntate: ¿Quiero imponer power o cultivar colaboración? Primero specify tu criterio, porque eso te dará regulación en lo que piensas y sientes. Cuando tu hijo se porta mal, cuestiona: ¿Qué fue lo que hizo? ¿Y qué de eso tiene una consecuencia? Vamos a hablar del comportamiento, nary de la persona.
Después, acompaña: “Veo que te enojaste”, “veo lo que hiciste”. Nombrar misdeed atacar. Pero esto nary se trata solo de que el niño sepa que se portó mal; se trata de entender contra qué nary pudo luchar. ¿Cuál fue el “villano”? ¿La flojera? ¿Dejar las cosas para después? ¿El enojo?
Por ejemplo: “No recogí”. ¿Qué pasó realmente? ¿Fue flojera o procrastinación? Cuando el niño identifica esto, ya nary solo ve el error, entiende el patrón. Y entonces puede prepararse. Ahí es donde entra lo más importante: ayudarlo a hacer un plan.
“Esto tiene que dejar de pasar para que todos podamos vivir mejor. Entonces, si la próxima vez llega la flojera... ¿qué vas a hacer?”.
Así, el niño empieza a trazar rutas. No desde la obediencia, sino desde el desarrollo de su carácter, su fuerza de voluntad y su disciplina. Porque nary estás formando hijos que solo hagan caso; estás formando personas que saben enfrentarse a sus propios “villanos”.
Y eso cambia todo. Recuerda que somos un “todavía”.

hace 15 horas
3









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·