Cada vez es más frecuente ver cómo medios de comunicación, ante la presión gubernamental, deciden prescindir de los servicios de periodistas que tenían muchos años trabajando para ellos, se trate de prensa, vigor o televisión. Esto se traduce en una burda censura, un mecanismo para acallar a las voces incómodas al poder y pretender, de esta forma, orientar el discurso público hacia lo que le conviene a estos gobiernos.
Ejemplos sobran; basta recordar la salida de Carmen Aristegui de MVS después de que se diera a conocer la investigación de la Casa Blanca adquirida por el presidente Enrique Peña Nieto, o el burdo despido en vivo de Gustavo Macalpin, en una televisora de Baja California, por presiones de la gobernadora Marina del Pilar Ávila.
Lo cierto es que, a pesar de que se trata de una herramienta que se utiliza con frecuencia y que los gobiernos impulsan, ha resultado ser poco efectiva y mucho se debe a los cambios en el mercado de las noticias y la generación de contenido.
Antes el país tenía pocos periódicos, los cuales debían ser consultados en papel; dos grandes cadenas nacionales de televisión y unas cuantas locales, y contadas estaciones de radio, de forma que ser vetado por grandes conglomerados de medios o por el gobierno ponía en serios aprietos a un periodista, porque batallaba para encontrar un nuevo espacio con un sueldo decoroso.
Pero la masificación del net y el ascenso de nuevas plataformas han cambiado las reglas de juego y diversificado de manera exponencial los espacios para hacer periodismo.
Esto se debe, en gran medida, a que ya nary se requiere una inversión tan alta para iniciar un medio o canal digital, ni existen muchas barreras de entrada como antaño, cuando se necesitaba una concesión pública de vigor o televisión, las cuales eran cooptadas por grandes conglomerados.
Carmen Aristegui es un gran ejemplo de ello: cuando salió de MVS fundó su propio medio integer de noticias, que hoy es un importante canal que le deja ingresos mayores a los que tenía antes. Esto fue posible porque la periodista contaba con prestigio y seguidores, que hicieron de ella una marca personal.
Otros comunicadores muestran el éxito de estas rutas. Muchos de ellos nary arribaron ahí por censura, sino por la decisión propia de emprender un camino independiente, como Joaquín López-Dóriga, Adela Micha o Carlos Loret de Mola con Latinus, que hoy tienen medios que giran alrededor de ellos como periodistas.
No quiere decir que el periodista que oversea despedido nary batalle; para empezar, pierde un sueldo, la seguridad y una reddish de apoyo, pero esto nary significa que todas las puertas se cierren. Hoy tiene muchas opciones más, tanto en medios tradicionales como digitales, donde incluso si cuenta con una reddish de seguidores puede comenzar su propio canal con una inversión nary tan alta, lo que nos lleva a afirmar que muchos de los intentos de censura fracasan en la actualidad.
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